Sobre conjugaciones verbales.



Hay verbos que entrañan especial dificultad entre los españoles y que son dignos de análisis. Veamos algunos casos según su conjugación.

Verbo acabado en –ar: 
Ejemplo: perdonar.
Se usa a regañadientes, por obligación y cuando no queda más remedio.

Yo perdono
Tú perdonas
Él/ella perdona
Nosotros/nosotras perdonamos
Vosotros/vosotras perdonáis
Ellos/ellas perdonan

Verbo acabado en –er.
Ejemplo: reponer.
Solo usado por los trabajadores y cuya comprensión desapareció hace décadas entre las clases altas.

Yo repongo
Tú repones
Él/ella repone
Nosotros/nosotras reponemos
Vosotros/vosotras reponéis
Ellos/ellas reponen.

Verbo acabado en –ir:
Ejemplo: dimitir.
Conjugación censurada que pronto desaparecerá del diccionario por ser ofensiva para los oídos de la casta política.

Yo dimito.
Tú dimites
Él/ella dimite
Nosotros/nosotras dimitimos.
Vosotros/vosotras dimitís.
Ellos/ellas dimiten.


Resulta interesante observar la importancia de los tiempos verbales  en la relación hablante/oyente. Si el tiemplo empleado es pretérito, su uso supone la reafirmación  moral, orgullo e incluso vanidad para el hablante, en cambio, si se utiliza en futuro, la duda y la sospecha de falsedad ensombrecen la credibilidad del oyente.




Regresaron los héroes o Quo Vadis Sienkiewicz


         Regresaron los héroes con la victoria aplastante sobre el enemigo y la noticia corrió veloz como la pólvora. La gente se lanzó a las calles para homenajear a los recién llegados con palmas, incienso, coronas de laurel y pétalos de rosas perfumadas. El coliseo encendió las luces para que el recibimiento alumbrase su paso por las principales vías de acceso a Roma. El pueblo jubiloso pregonó el triunfo y la grandeza de su fuerza. Cantos bulliciosos envolvieron callejones, plazas y parques que corearon himnos y banderas.

Nadie descubrió aquella muchacha, de apenas diecisiete años, que se dirigía a una clínica abortiva tras ser violada por un reincidente del penal de Chihuahua. El clamor  impidió escuchar los gritos de socorro de una mujer que estaba siendo asesinada por su compañero sentimental en un arrebato de furia. En la oscuridad de la noche pasó desapercibido un adelantamiento indebido producto tal vez de los vapores etílicos o el destino de una vida breve. El griterío ocultó la angustia de la sobredosis en un urinario público.
El pueblo gozaba con la llegada de los triunfadores. La alegría se transmitiría hasta meretrices que correrían veloces hacia los lupanares para hacer horas extraordinarias, bien remuneradas, sin control de ningún intermediario. Los mendigos gozarían de su bienaventuranza entre los residuos de los contenedores donde aparecerían jugosas hamburguesas, restos de sándwiches, o, en el mejor de los casos, tal vez alguna botella medio llena de licor.
Mas los ciudadanos de la Villa Eterna recibieron a sus muchachos como jamás héroe alguno fue recibido. Tres batallas consecutivas, tres retos ganados, tres sueños cumplidos como los deseos del genio de una vieja lámpara oriental, medio oxidada, medio podrida. El mundo civilizado se puso a los pies de genios imbatibles.
La embriaguez del triunfo pronto amodorró las penas, las hipotecas impagadas, la pérdida de ahorros bancarios, los desprecios raciales, la fuga de capitales, los embargos que se aproximaban de forma irremediable, los jóvenes que marchaban al extranjero para ganar el pan con el sudor de su frente. La amnesia colectiva apareció en el furor de la batalla universal que liberaba el sentir de la masa.
Tal vez un nuevo Marco Vinicio, como en la obra de Sienkiewicz,  descubriría los pies de barro sobre los que se cimentaba la efímera estabilidad del imperio. En la corte Nerón recitaba estrofas ígneas en una corrupta bacanal romana para culpar a los nuevos cristianos, disidentes, soñadores o patriotas críticos, por su desconfianza al establishment. Cualquier crítica deberá ser juzgada con severidad como delito de alta traición o colaboración con el enemigo.
La victoria se cumplió y el pueblo lo celebró bajo el beneplácito de sus gobernantes. 

"Peter Fechter y Nino Bravo". Dos hombres y un destino o una imaginación excesiva.


El 17 de agosto de 1962, Peter Fechter, un obrero de la construcción alemán, de 18 años, tuvo el dudoso honor de ser la primera víctima del muro de Berlín.
                No había transcurrido un año desde la construcción del muro, cuando Fechter, junto con su amigo Helmut Kulbeik, intentó escapar de la República Democrática Alemana. Primero se escondieron en un taller de carpintería, cerca del muro, para observar desde allí el movimiento de los guardias y poder saltar la ventana en el momento apropiado dirigiéndose a través del llamado corredor de la muerte (una franja de tierra entre el muro principal y un muro paralelo que se había empezado a construir). Desde allí saltarían por una pared cercana a Checkpoint Charlie, en el distrito de Kreuzberg en Berlín occidental.
                Sin embargo al intentar escalar el muro fueron descubiertos por los guardias quienes dispararon. Kulbeik logró atravesarlo, en cambio Fechter fue alcanzado en la pelvis. Cayó dentro del corredor de la muerte quedando a la vista de la gente situada en el lado occidental, entre la cual se incluían periodistas. A pesar de sus gritos, no recibió ayuda médica de ninguno de los dos lados y se desangró hasta morir, aproximadamente una hora más tarde.
                Desde el lado occidental no se permitió a los transeúntes ayudarlo debido al tenso ambiente entre los dos lados del muro y al hecho de que habría supuesto entrar en el lado oriental de Berlín. El jefe del pelotón de frontera de Alemania Oriental afirmó haber tenido miedo de intervenir, dado que se presumía que tres días antes, en otro incidente, un soldado de la RDA había muerto por un disparo de un policía occidental. Sin embargo, desde el lado oriental no tuvieron ningún problema en recoger el cuerpo una hora después de haber realizado el disparo mortal. Hay quien afirma que le dejaron morir como escarmiento y ejemplo ante quienes osaran volver a intentarlo.
                Lo cierto son los hechos y el principal es que nadie ayudó al joven Peter. Alguien disparó, entendiendo que cumplía con su dudoso deber, y algún hijo de mala madre dio la orden oportuna. En todos los bandos hay justicieros vengativos de su mediocre dignidad. La vida humana está por encima de cualquier bando e ideología, la dignidad de las personas, su integridad, son valores que deberían ser respetados y que algunos insisten en machacar, ya sea a la fuerza o con engaños sutiles. Son esa clase de seres que desprecian la libertad de los demás.
                Diez años después, el valenciano Luis Manuel Ferri, más conocido como Nino Bravo, edita el LP “Mi Tierra” (Polydor, 1972) donde se incluye “Libre”, la canción dedicada a Peter Fechter. Un tema con aires de himno, obra de Pablo Herrero y José Luis Armenteros que, andando el tiempo, iba a convertirse en una de las más conocidas y valoradas canciones de la música española. Esta canción, que se convertirá en la más emblemática, llegó a estar prohibida en algunos países sudamericanos.
                La mañana del lunes 16 de abril de 1973, no había transcurrido un año desde el éxito de la canción, Nino Bravo, acompañado por su guitarrista y amigo José Juesas Francés y del Dúo Humo, partieron temprano de Valencia hacia Madrid. En una curva del término municipal de Villarrubio, el BMW conducido por Nino se salió de la carretera y dio varias vueltas de campana. Cuando es trasladado en ambulancia al Centro Sanitario Francisco Franco de Madrid (actual Hospital Universitario Gregorio Marañón) fallece ingresando ya cadáver.
Las causas de la muerte nunca se han revelado oficialmente, todo apunta a posible neumotórax y a diversos politraumatismos sufridos en la zona abdominal, a pesar de que el coche disponía de los cinturones de seguridad delanteros.
Con el tiempo se levantaron monumentos a nuestros protagonistas. En 1990, se construyó el Monumento a Peter Fechter (Zimmerstraße), en el lugar donde cayó del lado este y, en ese sentido, Nino ha tenido más suerte, tenemos busto en la calle Lerida de Valencia, obra del escultor Alfonso Pérez Plaza, placa conmemorativa en la calle Visitación, también de Valencia, monolito en el Palau de la Música, calles propias (también en Aielo de Malferi) o cruz conmemorativa en Villarrubio, etc., etc., etc.
Casualidades de la vida en dos hombres diferentes, incómodos, que no murieron en el acto y con una causa común: la libertad., el resto lo dejo a tu imaginación. Como dice el film: “Dos hombres y un destino”


Tiene casi veinte años y ya está
cansado de soñar
pero tras la frontera está su hogar,
su mundo y su ciudad.

Piensa que la alambrada sólo es
un trozo de metal,
algo que nunca puede detener
sus ansias de volar.

Libre
como el sol cuando amanece
yo soy libre
como el mar.
Libre
como el ave que escapó de su prisión
y puede al fin volar.
Libre
como el viento que recoge
mi lamento y mi pesar,
camino sin cesar,
detrás de la verdad
y sabré lo que es al fin la libertad.

Con su amor por bandera se marchó
cantando una canción,
marchaba tan feliz que no escuchó
la voz que le llamó
y tendido en el suelo se quedó,
sonriendo y sin hablar,
sobre su pecho flores carmesí
brotaban sin cesar.

Libre
como el sol cuando amanece
yo soy libre
como el mar.
Libre
como el ave que escapó de su prisión
y puede al fin volar.
Libre
como el viento que recoge
mi lamento y mi pesar,
camino sin cesar,
detrás de la verdad
y sabré lo que es al fin la libertad.

Libre
como el sol cuando amanece
yo soy libre
como el mar.
Libre
como el ave que escapó de su prisión
y puede al fin volar.
Libre
como el viento que recoge
mi lamento y mi pesar,
camino sin cesar,
detrás de la verdad
y sabré lo que es al fin la libertad

Fuentes:

Canción Libre:


Valencia y las nuevas calles o el despotismo ¿ilustrado? valenciano.

El despotismo ilustrado es un concepto político que surge en la segunda mitad del siglo XVIII, en Europa (Austria, Francia, Ru...

– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)

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