Poema a San Luys Bertran


Poema que sor Romera, monja de Zaydia (Valencia), dedica en el año 1608 a la beatificación de San Luys Bertran.


Teneys una fe tan biva
bendito Luys Bertran,
que os sirve de cordial
para escapar con la vida
contra el veneno que os dan.
Si os miro, y quiero alabaros,
se me agotan los sentidos;
y si voy por mil caminos,
será imposible alcançaros,
y se me quedan rendidos.
Grande fe tuvo Abrahan,
mas vos la teneys tan biva,
que os sirve de cordial
para escapar con la vida
contra el veneno que os dan.
Pone tanta admiración
essa fe tan encendida;
la muerte quedó vencida,
y puestos en confusión
los que os quitavan la vida,
y assombrado el gran Satán,
y mi lengua torpe indigna,
os diré Luys Bertran
que la fe os es medicina
contra el veneno que os dan.
Muchos tiene la Escriptura
que en la fe resplandecieron,
y otros santos que vencieron,
como vos la muerte dura
quando el veneno les dieron.
Soys un segundo San Juan
con aquesta fe tan biva,
que os sirve de cordial
para escapar con la vida
contra el veneno que os dan.
La bevida es tan cruel,
quanto la fe biva y pura,
que fue convertido en miel
aquel vaso de amargura,
quando aquella gente fiel
os atosigó, Bertran,
pero aquesta fe tan biva
os sirve de cordial
para escapar con la vida
contra el veneno que os dan.
Con un semblante sereno
alargasteys essa mano,
para de la del tirano
beveros aquel veneno,
y el médico soberano
aplicó la medicina,
ordenando el cordial
que fue aquesta fe tan biva,
que os sirve de cordial
para escapar con la vida
contra el veneno que os dan.
En un mar de fe profundo
os quisisteis abismar,
sacrosanto singular,
pareceys otro Raymundo
quando se arrojó en el mar.
La fe que tuvo fue tal,
qual la teneys tan biva,
que os sirve de cordial
para escapar con la vida
contra el veneno que os dan.
A mi padre San Benito
también provaron matarle,
allá un clérigo maldito,
procurando emponçoñarle
como a vos santo bendito.
Puso veneno en un pan,
y embióselo en comida
para quitarlle la vida,
como vos Luys Bertran
símbolo de la fe viva.







“Poeta de la guerra es el que sufre de veras en la ciudad o en el campo, no el que se desgañita en un refugio seguro y cree en la eficacia de su gemido y su llanto resguardado” Juan Ramón Jiménez.

Sexo versus amor


Me alegra comprobar que los avances científicos, en este caso neuronales, confirman ideas que, por pertenecer a la esfera de lo teórico, eran susceptibles de discusión. En este caso se trata de un estudio llevado a cabo por la canadiense Concordia University, publicado en el Journal of Sexual Medicine, que ha establecido las relaciones entre las áreas cerebrales implicadas en el amor y el deseo sexual.
La dicotomía sexo/amor, tiene múltiples interpretaciones. Condena y represión del acto sexual, elevación del acto sexual a la categoría del amor absoluto, negación del amor a simples atracciones eróticas, identificación unitaria amor/sexo, etc. Pero ¿qué sucede cuando la enfermedad, o la vejez, o cualquier otra circunstancia apartan el deseo sexual de la vida cotidiana? ¿No queda amor?
Según el autor del estudio, Jim Pfaus, hasta ahora, “nadie había reunido estos aspectos para observar los patrones de activación (neuronal) que ponen en marcha los dos” (deseo sexual y amor). Pfaus analizó los resultados de 20 estudios independientes en los que se había examinado la actividad cerebral de sujetos implicados en tareas como visionar imágenes eróticas o mirar fotos de sus seres queridos. Mediante la combinación de todos estos datos, los investigadores fueron capaces de formar un mapa completo de los efectos del amor y del deseo en el cerebro.
Descubrieron así que dos estructuras cerebrales en particular, la ínsula y el cuerpo estriado, son las responsables del proceso que lleva del deseo sexual al amor. La ínsula es una parte de la corteza cerebral plegada profundamente en el interior de los lóbulos temporal y frontal, y el cuerpo estriado se encuentra en el cerebro anterior.
Encontramos aquí una relación neuronal definida donde la ubicación de las atracciones sexuales se centra en un área específica, la ínsula, mientras que el amor es, por decirlo de alguna forma, “otra cosa”, otro lugar ubicado en el cuerpo estriado. Por tanto una y otra cosa, en apariencia son independientes, sin embargo ambas se encuentran fuertemente vinculadas.
Según los científicos, el amor y el deseo sexual activan diferentes áreas del cuerpo estriado. La región relacionada con el deseo sexual se “enciende” normalmente cuando percibimos cosas que son inherentemente agradables, como el sexo o la comida. El área activada por el amor, por su parte, está implicada en un proceso de condicionamiento merced al cual damos un valor inherente a las cosas relacionadas con la recompensa o con el placer. ¿Cómo se relacionan ambas regiones? A medida que el deseo sexual se incrementa, se consolida, se aferra, esa información se transmite a un área distinta del cerebro que es el cuerpo estriado, donde se procesa de forma también diferente.
El área del cuerpo estriado relacionada con el sentimiento amoroso es la misma que ha sido relacionada con la adicción a las drogas. Pfaus explica que esto tiene sentido dado que “el amor es realmente un hábito que se puede formar a partir del deseo sexual, cuando este es satisfecho. Por tanto, el proceso sería similar al proceso de convertirse en adicto a las drogas”.
He aquí el secreto: el amor es adictivo. Sí, amigos míos, el amor es diferente al sexo y sumamente adictivo. Atrapa, arrebata al ser humano del plano de un mundo aséptico y falaz. No se trata de un hecho único y exclusivo de la atracción erótica, es una fuerza superior que revierte en todos los aspectos de la vida humana. ¿Puede haber amor sin sexo? Imagina el amor a la vida, al mar, a la literatura, el arte, la fuerza arrebatadora de una pasión desmedida hacia la ciencia, todos ellos son muestras del amor. Algo similar sucede con la idea de la religión y de Dios: mientras que la experiencia religiosa se procesa en una parte determinada del cerebro, la idea de Dios es “percibida” por todo el organismo biológico (no solo el cerebro).
Pero sigamos con el estudio que ha revelado, asimismo, que el amor activa diferentes vías neuronales relacionadas con otros aspectos del enamoramiento, como la monogamia o el vínculo característico de las relaciones de pareja. Por último, la investigación demostró que algunas áreas del cerebro son realmente menos activas cuando alguien está enamorado que cuando siente deseo sexual.
“Mientras que el deseo sexual tiene un objetivo específico, el amor es más abstracto y complejo, y depende menos de la presencia física de otra persona”, concluye Pfaus, que espera que, en adelante, “se hagan más estudios sobre la neurociencia social humana que puedan darnos más ideas sobre la ubicación del amor en el cerebro”.
                En definitiva, amor y sexo están relacionados, mas el amor es el rey de nuestra vida. El sexo pasará y el amor permanecerá. “Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que bronce que resuena o platillos que aturden. Aunque tuviera el don de profecía, penetrara todos los misterios, poseyera toda la ciencia y mi fe fuera tan grande como para cambiar de sitio las montañas, si no tengo amor, nada soy. Aunque repartiera en limosnas todos mis bienes y aunque me dejara quemar vivo, si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es mal educado ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, soporta sin límites. El amor no pasará jamás.” (Carta a los Corintios 12, 31 – 13, 8)

El barrio misterioso (Pemán)


EL BARRIO MISTERIOSO

Un misterio que se esconde,
una canción que se va...
Rumor de fuentes lejanas,
fugas de sombra en la cal;
enredo de calles hondas
sin principio ni final...

Todo el barrio es una niña,
con un beso a flor de labio
que no lo acaba de dar


José María Pemán

Decíamos ayer


Cuando las cosas salen mal suelo refugiarme en el muro de los sollozos o en el valle de las lamentaciones, o en el pretérito imperfecto de la memoria, tal vez lo haga porque en ese refugio busco el Aleph, esfera multidimensional en el que pasado y presente se conjugan bajo una única inexactitud. Busco mi origen en el fallo, el error cometido causante de mis penas, ese oscuro objeto de la maldad que pasa desapercibido en la sombra de mis errores.
Es inevitable que en la búsqueda del pasado las neuronas caigan sobre otros campos abandonados, prados cubiertos de hierbas infumables, como viejos recuerdos escolares cuando nos obligaban a conocer la historia, la literatura, en definitiva, algo de humanidad rancia, pero humanidad al fin y al cabo. Es en esos inevitables procesos depresivos cuando reparo en situaciones anómalas, como la de un viejo profesor que, después de haber pasado casi dos años de vacaciones pagadas por la Inquisición, ruego disculpen que omita la Santa, con dieta de pan y agua, esta vez que no se entere Rajoy quien consideraría un abuso semejantes comilonas, tal vez sea mejor medio mendrugo o medio vaso de agua, regresa ante sus alumnos y como prueba de sumisión declara “Dicebamus hesterna die…”, o lo que es lo mismo, “decíamos ayer…”
Como habrán podido comprobar el malandrín no era ni más ni menos que Fray Luis de León que, si él estaba bajo el punto de mira de los inquisidores, no quisiera saber en qué lugar pernoctaríamos la mayoría de los creyentes contemporáneos, aunque hoy semejantes personajes regidores del pensamiento único han salido de sus capullos mariposales para convertirse en esplendorosos bien pensantes de los partidos mayoritarios.  Como diría Hamlet: Si a los hombres se les hubiese de tratar según merecen, ¿quién escaparía de ser azotado (Hamlet 2 acto, escena X)
Pues bien, este hombre que fue juzgado por preferir el texto hebreo del Antiguo Testamento a la versión Vulgata (¡qué horror!) o que había traducido algunas partes como el Cantar de los Cantares (“¡un rey en esas trenzas está preso! ¡Qué bella eres, qué encantadora, oh amor, oh delicias! Tu talle se parece a la palmera, tus pechos, a los racimos. Me dije: Subiré a la palmera, recogeré sus frutos. ¡Sean tus pechos como racimos de uvas, el perfume de tu aliento como el de las manzanas, tu paladar como vino generoso!” Cantar de los Cantares capítulo 7 ver 7-10), regresó sin dar su brazo a torcer, se mantuvo en sus trece como don erre que erre (para los profanos Paco Martínez Soria).
                Qué bien conocía este hombre a sus discípulos, a esos españolitos grises que suelen campear entre trepas y venturosas ornamentas. Tal era su conocimiento de nuestros paisanos que se dice escribió la siguiente decima:

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
¡Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y, con pobre mesa y casa,
en el campo deleitoso,
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa,
ni envidiado, ni envidioso!

                Desde luego este hombre hizo méritos para que le persiguieran unos y otros, más no es delatarle nuestra intención. Decíamos ayer, y aquí viene el meollo de la cuestión, tantas cosas hermosas y maravillosas que ya no nos acordamos de lo que eran.
                Decíamos ayer que la justicia sería igual para todo el mundo y hoy en día la vemos desigual para unos y otros, que no es lo mismo ser quien eres para que tus juzgadores te condenen.
                Decíamos ayer que la sanidad sería gratuita y de calidad, sin diferenciar a nadie, y olvidaron mencionar los errores médicos, las tasas de copago, las industrias farmacéuticas en definitiva la falta de vocación hipocrática que no hipócrita.
                Decíamos ayer e insistíamos que el acceso gratuito la educación se generalizaría de una vez y para siempre, pero olvidaron contarnos que ya no se construían más universidades públicas, que era peligroso comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. No mencionaron que la LOGSE, LOE o la lo que sea, prefiere a un pueblo que sepa leer lo justo antes que aprenda a pensar.
                Decíamos ayer que España era independiente e inmortal y ahora la vemos agonizando entre la espada de Damocles europeísta y el nudo gordiano del sentimiento regionalista, hedonismo supino de los que se miran el ombligo, adoradores del becerro de la pequeña burguesía.
                Decíamos ayer que Dios estaría siempre presente en nuestras vidas y lo hemos relegado, mancillado y amancebado con deidades menores como una bolsa de monedas y la dulce seducción del poder, por cierto de unos pocos.
                Decíamos ayer que los sueños se podían alcanzar mas olvidaron mencionar el grosor de la billetera, el interesado préstamo hipotecario y la mezquindad de los nuevos hebreos, con perdón para los que de verdad lo son, que arruina hogares y vidas sacrificándolas a su máquina arruina personas.
                Decíamos ayer que la libertad se podía lograr y nos dejaron la libertad de pertenecer al paro con derecho a no cobrar, o ser olvidados en el libre albedrio de los silenciados, o caer bajo el peso de la ley por osar pisar terreno sagrado para los políticos (me permito recordar que entre las últimas modificaciones electorales se encuentra limitar el ejercicio de presentarse a las elecciones).
                Decíamos ayer cosas hermosas y maravillosas, me repito demasiado pero es bueno hacerlo en algunos temas, que hoy deberíamos recordar. Como el viejo navegante conocedor de las estelas marinas, de las estrellas guiadoras y de los sueños inalcanzables, deberíamos buscar de nuevo ese norte que hemos perdido en la noche de los tiempos.






El caso es andar (Cecilia)


Sana envidia es la que me producen aquellos juglares medievales que recorrían los caminos de España para cantar amores y desamores, nostalgias, venturas y desventuras, buenos vasallos si hubiera buenos señores, una misma tierra y un mismo pueblo.
Seguir por nuestras sendas aunque el camino sea estrecho y el polvo se pegue al cuerpo, sin alforjas ni equipajes, sin cambiar de criterios, sin dejarse llevar por las veletas de la política o la estupidez de los medios masificados de comunicación.
Andar sin rumbo fijo, sin un lugar donde ir, sin un lugar del que partir. No ser propietario de nada, no quitar nada a nadie, aun con tantos trepas que nos rodean aferrándose al palo mayor de un barco que se hunde. Quiero ser peregrino por los caminos de España como canta Cecilia, por cierto fallecida en accidente de tráfico durante la transición, gozando del paisaje y caminando en un nuevo horizonte.
                Que no se preocupen los poderosos, no tengo ni quiero tener poder contra ellos, por no ser no soy ni recuerdo, paso haciendo silencio y sueño con la frontera de la mar. Ser peregrino por los caminos de España soñando con un nuevo mañana. Ser creador de sueños sin amos ni dueños.

 Transcribo a continuación la canción de Cecila.


Aunque el camino sea estrecho,
y el polvo se pegue al cuerpo,
aunque los vientos me arrastren,
sigo mis sendas sin lastre.

Andar como un vagabundo,
sin rumbo fijo, sin meta,
a vueltas de veleta,
al soplo de viento al azar

Porque el caso es andar,
el caso es andar.



No me pertenece el paisaje,
voy sin equipaje por la noche larga.
Quiero ser peregrino
por los caminos de España
Quiero ser peregrino
por los caminos de España

No me propongo destino,
yo no quito puestos a nadie,
porque mi puesto es el aire,
como el olor del buen vino

Sabiendo que nunca es tarde,
mi pie siempre en el estribo,
y cada paso que piso,
un paso menos que dar,

Porque el caso es andar,
El caso es andar

No me pertenece el paisaje,
voy sin equipaje por la noche larga.
Quiero ser peregrino
por los caminos de España
Quiero ser peregrino
por los caminos de España

No dejo rastro ni huella
por no ser ni soy recuerdo.
Yo paso haciendo silencio
sin ser esclavo del tiempo,
por limite el horizonte
y por frontera la mar.
Por no tener ni tengo muerte,
yo no se lo que es llegar
pero el caso es andar
el caso es andar.

No me pertenece el paisaje,
voy sin equipaje por la noche larga.
Quiero ser peregrino
por los caminos de España
Quiero ser peregrino
por los caminos de España


Vídeo de la canción en:




http://www.youtube.com/watch?v=GQUTz2uv__o



Versos pésimos.


Construí lo que no debí construir,
soñé lo que no debí soñar,
amé lo que jamás debí amar.

Y por un instante fui feliz.
Y por un momento pude reír.

Quise construir un mundo mejor,
quise soñar de nuevo con Dios,
quise dar al hombre libertad.

Y mis palabras hechiceras
conjugaron verbos remotos,
engalanaron versos rotos
y pensaba que eran hermosos

Y por un instante fui feliz
Y por un momento pude reír.

Mas llegaron los editores
y con ellos distribuidores,
políticamente correctos,
literariamente perfectos,
quedándome sin argumentos
ante tan augustos censores
de palabras y sentimientos.

Y por un instante fui feliz.
Y por un momento pude reír.

Sin dilaciones me juzgaron
por infame literatura,
pues en ediciones no valen
tus querencias ni aspiraciones.
Solo aquello que ellos recauden,
tan solo aquello que ellos ganen.

Y mi locura condenaron
al mayor de los ostracismos,
al silencio de los silencios,
al abandono abandonado
del naufrago que derrotado
se hunde en los oscuros abismos.

Y por un instante fui feliz.
Y por un momento pude reír.





Valencia y las nuevas calles o el despotismo ¿ilustrado? valenciano.

El despotismo ilustrado es un concepto político que surge en la segunda mitad del siglo XVIII, en Europa (Austria, Francia, Ru...

– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)

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