Al menos lo intentaré.

Es mi vida
y quiero vivirla.
Es mi sueño
y quiero soñarlo.
Es mi camino
y quiero caminarlo.
No quiero otras vidas,
lejanas, furtivas.
No deseo otros sueños,
extraños, furiosos.
No quiero otros caminos,
duros y pedregosos.
Por lo mío lucharé,
tal vez triunfe,
tal vez fracase.
Poco importa
el resultado,
pero al menos
lo intentaré. Miguel Navarro







Una triste noticia.

Hoy he recibido la triste noticia. Era un SMS, un mensaje plagado de faltas de ortografía, pero eso no le salvaba de la gravedad. Su contenido no alterará los mercados bursátiles, ni modificará la trayectoria política del país, ni siquiera saldrá publicado en los ecos de suciedad, perdón, sociedad. Pasará desapercibido para la inmensa mayoría de los españoles. Por desgracia lo que ha ocurrido no es una novedad y, lamentablemente, no será el último caso. Algunos con final más desdichado.
                Era, mejor dicho, sigue siendo un hombre algo nervioso que puede tener muchos defectos y alguna virtud, pero sobre todo es un hombre honrado, de los que van de frente, de los que no saben de dobleces ni falsedades. Le conozco desde hace muchos años y quizás su defecto era que no estudió, jamás tuvo la mente preparada para esas lides, que desde pequeño solo ha sabido trabajar, deslomarse en un taller de mármoles, sin pararse a leer, ni hablar, ni discutir, ni estudiar. Eso era lo único que deseaba, seguir trabajando hasta que un buen día el jefe le anunció el cierre de la empresa. Ya sabes querido amigo: ese rollo de la crisis, de que no hay trabajo, no se vende, los bancos ya no ceden.
                Este amigo siguió adelante tal vez con esperanzas vacuas, tal vez con ideas trasnochadas que no han sabido adaptarse al fluir de los tiempos o puede que intentando ocultar sus más negros temores. Hubiese podido conseguir algún pequeño privilegio cuando ganaron los que se decían los suyos, pero mi amigo no es así. Siempre cabezota, honesto con él mismo y con los demás, tan solo estaba empeñado en trabajar para sacar adelante su hogar, su mujer.
                Pero el tiempo pasaba y las cosas empeoraban. Su esposa también estaba en el paro. Me llegaron noticias de que le iban a cortar el suministro eléctrico. Tiene un gran corazón, demasiado grande para un mundo tan mezquino y cruel. Se sintió abatido, caído, derrumbado y, lo que es más grave, impotente para salir del pozo en el que se encontraba. Le fallaron los amigos, le abandonaron sus políticos, le vendió el sistema. Es un esclavo inútil que no sirve para nada. La tragedia griega se manifiesta en los pequeños detalles de la vida cotidiana. No la vemos pero aparece en el cuchillo, debajo de una servilleta, en un enchufe, en la vía del tren o en la soga anudada.
                Sus fuerzas le fallaron, la razón le abandonó, la tragedia se materializó. Dicen que es una depresión, una enfermedad nada más. Un par de pastillas y todo pasará. Era una soga improvisada, un collar que lucir. Saltó al vacío en el comedor de su casa. No contó con la presencia de su mujer. Gritos, alarma. Ahora se encuentra bajo tratamiento psiquiátrico, bajo la constante vigilancia de su esposa.
                Poco puedo hacer por ayudarte dada mi posición irrelevante y mi situación económica. Tan solo quiero lanzar dardos al cielo. Reconozco que al principio quería gritar, condenar a los autores materiales o intelectuales de tu situación. Pero eso ya ha pasado. De nada sirve a los humanos caer bajo su condición estúpida y nefasta. Pido a Dios por tu pronta recuperación, convencido que jamás llegarás a leer estas líneas, pero también convencido que la sangre de los justos clama al Creador y que para Él sus desgarrados gemidos no pasan desapercibidos. Dios mío, que buen vasallo si hubiera buen señor.
                Lo triste del caso radica en que esta situación va generalizándose. Esta vez le ha tocado a un amigo, a una persona directa en el alma. Mañana puede ser cualquier otro. Sin embargo doy gracias porque ha fallado, porque sigue vivo, porque permanece entre nosotros. A los demás puede que no les importe un número más en el censo electoral, para mí es un hombre tan digno como el rey, tan importante como la economía, tan elevado como su alma.
                De momento solo quiero su pronta recuperación. ¡Ánimo! Hay que salir adelante. Al final del camino aparecerá una estrella que abrirá nuevas sendas. Ya verás viejo amigo como todo esto se convierte en una pesadilla que pronto se olvidará. Ahora te pido que permanezcas despierto, con la mirada clara y la frente serena. Que no puedan contigo, todavía tenemos muchas batallas por pelear.

A ti viejo amigo,
dedico estos versos.
Escucha lo que te digo
Ni son buenos,
ni son viejos.
Solo quiero
que estés entre nosotros,
con la frente despejada,
con el corazón abierto,
vigilante y tenso,
fiel y honesto.
Un lucero sigue esperando
que alcances los sueños
perdidos, rechazados,
pero jamás olvidados,
de un mañana mejor
sin amos ni dueños,
con patria y honor,
fe y esperanza,
respeto y temor
a un Dios verdadero
libre de intereses
y banqueros.

A los que ganaron y a los que perdieron

A los que ganaron
mis felicitaciones,
a los que lloraron
mis condolencias.
A unos y otros
solo les digo
que en paz me dejen,
que no pido
que me salven,
ni sus medias verdades,
ni sus palabras mordaces.
Solo busco estrellas,
que en mi corazón
vayan creciendo,
con fuerza y pasión,
con cosas bellas
que devuelvan la ilusión.


Mi reino no es de este mundo.

Mi reino no es de este mundo, del mundo de la política corrupta, del integrismo religioso, de los grupos sociales excluyentes, de las tiranías económicas. Fueron claras las palabras y oscuras las traducciones que se hicieron, no solo en lenguas sino también en corazones. No voy a convencerte y me importa un rábano cuál sea tu credo o tendencia.
En la vida solo hay dos clases de hombres: los que miran de frente o los que de soslayo mienten. Los que miran de frente son sinceros, íntegros. Defenderán sus ideales pero no por ello harán leña del árbol caído, pues sus corazones son magnánimos y generosos. Convencen y no imponen.
Esos hombres no pertenecen a una casta determinada, pueden habitar en partidos de derecha o de izquierda, ser ateos o creyentes, transitar por el mundo de las finanzas o deslomarse en la mina más profunda. Entre ellos se reconocen y respetan, pues aunque viven entre personas que pueden no ser de su agrado, identifican, en la lejanía, la valía de su oponente.  Prestan y no exigen intereses, se enfrentan pero no odian, conquistan pero no odian, aman pero no dominan, unen y no desunen. Su verdadera riqueza se halla en las estrellas siendo el trabajo honesto su moneda de cambio. El esfuerzo conquista al verdadero trabajador.  
En cambio los otros son los que viven aupándose en los primeros puestos, quemando infieles como los puritanos protestantes en Salem, la Inquisición en la Europa Barroca, la Yihad Islámica en la actualidad o el sionismo judaizante en la Palestina sometida. Defienden su religión “verdadera” oprimiendo la espiritualidad del ser humano.
Por avaricia, engaño y dolo pagan sueldos miserables a gentes que necesitan para amontonar sus tesoros materiales.  Aprovechan sus trabajos y se cuelgan las medallas de las conquistas que otros alcanzaron.  Se enclaustran en grupos sociales excluyentes cuyo acceso está vedado a los que ganan el pan con el sudor de su frente. Frentes sufrientes en un mundo agonizante.
No, mi reino no es de este mundo de vencedores y vencidos, de miserables sin escrúpulos metidos en economías que justifican la esclavitud. Puedes elegir el bando que más te guste, nadie está exento de mezclar ambos caracteres, pero bien es cierto que uno de ellos marcará tu corazón. Elige de qué lado estás, a mí me reconocerás entre los desamparados, los que sufren, los trabajadores.
No sé de qué bando estoy mas sé dónde no estoy. Recuerdo aquello de que tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. Amigo, búscame entre ellos y quizás nos encontremos en el camino.


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Viéndolo así, Jesús dijo: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios! Sí, es más fácil que un camello pase por el oj...

– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)

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