Soneto pidiendo la palabra a su dama. (Gaspar Aguilar)



Muerta en Numancia la orgullosa gente,
y tantas vidas y honras ha costado,
por honra de aquel pueblo desdichado
queda vivo un muchacho solamente.


El cual puesto en lugar muy eminente
dar promete las llaves del Senado,
y cumple con las llaves abrazado
la palabra y la vida juntamente.

Mas tu Tirsi, con bríos de ira llenos
me ofreciste las llaves de tu fuerte,
y viene a menos la palabra dada.

Pero qué digo, ay triste, viene a menos,
que tu palabra de ninguna suerte 
puede venir a menos siendo nada.



                               Gaspar Aguilar.


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