"Cojuelo corre" otro fragmento de la novela de Miguel Navarro

Fragmento del capítulo XXIV de mi nueva novela “Cojuelo corre”.

“La vejez es un tirano que prohíbe bajo pena de muerte, todos los placeres de la juventud.” Duque de La Rochefoucauld

Amaneció un nuevo día, sobre la flor del azahar con aromas de cañas y brea, con salitre en el paladar, cuando Críspulo alzase de la cama para desayunar, no eran antes de las ocho, ni las nueve tampoco, pues el sueño es pesado después de tanto viajar, por caminos dispares, por aventuras sin par. Vacía parecía la casa y se sirvió al paladar un buen café para desayunar, mientras alguien diera señales de vida o se dignara despertar.
Mayte Bona caracterizada como el Diablo
Cojuelo en "La escuela de los vicios"

Al poco un ruido alteró su estado de percepción y, sin más diligencias, al pasillo salió, para ver quien amanecía, para pillar a quien salía, a hurtadillas, como ladrón que se desliza en la sombra, furtiva sombra de belleza seductora, que de la habitación de invitados a la calle huía. Considerando las trastadas de su camarada, no concibió más que algo agradable para quien dormir no podía, más todo se vino abajo, cuando de reojo, la muchacha dijo: 
– Hasta mañana sobrino.
Un huracán tremebundo, una furia desencadenada, un chispazo raudo, salió al pasillo, a la calle, mas no quedaba nadie. ¿Sueño? ¿Ilusión? Obra del diablo será pensar con buena razón. Sin tardar, a la habitación de Cojuelo se dirigió en el momento que este se revestía y salía a su encuentro.
– Tengo sospechas –dijo Cris.
– ¿Ciertas o inciertas? Lo que hay en la tierra damos por cierto, aun cuando es producto de nuestros sueños, mientras que lo que no vemos damos por incierto, cuando es tan necesario como el aire que respiramos. 
– Deja de guasas Cojuelo. ¿Era mi tía abuela esa que por la puerta salía?
– Buena vista tienes mozalbete, que ella era cual lozana flor primaveral, que al calor del estío su vida vuelve a gozar. Antes de una hora, un moreno encontrará y juntos pasarán hasta mañana el alba clarear.
– La vas a matar –sentenció el sobrino preocupado–. A su edad no debería abusar. ¿Qué magia has hecho?
Cojuelo giró el rostro hacia su amigo y sus ojos alargados, profundos, lejanos y oscuros, agudizaron la mirada con su entidad oculta, con su alma eterna sobre la mesa.
– Ella sabe que poco queda ya y que el cuerpo no responde, que pronto partirá. ¿Piensas que los ancianos, por ser viejos son trastos inútiles, sin sentimientos ni ganas de vivir? Los dejáis abandonados, arrinconados en salas asépticas donde dormitan hasta que agonizan y, porque no pueden hablar, porque tienen dificultades para recordar o incluso para respirar, pensáis que no tienen deseos, ni futuro, ni alma. Sus horas se agotan y ya no pueden renovar su vida. Anoche vino y disfrutamos, y ahora, durante unas horas, volverá a ser quien era. Déjala que viva, que a veces condenamos a quien no lo merecía y absolvemos a quien cumplir condena debería.
Cris permaneció callado durante unos segundos hasta que tan solo se le ocurrió susurrar:
– Cuando se entere mi otra tía…
– La otra fue antes y ya salió de madrugada –respondió el diablillo con sonrisa pícara.
Las cataratas de Iguazú en forma de versículos de la Biblia, con adjetivos malsonantes y adverbios blasfemos, se lanzaron en tropel sobre Cojuelo que los esperaba y evitaba, con blanco guante y gallardo gesto. Al ver que era imposible a un demonio convencer, Crís le dijo a su amigo que salir es bueno y que ahora, durante el día, los espías ya no estarían.
Se dirigieron por la calle Sagunto hasta…"

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Ya tenemos portada definitiva.

Ya tenemos portada para este libro andariego que recorre media España, por tierra, mar y cielo.

– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)

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