domingo, 22 de enero de 2017

IV CERTAMEN DE CUENTOS «VALENCIA ESCRIBE»




Transcribo las bases del Certamen de Cuentos convocado por el colectivo literario Valencia Escribe, una incansable asociación que realiza una gran labor y en cuyas filas se encuadran muy buenos autores.

El colectivo literario Valencia Escribe, con el patrocinio de la Galería Paz y Comedias de Valencia, convoca el IV Certamen de Cuentos de acuerdo con las siguientes               
                                      
BASES:

1) Podrá participar en el Certamen cualquier persona mayor de edad y con residencia en la Comunidad Valenciana, independientemente de su nacionalidad.
2) El tema del concurso es libre, si bien en algún lugar del texto deberá figurar la expresión «galería de arte» (sin nombrar expresamente ninguna ya existente). Cada autor/a solo podrá participar con un único cuento, escrito en lengua castellana o valenciana, con una extensión mínima de 1.000 palabras y máxima de 1.500 (sin contar el título). Las obras se presentarán en fichero Word (.doc), con letra Times New Roman, tamaño 12, interlineado 1'5 y texto justificado. Deberán ser originales e inéditas, no premiadas con anterioridad ni publicadas en parte o en su totalidad en ningún medio o soporte (papel, blogs, prensa digital, etc.), respondiendo ante la organización de la autoría y originalidad de las mismas, asumiendo los autores la total responsabilidad ante terceros. Toda obra que incumpla alguno de los anteriores requisitos quedará descalificada.
3) Se establecen los siguientes premios:

* Primer premio:
500 euros ofrecidos por la Galería Paz y Comedias de Valencia (sobre dicho importe se practicará la retención fiscal legalmente establecida).
Una pieza de cerámica valenciana (socarrat)
Cena para dos personas durante la noche de entrega de los premios, en un restaurante de Valencia ciudad.
Dos libros con la selección de los 20 mejores cuentos presentados.

* Segundo premio:
Una pieza de cerámica valenciana (socarrat)
Cena para dos personas durante la noche de entrega de los premios, en un restaurante de Valencia ciudad.
Dos libros con la selección de los 20 mejores cuentos presentados.

4) Los cuentos se remitirán a la dirección de correo electrónico vecertamen@gmail.com entre el 20 de diciembre de 2016 y el 1 de marzo de 2017, fecha a partir de la cual no se admitirán nuevas participaciones. El nombre del fichero Word (.doc) que contenga el texto deberá coincidir con el título del cuento. En fichero Word (.doc) aparte, nombrado con el título de la obra, seguido de un guion y la palabra «DATOS», contendrá la plica, en la que cada autor/a hará constar la siguiente información personal:

         Nombre y apellidos, dirección, Código Postal y población de residencia, Teléfono/s de contacto, correo electrónico, fotocopia DNI o pasaporte.

5) El colectivo Valencia Escribe escogerá a las personas que, pertenecientes al ámbito de las letras, compondrán el jurado, cuyas decisiones serán inapelables. El jurado, que en ningún momento tendrá acceso a la identidad de los autores, valorará entre otros méritos la originalidad, la riqueza lingüística y el cumplimiento de las normas ortográficas y gramaticales. Ni los organizadores ni los componentes del jurado, así como tampoco sus familiares directos, podrán participar como concursantes.

6) Durante la última semana de mayo de 2017 se anunciarán en el blog de Valencia Escribe (http://valenciaescribe.blogspot.com.es/) los títulos de los 20 cuentos seleccionados por el jurado, que pasarán a formar parte del volumen conmemorativo del Certamen. Entre esos seleccionados, el jurado nombrará 10 obras finalistas (cuya lista se publicará la primera semana de junio en dicho blog), de entre las cuales elegirá finalmente los dos cuentos premiados.

7) Los premios se harán públicos y entregarán durante el acto de libre asistencia a celebrar el viernes 17 de junio de 2017 a las 19:30 horas en la Galería Paz y Comedias (Plaza del Colegio del Patriarca, 5 - Valencia). En el caso de que alguno o ambos autores premiados no estuvieran presentes en dicho acto, los galardones correspondientes se concederán a los siguientes finalistas, por orden de méritos.

8) La presentación de cuentos a este certamen presupone la cesión, por parte de los autores que resulten seleccionados, de los derechos de sus textos, única y exclusivamente a efectos de la publicación y distribución, por parte de Editorial Contrabando y Valencia Escribe, de un libro conmemorativo del Certamen. Cada uno de los 20 autores seleccionados será obsequiado por la organización con un ejemplar del libro (primer y segundo premio, dos ejemplares), que le será entregado durante el acto de libramiento de premios indicado en el punto 7)

            9) El hecho de participar en el certamen supone la aceptación completa e irrenunciable de las presentes bases, cuyos imprevistos no especificados serán resueltos por el jurado. Cualquier incumplimiento de las bases conllevaría la descalificación.

Más información en el blog del colectivo:

http://valenciaescribe.blogspot.com.es/2016/12/iv-certamen-de-cuentos-valencia-escribe.html 

viernes, 6 de enero de 2017

Cojuelo Corre, capítulo 4

Esquivando algún directo, recibiendo algún indirecto, diablo y discípulo alzaron el vuelo.


Trazo IV
 "El sexo es la broma más grande que Dios ha hecho a los seres humanos." Bette Davis

 Críspulo, embobado ante la nueva ciudad que se abría a sus ojos, y Cojuelo, apasionado en sus enseñanzas, no advirtieron la sombra que seguía sus pasos cual Simeón, el mago, seguía a Nuestro Señor en la oscuridad del anonimato. Tras su aparición fugaz y guiado por un sexto sentido, se lanzó tras nuestros amigos por las calles de Madrid.
Nuestros camaradas quedaron almorzando y descansando en el restaurante de Paco, regentado por una familia china tan numerosa como las arenas del desierto y cuyo grado de parentesco puede que fuese similar al de los descendientes de Adán, por rama oriental.
Aprovecharon la ocasión para rellenar los agujeros negros de sus estómagos hambrientos, el primero, por costumbre confiando que la comida saldría de balde, el segundo, Cojuelo, ansioso devorador de carne, pues no es apropiado que un diablo ayune ni quede sin probar placeres carnales.
En estas lides, nuestro eterno opositor reparó en la belleza exótica de la camarera, desconociendo que era la novia del dueño que en esos momentos se encontraba con un cuchillo jamonero utilizado con la habilidad de una navaja de afeitar.
Mientras tanto nuestra tarotista Lucecita, vidente con miopías astronómicas, se había vestido con cuidado sospechando que algo no andaba en su sitio y, acercándose al despacho, halló los destrozos que Críspulo había ocasionado rompiendo el cuenco de cristal y desapareciendo el espíritu deseado.
A la vista del desastre comenzó a tirarse de los pelos, gritar, sollozar, rasgando sus vestiduras, o lo que quedaba sin rasgar desde la última lujuria desbocada. Estando haciendo semejantes aspavientos entró un diablillo menor, un ente incompleto, todavía con su visión infernal de cola, cuernos y patas cabrias, afirmando que todo el averno besaba sus pies y excrementos.
Advertido de la fuga de Cojuelo, de la estratagema empleada y de la ingratitud del preso, daría la voz de alarma para que se le castigase y que, mientras tanto, le serviría él en su lugar. Agradecida la tarotista, y tras verificar los tamaños del nuevo ente, permitió que se refugiase en un collar que llevaba sobre su pecho y que había pertenecido a cierta dama de la alta sociedad, marquesa de los mil y un amoríos, estrangulando con él a sus pretendientes.
En el infierno cundió la alarma, se reunieron los más altos dignatarios de la capital y haciendo notorio lo peligroso de la nueva situación, el descrédito que supondría para la clase infernal, era necesario despachar orden de búsqueda y captura al endiablado fugado para que le prendiesen en cualquier parte que lo hallasen.
Encargaron la tarea a quienes mejor conocían a tan singular diablo, Cienllamas, Chispa y Redina, que recibieron con albricias la noticia pues aburridos se encontraban asando unos cuantos policías corruptos en las calderas de Pedro Botero. El olor de las calderas era tan pestilente que no podían aguantar tanto tiempo con el olfato desquiciado pues no sabían si olían a azufre o a restos del retrete de Satanás. De inmediato se pusieron con las manos en la obra y salieron de las profundidades buscando de nuevo al fugado.
En el restaurante de Paco, moda asiática que mantiene los nombres de los locales adquiridos, el profesor Jiménez del Osezno ocupó una mesa discreta desde donde contemplaba los movimientos de nuestros camaradas de infortunios. Releía el periódico con avidez buscando alguna pista que la interpol no pudiera hallar. Era necesario encontrar algo que le devolviese la credibilidad, si no para los demás por lo menos a sí mismo, que la moral estaba baja y ya no levantaba ni una pluma. Tal vez la ascendencia siciliana del mafioso, quizás la pulsera exigiera la mano de su dueña recuperar, pudiera ser que la secta satánica pidiese algún diablo regresar. Lo hacía de forma voraz, levantando y bajando la vista cual lobo que bebe del río sin perder de vista el objetivo. Aquellos individuos resultaban sospechosos, eso le advertía su intuición radiofónica.
Llegados a la sobremesa, Críspulo, que no había dejado de lanzar tejos a la chinita, sin saber que las orientales cuando afirman niegan, y si dicen no es sí, había ido in crescendo pasando de tejos a misiles aire tierra para profundizar en territorio desconocido a la vista de su pretendiente. Al chino, sin soltar su cuchillo, no le agradaban nuestras tradiciones taurinas y calentaba los motores con mayor rapidez que los del AVE Madrid Sevilla.
La tensión cortaba el aire, pues en el momento pagano apareció, por articulaciones y desarticulaciones de Cojuelo, el óbito de una mosca en los restos de la sopa. Semejante desvergüenza antihigiénica no podía tolerarse y, a grito en el cielo, se negaron a pagar ración tan infecta de saber qué manjares. La chinita, cortés, cedió el pleito a sus compañeros y, saliendo de debajo de los manteles, una veintena de asiáticos inundó el salón comedor.
Cris, a pesar del pleito, no dejaba de solicitar el reclamo de la señorita hasta tal punto que, tropezando con los vaivenes de la conversación y del amable trato de los camareros, su mano se deslizó fortuita por algún lugar poco apropiado de la dama a la vista del vigilante jurado. La situación estalló y el chino navajero hizo acto de presencia, agitando al aire la bandera de la venganza, cuando el sonido de unas sirenas advertía la llegada de la policía; siempre hay almas generosas dispuestas a llamar, al menor estornudo, a los agentes del orden. Gritos, empujones y exabruptos internacionales, inundaron las paredes del restaurante de sonoros bofetones.
La tragedia se presentía en aquel cuchillo cuando la nariz de Cojuelo, y un chasquido de sus dedos, transformaron al chinito en un lechón gordito y sonrosado, ante el estupor de sus compatriotas. Algunos, al principio sorprendidos, entornaron los ojos ante las posibilidades gastronómicas que ofrecía un jefe rácano y, desviando la atención que tenían puesta sobre nuestros protagonistas, olvidaron posible parentesco y comenzó una persecución por el local desmantelando manteles y derramando generosos vinos.
Cris atizaba a los restantes y Cojuelo, que si bien cojo no manco, lanzaba golpes a diestro y siniestro. El profesor Jiménez, a la vista de lo visto, se acercó hasta Cojuelo, esquivando algún directo, recibiendo algún indirecto, para sujetarle del hombro. Hecho fatal pues el chispazo fue tan brutal, que salió despedido del lugar aterrizando sobre una freidora vulgar. Cojuelo, al contemplar quien había recibido la descarga, sonrió malévolo sin lanzarle maldición alguna.
– Corre Cojuelo, corre y salgamos en un vuelo – le dijo el joven aprendiz.
Ante tanta asistencia de público, nuestro revoltoso diablillo tomó la mano a Críspulo para salir volando y esquivar, por la derecha, a un Air Bus con destino a la terminal cuatro y, por la siniestra, a un caza militar, cuyo piloto fue arrestado bajo control psiquiátrico por las cosas que contaba. Nuestro eterno opositor volviéndose hacia su camarada, le dijo:
 – Buenas y espectaculares salidas tienes. Ya quisieran tu ayuda algunos gobernantes que andan más perdidos que un pez en los Alpes.
– Los diablos sabemos entrar y salir de los sitios con tal clase que algunos eurodiputados no cesan de pedir nuestro socorro –respondió Cojuelo.
Y estaban en estos quites de la conversación cuando llegaron a Villa Tuerta del Rey, un pequeño pueblo cercano a Aranjuez, donde pensaron que era mejor parar a descansar pues, si Cojuelo era inagotable, y ansioso estaba de ejercer sus habilidades, Críspulo hallábase algo mareado entre tanto quiebro y requiebro.
Después de besar el suelo, agradeció nuestro protagonista sentir bajo las suelas de sus zapatos algo solido que no cediese pues tenía temor por una metamorfosis ya fuese en águila real o mosca cojonera.
A continuación analizaron la conveniencia de cambiar de aires, tal vez la princesa encantada hablase más de la cuenta y el domicilio de Cris no fuese el más recomendado para pernoctar, o quizás a la policía le diera por investigar después de lo ocurrido en el bar. Consideraron, pese al criterio de Cojuelo que prefería su amada Sevilla, eterna flor del Guadalquivir, dichosa feria de abril, alterar el rumbo para visitar unas tías en Valencia por las que Cris tenía en gran aprecio.
– Aquí podrás pasar la noche y descansar –concluyó Cojuelo señalando un motel próximo a la autovía–, los diablos no necesitamos dormir; si el bien nunca duerme, el mal jamás descansa. Me acercaré a la morería para caldear algo los ánimos, mientras recapacitas tu cabezonería para ir a Levante y no Andalucía. Con un poco de suerte tal vez enfurezca al jeque Alifanfarrón para que apoye la subida del petróleo, o pudiera entrar en algún harén particular. Duerme tranquilo que, al amanecer, estaré contigo.
Terminadas sus palabras, y antes que Crís pudiera manifestar su preocupación por si al día siguiente regresaría con el dinero necesario para pagar la cena y la noche, el diablo se lanzó volando entre un campo de girasoles que resecó a su paso.
Como no quedaba más remedio que aceptar el giro insospechado que estaba adoptando su vida, pensó que lo mejor era confiar en el retorno endemoniado rezando a todos los santos que no le fallase el diablo. Sin más dilación y lanzando un último vistazo al cielo, donde, por cierto, caía un gorrión chamuscado, entró en el motel para pedir habitación.
En su interior había muchos clientes, pues por aquellas fechas se realizaba en el lugar la primera convención de comerciales multiusos pagadas por varias empresas del sector. Le invitaron a cenar unos viajantes procedentes de Alicante que antes vendían juguetes para una determinada empresa, pero, ésta, obligada por la competencia asiática, había migrado al sector del sex shop comercializando una amplia gama de objetos para mayores de dieciocho años. 
Don Cándido Paletillo, dueño del motel, desbordaba tanta alegría como el salón comedor rebosaba comensales. Las perspectivas de repetir el evento en años sucesivos suponía un alivio para su mermada economía, insatisfecha esta por bodorrios locales, comuniones y algún que otro bautizo, que apenas dejaban el pan nuestro de cada día.
Había movilizado camareros, cocineros, personal de limpieza, hijos y esposa. A ella no le hacía mucha gracia, a sus cuarenta y pocos años bien llevados, prefería el motel tranquilo donde de vez en cuando acuden viajantes o turistas, que se les ha hecho demasiado tarde para llegar a Madrid. Su marido le había exigido, o más bien chantajeado con ese cochecito que le hacía falta, para que estuviese a pie de cañón, defendiendo la fortaleza y, como buena anfitriona, acompañar a los congresistas atendiéndoles en cuantas peticiones pudieran surgir.
Estaba en estos menesteres saliendo y entrando de cocina, ejerciendo de maître improvisada, sonriendo a bromas descaradas, coordinando a los camareros, revisando recepción, cuando aterrizó en la mesa donde nuestro convidado confraternizaba con los comerciales. Cris entrecerró los ojos, afiló las garras, y los colmillos se disponían a desgarrar la presa cuando alguien levantó la liebre.
Mientras tomaba nota de los cafés, otra mano, desdibujada, disimulada, difuminada, deslizó la zarpa por debajo de mesa y falda. Apreciando el movimiento, un buen jugador sabe cuándo retirarse a tiempo reiniciando la tertulia con sus nuevos amigos. A Iluminada no le provocó tanta gracia la broma y, con ese saber hacer que tienen algunas personas, se apartó con discreción negándose a servir la mesa.
La dama de su señor avisaba que estaba harta de tanta gente y que se quería ir con su madre que había quedado sola en casa pues algunas personas no se comportaban como está mandado comportarse. Cris adivinó en los labios de Cándido como este la convencía de la importancia del negocio y que había que hacer lo necesario para que estos eventos se repitiesen incluso, si fuese necesario, inventar algunos nuevos para atraer clientes. Era una mujer madura que sabía mantener las distancias, solo debía ofrecer lo mejor del local para que los clientes estuviesen a gusto y después despacharlos, una vez bebidos, a sus habitaciones. Si no hacía esto peligraba no solo el utilitario sino tal vez el abrigo de Navidad.
Resignada, quizás con algún juramento bajo la piel y alguna herida sin cicatrizar, retornó a la jungla de manteles confraternizando con los asambleístas, ofreciendo los cafés y sonriendo las bromas de algunos clientes y, también de paso, clientas. La noche continuó su tránsito hasta bien traspasada la hora de las hechiceras en que los camareros, con amenazas de sublevación, empezaron a exigir el recorte de comensales del salón comedor.
Cris lamentó no haber podido despedirse de la regenta del local que se había perdido en los entresijos de la cocina, camareros, recepción o vete a saber dónde estaba. Al dirigirse al ascensor pasó junto a Don Cándido, el cual se quejaba de la desaparición de su esposa.
– Mi mujer –se lamentaba al camarero–, enfadada, se ha debido ir a dormir sin decir nada.  Luego exigirá que compre el cochecito.
Haciendo caso omiso de penas que no son propias, subió al ascensor acompañado de tres congresistas, de ojos enrojecidos, corbata desajustada y frases soeces sobre las perspectivas nocturnas, que portaban en procesión una botella de cava de la cocina evaporada. El desembarco en el tercero fue masivo pues todos se dirigieron por el mismo pasillo donde, frente a la habitación de Críspulo, llamaban otros tres individuos de similar aspecto.
– Fiesta nocturna –pensó al entrar en su estancia– esperemos que no provoquen demasiado escándalo.
Extrañando la ausencia de su compañero y meditando sobre cuántos acontecimientos habían ocurrido durante los últimos días, se quedó en los brazos de Morfeo dialogando con la almohada.
Ya creía que todo pasaba, pero nada pasa sin dejar huella, cuando de repente el alboroto sacudió el pasillo despertando a cuantos dormían en sus habitaciones. Oída la jarana, salió para ver lo que sucedía, mas no fue el único, y un jubilado de la Guardia Civil, elevando el grito a montera lanzó increpaciones, las cuales fueron desoídas por la cantidad de gente que en el sarao entraba y salía.
El jubilado sin consentir semejante escarnio y burlas, llamó de inmediato al gerente para que interviniera poniendo orden en las habitaciones. La curiosidad ante tanta algarabía pudo más que el sueño obligándole a permanecer en la puerta esperando el transcurrir de los acontecimientos.
No habían pasado cinco minutos cuando el propio Cándido, acompañado del camarero, acudió a la puerta de la habitación. Quedando pequeño el camarote de los Hermanos Marx, el tropel de gente que salía de la alcoba fue tan numeroso como un regimiento de caballería. Hombres, cosa curiosa para Cris, la mayoría de ellos a medio vestir, en ropa interior o casi como Dios los trajo al mundo, salían disparados quejándose unos, escaqueándose los otros, ante las exigencias de Don Cándido.
Entre tanta pierna peluda emergieron dos bellos muslos bajo la camisa de quién sabe qué dueño, que entre el tumulto se dirigieron discretos a la puerta de Cris. Descubriendo sobre ellos el rostro despeinado de doña Iluminada, gentil cual caballero medieval, cedió el paso franco al refugio seguro de su morada. Con discreción, la dama puso el dedo índice en sus labios que fue de inmediato entendido por nuestro sorprendido huésped.
Cuando el temporal remitió, disolviendo la manifestación sin necesidad que acudiesen las fuerzas antidisturbios, Cris recuperó la ropa de la señora y esta se esfumó por el laberinto de pasillos. Hermosa silueta entre cortinajes bermejos, con floraciones ocres y sueños libertinos.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Meditaciones eléctricas post navideñas.



Llegan las añoradas Navidades, llegan y pasan como suele suceder. Tras las celebraciones religiosas, que también las hay, aterrizan las inevitables comidas y cenas en familia. Maravillosos puntos de encuentro donde compartimos mesa con nuestros seres queridos; algunos que no habíamos visto en bastante tiempo.
Cena suculenta, que no por ser más fastuosa resulta más humana. Humano rima con hermano. Tras los postres llega el momento del café y la tertulia antiguos recuerdos que rememoramos, mencionamos a los que partieron, preguntamos por los enfermos, bendecimos a los niños, sus estudios, su inocencia, sus nuevos modos de vida.
Si inevitable resultan comida y tertulia, menos inevitable resulta hablar de los nuevos proyectos, de algún que otro error informático, y la conversación deriva en el gobierno, de sus desatinos, de la mendicidad de la clase política, de la inestabilidad que se avecina, justificada por unos, temida por otros.
En estos puntos de la conversación siempre hay alguien que destaca en algún tema, momento que aprovecho yo para preguntar y no pasar por pedante recordando los buenos amigos literarios que tuve la suerte de conocer durante el finiquitado año. Este familiar desvía el tema a su profesión, nos habla de las energías y de una comisión de energía a la que tengo de oídas y poco conocía.
Cuenta y recuenta la imposibilidad de ser independiente energéticamente hablando en nuestra sociedad. No permiten que uno se libere del yugo de las Hidroeléctricas. La propia Administración castiga a quien no se encuentra sometido alegando que carece de las condiciones de habitabilidad. Y así vamos pasando de tema en tema, porque el meollo de la cuestión es profundo. La electricidad tiene un coste y ¿a quién se paga?
A mi corto entender le expongo mis conocimientos de EGB cuando establecíamos las presas como fuentes de energía eléctrica renovable y barata. La cuestión era bien sencilla, cae el agua por las turbinas, se genera electricidad y la distribuidora se encarga de suministrarnos el preciado producto.
Pues bien, eso está desfasado, porque entre la caída del agua y la distribución del producto hay un “ente” encargado de subastar la energía a determinadas empresas, por supuesto internacionales, que la distribuyen a las distribuidoras eléctricas. Vamos, que entre la precipitación del agua y el enlace al acumulador de energía debe haber alguna caja que quedó sin explicar en mi infancia, pues resulta que en su interior se encuentra todo un entramado que decide lo que tengo que pagar.
Mi entender, insisto, es corto, y por tanto puedo equivocarme, pero resulta que esas empresas, donde de forma casual son vocales altos ex cargos de la Administración, deciden cuanto pantalón tengo que bajarme para poder vivir de una forma medianamente decente. Esas empresas, cuando tienen ganancias, no bajan el coste y sus plañideras se encargan de recordarnos que nunca tienen beneficio, exigiendo al gobierno una subida del impuesto.
Resulta interesante saber que la energía producida por las energías renovables en territorio español podría suministrar de electricidad, sin problemas, a toda España. Por otro lado, cuando la energía escasea, se emplean algunas veces las centrales nucleares. Y pregunto ¿para qué tantas centrales nucleares? ¿para qué queremos comprar la energía de un oleoducto que atraviesa los Pirineos si tenemos suficiente energía? ¿Por qué no consideramos la energía como algo de interés comunitario que debe suministrar tranquilidad a los hogares y las empresas españolas?
Me miran algunos de los contertulios y, quizás por mis convicciones ético religiosas, o tal vez por un sentido equivocado de la humanidad, expongo que los bienes inmateriales como la energía, la salud o la educación deben ser considerados como un derecho fundamental de todo español, e incluso de toda persona, aunque no sea español. ¿Qué mayor beneficio para la salud que no escatimar gastos en beneficio de la atención de los enfermos? ¿Para qué economizar la salud? Una sola vida es más importante que los beneficios de cualquier empresa.
Inmediatamente intuyo que deducen en mi posicionamiento unos postulados políticos erróneos. Aclaro que defiendo la propiedad privada, sagrada y propia del derecho natural, la defensa de las empresas con iniciativa propia, pero de ahí a todo lo demás hay un trecho. Creo recordar que ya San Juan Pablo II hablaba de algo similar.
Mas la comida llega a su final. Las despedidas, los abrazos, benditos besos, dan paso a la calle. La tarde está cayendo y busco en el cielo un lucero que ilumine mi pobre entender. Quizás algún día nos cobren por ver las estrellas pero mientras llega ese día seguiré contemplando su hermosura.