Teatro, Miguel Mihura, Tres sombreros de copa y el teatro del absurdo.

Fuentes: Wikipedia, Francisco Umbral, Gustavo Pérez Puig, Periódico El Mundo. Biblioteca Virtual Cervantes. “Historia de la Literatura Absurda”.


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                Tras la resaca fallera y con ciertos enfrentamientos galenos (manías de los médicos que solo desean ver al sano enfermo), estuve revisando la gran farsa de la vida. Navegaba cual Ulises por el mundo del Teatro del Absurdo, entre las sirenas sutiles de Ionesco o Samuel Beckett cuando, de repente, entre bambalinas y atrezos descubrí una rara especie, autóctona y atemporal, un tanto olvidada y menospreciada con cierto rencor aborigen. Los aborígenes peninsulares suelen guardar en sus alforjas una dosis alta de resentimiento y venganza contra el contrario, azul o rojo, que encuentren en su camino.
                En este tipo de teatro, fiel a la vida misma, se resalta la incongruencia entre el pensamiento y los hechos, así como la incoherencia entre las ideologías y los actos. ¡Cuán presto se va el placer cuando
después de recordar las actitudes contrapuestas de muchos católicos, de progres llevando hijos a colegios privados, o de gobernantes que exigen sacrificios que recortan según a quienes, se les recuerda a la cara y la mirada asesina aflora con ese clásico qué sabes tú!

Los personajes tienen obstáculos para expresarse y comunicarse entre ellos mismos. En las obras, el decorado y las escenografías (al igual con los objetos y los accesorios utilizados) juegan un papel muy importante como contraste con el contenido de las mismas, porque presentan imaginariamente la realidad de los mensajes que se pretenden llevar.
Se presenta todo en un marco de un mundo vacío y con objetos muy pesados que terminan dominando a los personajes. Se percibe a través de sus personajes la desorganización que existía hasta en la manera de comunicarse unos a otros, donde muchas veces no había un punto de acuerdo entre todas las partes, pero si un abuso de poder, donde los ricos y poderosos atropellaban a los más débiles y a los que menos posibilidades tenían para sobrevivir ante tanto caos y confusión.
Lo interesante del Teatro del Absurdo es que no da las respuestas que esperamos, o las que creemos que vamos a esperar, sino que nos deja a nosotros la interpretación y el análisis de cada una de sus obras.
                Pues bien, en este mundo absurdo resulta que aparece una figura ejemplar que durante la segunda mitad del siglo XX estaba considerada como una de las más representativas de este tipo de teatro así como del humor y la gracia española.
Miguel Mihura Santos, nació en la madrileña calle de la Libertad el 21 de julio de 1905. Abandonó sus estudios para dedicarse al humor y la historieta en revistas como Gutiérrez, Macaco, Buen Humor y Muchas Gracias.
Durante los años 20, trabajó como periodista: Son años de una cierta bohemia, que permanecería inasequible al desaliento durante toda su vida, un mundo de tertulias en los cafés, donde conocerá a importantes periodistas del género humorístico como Tono, Edgar Neville y Enrique Jardiel Poncela; este último influyó poderosamente en su estilo. Mihura fue uno de los fundadores de las revistas humorísticas La Ametralladora y La Codorniz.
Su reconocimiento fue tardío, pues aunque una de sus obras maestras (“Tres sombreros de copa”) fue escrita en 1932 no se publicó hasta 1947 y su representación teatral llegó en 1952.
Durante la Guerra Civil Española se refugió en San Sebastián apoyando al bando nacional y dirigiendo una revista de propaganda para los soldados del frente. Esta revista, “La Ametralladora” se convertiría más tarde, en 1941, en la prestigiosa revista  “La Codorniz”, considerada como el estandarte paródico de las convenciones sociales del momento. Pese a lo que algunos progres, y otros medievalistas, hubiesen deseado, fue dirigida con éxito por Mihura entre 1941 y 1944. Estaba lleno de un talento natural que nadie ha tenido nunca en el teatro español del último medio siglo XX. Entre la generación del 27 del humor, él era el maestro trascendental, fundamental y cojo.
Lo esencial y fundamental de Mihura está en la prosa, en los artículos de “La Codorniz” y otros. Ahí aparece el niño que mantiene su visión intacta del mundo, el humorista de vanguardia que no lo sabe, el que no ha perdido la mirada infantil sobre las cosas, secreto de Baudelaire y de otros genios, como Dylan Thomas. Lo que en Ionesco, su amigo, es talabartería y oficio, en Mihura es espontaneidad.
Su teatro se caracterizaba por su juego sutil con el disparate, los tópicos burgueses, el costumbrismo trascendido y la gracia exquisita.
Bajo perspectivas diferentes, el tema de la libertad aparecerá en “¡Sublime decisión!” (1955), “Mi adorado Juan” (1956) y “La bella Dorotea” (1963). En la primera, trata la emancipación de la mujer a finales del siglo XIX. En la segunda, invita al espectador a vivir al margen de las estrictas y convencionales normas sociales. En la última, refleja el enfrentamiento de Dorotea con una sociedad mezquina y cruel.
A partir de los cincuenta se produce un pequeño cambio en la obra de Mihura, donde la sátira se impone sobre el humor. Este viraje, que se aprecia en “El caso de la señora estupenda” (1953), se consolida en “A media luz los tres”. También participará en el guion de la película Bienvenido, Mister Marshall en 1952 junto a Bardem y Berlanga.
En 1976 fue elegido miembro de la Real Academia de la Lengua para ocupar el sillón K y jamás pudo llegar a tomar posesión. A este respecto contaba Francisco Umbral  la siguiente anécdota:
-Creo que mi oponente ha sido un general.
-Sí, Díez Alegría.
-¿Y para qué necesitan un general en la Academia?
-Como necesitan un almirante y un obispo. Para que les ilustre sobre los dialectos correspondientes.
-Ah, ya comprendo, el general les enseña a los académicos a decir PUM.
Cuando le preguntaron sobre qué iba a girar su discurso de ingreso, éste contestó:
-Sobre los humoristas. Hoy llaman humoristas a los caricatos de la tele. Hoy llaman humorista a un cuentachistes. Hoy llaman humorista a cualquiera. Y no es verdad, el humorista soy yo y el humorismo es lo mío.
La cultura de la incultura le había masacrado, como sigue ocurriendo, y no se resignaba. Pero la enfermedad y la muerte no le dieron tiempo para pronunciar su gran reivindicación académica.
Abandonó Madrid para ocupar un pisito permanente bajo una estrella azul el 28 de octubre de 1977.
                Al analizar su obra tengamos en cuenta que renovó el teatro cómico español con su facilidad para los juegos semánticos y el enredo con algo de absurdo. En sus obras se refleja el intento por ocultar el pesimismo y desencanto con la sociedad. Anticipa el teatro del absurdo por las situaciones ilógicas y la falta de coherencia en el discurso.
Recordemos que el teatro del Absurdo se caracteriza por tramas que parecen carecer de significado, diálogos repetitivos y falta de secuencia dramática que a menudo crean una atmósfera onírica. Tiene este teatro fuertes rasgos existencialistas y cuestiona la sociedad y al hombre. A través del humor y la mitificación escondían una actitud muy exigente hacia su arte. La incoherencia, el disparate y lo ilógico son también rasgos muy representativos de estas obras comunes.

Su obra comediográfica se clasifica en dos épocas:
Primer periodo (entre 1932 y 1946): predomina el enfrentamiento entre los protagonistas y su entorno social. “Tres sombreros de copa”, y otras obras compuestas en colaboración con otros autores como “Viva lo imposible o el contable de estrellas” (1939), “Ni pobre ni rico, sino todo lo contrario” (1943), “El caso de la mujer asesinadita” (1946).
Segundo periodo: obras cómico-costumbristas, de corte policíaco y de enredo, con títulos como “Maribel y la extraña familia” (1959), “Ninette y un señor de Murcia” (1964).

Obras:
¡Viva lo imposible! o el contable de estrellas (1939).
Ni pobre ni rico, sino todo lo contrario (1943).
El caso de la mujer asesinadita (1946).
Tres sombreros de copa (1952).
Una mujer cualquiera (1953).
El caso de la señora estupenda (1953).
A media luz los tres (1953).
El caso del señor vestido de violeta (1954).
Tres citas con el destino (1954).
¡Sublime decisión! (1955).
La canasta (1955).
Mi adorado Juan (1956).
Carlota (1957).
Melocotón en almíbar (1958).
Maribel y la extraña familia (1959).
El chalet de madame Renard (1961).
Las entretenidas (1962).
La bella Dorotea (1963).
Milagro en casa de los López (1964).
Ninette y un señor de Murcia (1964).
Ninette, modas de París (1966).
La tetera (1965).
La decente (1967).
Sólo el amor y la luna traen fortuna (1968).
               
Tres sombreros de copa.
                Muchas y muy buenas son las obras de Mihura, pero en esta ocasión me detendré con lo que desde mi particular punto de vista es su obra maestra: “Tres sombreros de copa”. Se trata de una comedia considerada como una de las obras maestras del teatro humorístico y que anticipa algunos aspectos del Teatro del absurdo; en ella se enfrentan el mundo de las restricciones y convencionalismos y el de la libertad y la imaginación, tema que será constante en su obra.
Supone, por su originalidad, una ruptura con el teatro cómico anterior. Mihura la escribió en unos tres meses, y según sus propias declaraciones, la creó «sin esfuerzo» y «con facilidad, con alegría, con sentimiento». Consideraba que había encontrado con esta obra un estilo propio y sin influencias ajenas, y se mostró orgulloso de su «virtud melódica», de su ritmo, de “esa cadencia especial que sonaba a verso”. Contrapone, mediante una feliz convivencia de lo poético y sentimental con lo humorístico y satírico, dos mundos enfrentados e irreconciliables:
a) el burgués, hipócrita, rígido y limitado por una moral estricta,
b) y otro más libre y vital, opuesto a la rutina y a los convencionalismos, en el que todavía es posible la imaginación y la pureza de sentimientos.
Cuando Mihura la dio a conocer a varios empresarios y actores en 1932, estos no la entendieron y la obra quedó sin estrenarse durante 20 años, hasta que en 1952 el Teatro Español Universitario la estrenó en una única sesión de cámara, dirigida por Gustavo Pérez Puig en el Teatro Español de Madrid.
Gustavo Pérez Puig pidió tres veces a Miguel Mihura que le permitiera dirigir “Tres sombreros de copa” y otras tantas, como San Pedro a Jesús, el segundo se lo negó. Hasta que le dijo que “sólo iba a hacer una función, con un grupo de universitarios”. Entonces el maestro transigió, la obra fue un éxito que lanzó las carreras de ambos.
El público, compuesto en gran parte por gente joven y entendida, la acogió con gran entusiasmo, y al poco tiempo se estrenó en régimen comercial, aunque el público habitual de los teatros tampoco la entendió, y se retiró de cartel tras haberse realizado 48 representaciones. El propio autor dijo que esta obra le llegó a caer «antipática», debido a las muchas dificultades para estrenarla.

El día en que estrenaron “Tres sombreros de copa” se metió en Chicote con Luis Calvo, director de “Abc”, para emborracharse y rezar por el fracaso de aquello. Resultó el éxito más grande de la posguerra. El éxito conseguido le supuso sacar del cajón donde dormían otras tres piezas teatrales, amén del inicio de la carrera interpretativa de actores como Juanjo Menéndez, Agustín González y Fernando Guillén, entre otros, protagonistas de la escena española del último medio siglo XX.
En esta obra podemos encontrar “los cimientos de Ionesco”, con la diferencia de que en Mihura hay siempre un hilo argumental del que tirar que, en esta caso, es “la crítica a la sociedad española de la época”, personificada en unos personajes ridículos confrontados con el mundo mágico del music-hall.
“Tres sombreros de copa” se conserva “espléndida, luminosa y sorprendente”, gracias al tema que trata y la manera de hacerlo. “Si haces –contaba Gustavo Pérez Puig–  una comedia de actualidad sobre Felipe González, cuando deja el poder no tiene efecto ninguno, pero si la haces sobre temas universales como el amor inesperado que te abre las puertas de un mundo desconocido, en una sociedad estúpida la obra sigue viva. Y si, además, el texto tiene un lenguaje vivo, brillante y divertido, lleno de ritmo, se convierte en un clásico al que no hay que tocar nada”.
Argumento:
La obra se divide en tres actos:

Primer acto:
La historia comienza en la habitación de un hotel. La puerta de la habitación se abre y aparecen Dionisio y Don Rosario, tras una ridícula conversación, en la que hablan desde las luces que se ven del balcón de la habitación hasta la futura boda de Dionisio don Rosario se despide dándole las buenas noches a Dionisio, pero antes de irse don Rosario, Dionisio telefonea a su novia.
Al quedarse solo, se entretiene jugando con los sombreros de copa que tiene para su boda de mañana. En medio del juego, entra Paula, gritando a Buby, que era además de su novio, su jefe, que estaba fuera de la habitación. Cuando por fin dejan de discutir, Paula inicia un interrogatorio sobre la vida de Dionisio, pero este le miente en todo, pues le dice que él es un malabarista que debutará con ellos al día siguiente en el Music Hall. Después del susodicho cuestionario, entra Buby. Con él se sostiene una ridícula conversación entre los tres. Durante toda la conversación está sonando el teléfono, pero Dionisio no contesta porque sabe que es su novia y no quiere que los demás se enteren. Les interrumpen las demás chicas del Music Hall invitándoles a una fiesta en la habitación de al lado.

Segundo acto:
Están todos bailando y bebiendo en la fiesta. Cuando Dionisio decide irse por causa del aburrimiento. Paula intenta retenerle, pero Buby va detrás de Paula intentando detenerla, pues quiere conseguir dinero a costa de que sus bailarinas se acuesten con los caballeros de la fiesta y Paula era la única que estaba con Dionisio por interés mutuo, pues entre los dos había algo muy bonito. Finalmente, Buby convenció a Paula para que pasara el resto de la fiesta con el Odioso Señor, pero este hombre intentó sobrepasarse, cosa que Paula no dejó. Cuando echó al Odioso Señor de su habitación, entró Dionisio, y continuó Paula con el interrogatorio que anteriormente había dejado a medias, pero Dionisio seguía mintiéndole, aun así, consiguió enamorar a Paula y cuando se estaban dando un fuerte beso, volvió a interrumpirles Buby, pero esta vez, golpeó a Paula en la cabeza y la dejó inconsciente tirada en el suelo. Dionisio recoge a Paula del suelo en el mismo instante en el que vuelve a sonar el teléfono. Esta vez, sí contesta porque se encuentra sólo y nadie se puede enterar de que tiene novia. En la conversación telefónica, Margarita, su novia, le dice que su padre se dirige hacia allí, y allí aparece.
Tercer acto:
Tiene lugar otra estúpida conversación, esta vez entre don Sacramento y Dionisio. Don Sacramento tachaba a Dionisio de bohemio, y le advertía que si no se convertía en una persona honorable, no le dejaría vivir en su casa con Margarita. Al marcharse don Sacramento, sale Paula de su escondrijo, ya consciente y con conocimiento de la vida de Dionisio. Éste se disculpó, diciendo que antes no la conocía y que ahora no se quiere casar con Margarita sino con ella; pero ahora ya es tarde para retirarse y se tiene que casar con Margarita. Paula lo acepta y le confiesa que ésa es la razón por la que odia a las novias de sus amigos. Les vuelve a interrumpir Don Rosario, pero antes de que entre, Paula se esconde detrás del biombo para que no se le vea. Cuando le avisan de que su coche ha llegado, tiene que irse y sólo se puede despedir de Paula con la mano.

Personajes:

Dionisio: Dionisio se presenta en la obra como un funcionario cursi, tímido, sin voluntad, aferrado a los convencionalismos sociales. Sólo aspira a un matrimonio también convencional: “todos los señores se casan a los veintisiete años”. Nada más entrar Paula en su habitación Dionisio evoluciona vertiginosamente hasta encontrar dentro de sí mismo, no sin dejar de sentir miedo, un verdadero bohemio: “¡Yo nunca he sido tan feliz!”, “unas horas solamente todo me lo han cambiado” Quiere romper con la vida que le estaba destinada pero no tiene fuerzas para ello y cae en la desilusión de aceptar que ha sido vencido por la ignorancia de tantos años, víctima de una educación burguesa y timorata. Así, la evolución de Dionisio es circular, ya que vuelve a adoptar la misma actitud con la que comienza la obra al aceptar acudir a su boda con la hija de Don Sacramento.

Paula: Maravillosa muchacha rubia. Se presenta a Dionisio como bailarina del ballet de Buby Barton. Es una chica sencilla, alegre y sincera. Aparentemente ingenua trata de transformar su mundo con su fantasía e imaginación para escapar de Buby y de lo que éste representa de servidumbre y vejación. Tiene que aguantar su brutalidad y aceptar relaciones con odiosos señores. Pero ella sabe que esto no es posible y acepta dejar las cosas igual que al principio. De Paula ha dicho el autor que ella únicamente se salva de todo lo ridículo, de todo lo imbécil que le rodea. Paula simboliza la libertad, los sueños, la poesía... Es la antítesis de Margarita y de todas las virtuosas señoritas que ésta representa.
En el segundo acto tras la escena de Paula con el Odioso Señor y la intervención de Buby, entra Dionisio y se fija en Paula. Ambos mantienen un diálogo sencillo e ingenuo buscando amistad y comprensión:
- “Es preciso que seamos buenos amigos [...] Me encontraba tan sola
- Mañana saldremos de paseo. Iremos a la playa [...] junto al mar... ¡Los dos solos!...”
Este momento de lirismo queda interrumpido cuando Paula se refiere a “mañana”. Dionisio pierde la alegría pero niega su noviazgo y enseguida se permite seguir soñando junto a Paula momentos felices en la playa y el mar.
- “Nos citaremos abajo y nos iremos enseguida al puerto y alquilaremos una barca... ¡Ya verás! ¡Qué gran día mañana!”
Este momento se ve alterado de nuevo por la aparición de los otros personajes. Dionisio rechaza la invitación de éstos para ir a ver amanecer. Entonces Paula también decide no ir y los dos se quedan a solas en la habitación. Este es el momento más sentimental entre ambos, que termina cuando Buby golpea a Paula cuando ésta está besando a Dionisio.
Al final, tras la aparición de Don Sacramento, Paula se da cuenta de que Dionisio se va a casar. Entre ellos hay un diálogo en el que Dionisio expresa a Paula su deseo de no casarse, ya que ha descubierto que hay mujeres que “al hablar no les palpita el corazón, pero les palpitan los labios en un constante sonreír...” Pero esta escena culmina con la aceptación de ambos de que sus caminos son opuestos; no pueden cambiar sus destinos.
Paula, llena de ternura, ayuda a Dionisio a vestirse de novio, y le va hablando dulcemente para que Dionisio lleve a cabo sin remordimiento la decisión que ha tomado desde el principio: casarse con Margarita.
Buby: es el que dirige el ballet, Music Hall, representa un puente entre los dos mundos expuestos en la obra. Por una parte, es un tópico del mundo del teatro y la opereta, del mundo del bohemio. Pero por otra parte también tiene características del mundo convencional y burgués: la importancia que le da al dinero, como explota a las chicas de su ballet y otros...

Personajes secundarios:

Fanny, Madame Olga, Sagra, Trudy, Carmela: son las artistas de un local llamado Music Hall el contrapunto del mundo burgués, pero a la vez están a su servicio. Representan el mundo subterráneo de una prostitución engañosa. El autor nos presenta a estos personajes como divertidos, alegres y superficiales.

Don Rosario: es el dueño del hotel donde se hospeda Dionisio, es un hombre muy cariñoso, tan cariñoso que mima a sus clientes.

Estructura:

Mihura recurre para la composición de esta obra a las tres unidades clásicas: de espacio, de tiempo y de acción. Todo transcurre de madrugada en una habitación de un hotel de segundo orden de una ciudad de provincias (unidad de espacio), en unas pocas horas (unidad de tiempo), y alrededor de una misma anécdota (unidad de acción): el descubrimiento, por parte de Dionisio, durante la víspera de su boda, de un mundo alegre y auténtico al que va a renunciar para integrarse en un sistema que en el fondo detesta. Este planteamiento del tiempo y la utilización del espacio son fundamentales para el desarrollo de la intriga.

Simbología:

Esta obra está llena de simbología y connotaciones. La acción sucede siempre en una «ciudad europea de segundo orden». Y en un hotel en el que se encuentran varios personajes que se disponen a participar en un festival circense de la misma ciudad. Algunos de esos elementos simbólicos son: -los sombreros que representa el vacío en el tiempo y que acaban conectando con la situación que vive el protagonista.

Puedes disfrutar esta maravillosa obra entrando aquí abajo (play enlace de Youtube)


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