El novelista y poeta Rafa Pérez Herrero, el historiador Julio Cob y la cantante M Isabel Gárciga en una maravillosa tarde en RwRadioDigital, con mi programa El hidalgo de las palabras.
Puedes escuchar la entrevista accediendo en el enlace:
Un
diamante en bruto no puede dejar de ser un diamante. Este es el destino de “Las
crónicas del Ángel: La noche roja” de Marisol Sales Giménez. Quizás la obra no
sea el Quijote y su trama similar a otras de su género, pero yo no le pido más
a una joven de 15 años, que es capaz de levantar con sumo cuidado la
arquitectura de una novela cuidando registros orales y componiendo el
rompecabezas en un mosaico colorido.
He tenido
el placer de leer esta obra y doy fe que es una novela ágil, directa, dinámica.
La trama no decae. Conecta con los jóvenes porque transmite el mensaje en su
idioma, un idioma creíble y entendible para ellos. Valora sobre todo la
relación entre los hermanos, la amistad y la sinceridad. Carece de falsas
pedanterías que puedan enrarecer un mensaje puro y cristalino.
Sus
personajes, como ella misma reconoce, crecen parejos a su autora. En algún
momento alguien realizará un estudio sobre el crecimiento literario de J K
Rowling profundizando en el mundo victoriano o en la temática de Shakespeare al
tiempo que escribía la saga de Harry Potter. Algo similar sucede en estos
personajes que ya apuntan maneras. Lejos de parecer sujetos cerrados y planos,
destilan en ellos pinceladas que presagian una evolución interesante.
Esta
muchacha, con acierto, deja la puerta abierta a la continuación de una saga que
se desarrolla y evoluciona entre el mundo real y fantástico. Marisol destila
imaginación y un cierto toque de humor. Recomiendo a los lectores el capítulo
dedicado al manicomio y la escena del perro.
También
descubrimos su interés por la exactitud y los pequeños detalles a través de
unas descripciones que recrean el entorno plasmando de colorido la historia,
visualizando el contexto en el que se desenvuelven los personajes y su, por
expresarlo de alguna manera en este tipo de novelas y con una autora tan joven,
factor psicológico en los objetos y situaciones. El efecto sobre Ángel, el
protagonista, de la cena previa a la batalla tiene un factor decisivo para los
acontecimientos posteriores. La ambientación del mundo que rodea a William nos
muestra un personaje singular.
Un mundo
creado por Marisol que, de forma involuntaria, desvela cierto interés social,
como el caso de las relaciones padres/hijos, la necesidad de adaptarse a los
cambios (los protagonistas sufren una mutación que les hace “diferentes”) o la
importancia de los abuelos en la formación de los nietos.
Un mundo
espiritual, un mundo diabólico, la eterna lucha entre el bien y el mal, pero
¿será siempre así? Recomiendo la lectura de este libro a los jóvenes y a los no
tan jóvenes. A estos últimos para que descubran que nuestros hijos no son tan
autómatas como parecen y no necesitan de tanto artilugio informático. Por
cierto, admiro a nuestra autora por su valentía, pero también por otros
factores que me han dejado sorprendido. ¡Sus borradores los realiza sobre el
folio!; después los pasa al ordenador.
La conocí
cuando la entrevisté en El hidalgo de las
palabras de RwRadioDigital el día 21 de octubre de 2015. Ese día quedé gratamente
sorprendido con algunas de sus respuestas. En uno de los momentos de la
entrevista la pregunté con quién se identificada, pensando que su respuesta se
ubicaría en alguno de sus personajes. En cambio respondió que ella era la
autora y que un autor debe conocer y dosificar lo que hay de él en cada sujeto.
Respuesta digna de considerar y comparar con otros autores consagrados. Aconsejo
la entrevista, no por mi humilde intervención sino por las sorprendentes y
maduras contestaciones que ofreció a los oyentes.
Por algún
motivo será que este libro es de lectura obligada en 53 colegios españoles. Un
libro digno de ser analizado y estudiado por los más pequeños y que despierta
su interés por la lectura y, también, por la creación literaria.
Como he
dicho al principio, Marisol Sales Giménez es un diamante que puede dar brillo a
nuestra literatura en un futuro que espero no sea demasiado lejano. Por el
momento quedo pendiente de la continuación de la saga. Por favor Marisol que no
tarde en llegar.
Durante esta semana, por todo el
territorio nacional, se han realizado diversos homenajes literarios y
religiosos a Teresa de Cepeda y Ahumada, más conocida como santa Teresa de
Jesús o simplemente Teresa de Ávila, en la conmemoración del V centenario de su
nacimiento. En Valencia mencionar el maravilloso recital poético organizado por
la asociación Concilyarte en la Iglesia de San Miguel de los Reyes. Dieciocho
poetas dieron lectura a textos de la santa o bien crearon sus propios poemas de
homenaje.
Autores, creyentes o no, han rendido
sus pies ante una de las figuras más representativas de nuestra literatura. Aunque
no es el caso de Concilyarte, en estas ocasiones su semblante queda desdibujado
por algunas apreciaciones erróneas. Se olvidan puntos fundamentales en la vida
y obra de la santa andariega que profundizaba en la búsqueda de Dios.
Tres puntos básicos para poder entender
a Santa Teresa son: su profunda religiosidad, su búsqueda interior y misticismo,
y la belleza de Dios en la perfección literaria. Desligar a esta Santa de su consideración
como Doctora de la Iglesia Católica es amputar una parte de su concepción del
mundo, del arte y de la poesía.
Versión
de Manantial Folk, del tema "Vivo sin vivir en mí" escrito por Santa
Teresa de Jesús. Forma parte del disco-libro "La luz de la palabra"
para el V Centenario de su nacimiento.
Magnífica interpretación de un magnífico tema.
Sirva como pequeño homenaje este poema
suyo:
Vivo
sin vivir en mí,
y
tan alta vida espero,
que
muero porque no muero.
Vivo
ya fuera de mí
después
que muero de amor;
porque
vivo en el Señor,
que
me quiso para sí;
cuando
el corazón le di
puse
en él este letrero:
que
muero porque no muero.
Esta
divina prisión
del
amor con que yo vivo
ha
hecho a Dios mi cautivo,
y
libre mi corazón;
y
causa en mí tal pasión
ver
a Dios mi prisionero,
que
muero porque no muero.
¡Ay,
qué larga es esta vida!
¡Qué
duros estos destierros,
esta
cárcel, estos hierros
en
que el alma está metida!
Sólo
esperar la salida
me
causa dolor tan fiero,
que
muero porque no muero.
¡Ay,
qué vida tan amarga
do
no se goza el Señor!
Porque
si es dulce el amor,
no
lo es la esperanza larga.
Quíteme
Dios esta carga,
más
pesada que el acero,
que
muero porque no muero.
Sólo
con la confianza
vivo
de que he de morir,
porque
muriendo, el vivir
me
asegura mi esperanza.
Muerte
do el vivir se alcanza,
no
te tardes, que te espero,
que
muero porque no muero.
Mira
que el amor es fuerte,
vida,
no me seas molesta;
mira
que sólo te resta,
para
ganarte, perderte.
Venga
ya la dulce muerte,
el
morir venga ligero,
que
muero porque no muero.
Aquella
vida de arriba
es
la vida verdadera;
hasta
que esta vida muera,
no
se goza estando viva.
Muerte,
no me seas esquiva;
viva
muriendo primero,
que
muero porque no muero.
Vida,
¿qué puedo yo darle
a
mi Dios, que vive en mí,
si
no es el perderte a ti
para
mejor a Él gozarle?
Quiero
muriendo alcanzarle,
pues
tanto a mi Amado quiero,
que
muero porque no muero.
A continuación breve biografía de la santa
tomada de Wikipedia:
Teresa de Cepeda y Ahumada, más conocida como
santa Teresa de Jesús o simplemente Teresa de Ávila (Gotarrendura o Ávila, 28
de marzo de 1515 – Alba de Tormes, 4 de octubre de 1582), fue una religiosa,
fundadora de las carmelitas descalzas, rama de la Orden de Nuestra Señora del
Monte Carmelo (o carmelitas), mística y escritora española. Doctora de la Iglesia
católica. Junto con san Juan de la Cruz, se considera a santa Teresa de Jesús
la cumbre de la mística experimental cristiana y una de las grandes maestras de
la vida espiritual en la historia de la Iglesia.
Se llamaba Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y
Ahumada, aunque generalmente usó el nombre de Teresa de Ahumada hasta que
comenzó la reforma, cambiando entonces su nombre por Teresa de Jesús.
El padre de Teresa era Alonso Sánchez de
Cepeda, hijodalgo a fuero de España, que se encontraba en la Suertes de los
Fielazgos en la Cuadrilla de Blasco Jimeno o de San Juan, de la ciudad de
Ávila. Hijo de Juan Sánchez de Toledo, éste era un bien establecido comerciante
de origen judío converso, casado a su vez con Inés de Cepeda, también de origen
converso cuya familia era originaria de Tordesillas pero se había establecido
en Toledo. En 1485 tras el establecimiento del Tribunal de la Inquisición en la
ciudad, Juan Sánchez confesó voluntariamente ante éste y recibió una pena
menor. Posteriormente pudo obtener la reconocimiento de hidalguía con
ejecutoria presentando pleito ante la Real Chancillería de Ciudad Real (que
luego trasladó a la de Granada) en 1500.
Alonso se casó dos veces. La primera, con
doña Catalina del Peso y Henao, tuvo dos hijos: doña María y el capitán Juan
Vázquez de Cepeda. Con su segunda esposa, doña Beatriz Dávila y Ahumada,
pariente de la anterior, que murió cuando Teresa contaba unos 13 años, tuvo
otros diez: Hernando, Rodrigo, Teresa, Juan (de Ahumada), Lorenzo, Antonio,
Pedro, Jerónimo, Agustín y Juana.
Según relata la propia Teresa en los escritos
destinados a su confesor y reunidos en el libro Vida de Santa Teresa de Jesús,
desde sus primeros años mostró Teresa una imaginación vehemente y apasionada.
Su padre, aficionado a la lectura, tenía algunos romanceros; esta lectura y las
prácticas piadosas comenzaron a despertar el corazón y la inteligencia de la
pequeña Teresa con seis o siete años de edad.
En dicho tiempo pensó ya en sufrir el
martirio, para lo cual, ella y uno de sus hermanos, Rodrigo, un año mayor,
trataron de ir a las «tierras de infieles», es decir, tierras ocupadas por los
musulmanes, pidiendo limosna, para que allí los descabezasen. Su tío los trajo
de vuelta a casa. Convencidos de que su proyecto era irrealizable, los dos hermanos
acordaron ser ermitaños. Teresa escribe:
“En una huerta que había en casa,
procurábamos como podíamos, hacer ermitas, poniendo unas piedrecitas, que luego
se nos caían, y así no hallábamos remedio en nada para nuestro deseo... Hacía
(yo) limosna como podía, y podía poco. Procuraba soledad para rezar mis
devociones, que eran hartas, en especial el rosario... Gustaba (yo) mucho
cuando jugaba con otras niñas, hacer monasterios como que éramos monjas.”
Parece que perdió a su madre hacia 1527, o
sea a los 12 años de edad. Ya en aquel tiempo su vocación religiosa había sido
continuamente demostrada. Aficionada a la lectura de libros de caballerías,
“Comencé a traer galas, y a desear contentar
en parecer bien, un mucho cuidado de manos y cabello y olores, y todas las
vanidades que en esto podía tener, que eran hartas, por ser muy curiosa...
Tenía primos hermanos algunos... eran casi de mi edad, poco mayores que yo;
andábamos siempre juntos, teníanme gran amor y en todas las cosas que les daba
contento, los sustentaba plática y oía sucesos de sus aficiones y niñerías, no
nada buenas... Tomé todo el daño de una parienta (se cree que una prima), que
trataba mucho en casa... Con ella era mi conversación y pláticas, porque me
ayudaba a todas las cosas de pasatiempo, que yo quería, y aun me ponía en
ellas, y daba parte de sus conversaciones y vanidades. Hasta que traté con
ella, que fue de edad de catorce años... no me parece había dejado a Dios por
culpa mortal.”
Afectada por una grave enfermedad, volvió a
casa de su padre, y ya curada, la llevaron al lado de su hermana María de
Cepeda, que con su marido, don Martín de Guzmán y Barrientos, vivía en
Castellanos de la Cañada, alquería de la dehesa que lleva dicho nombre, hoy
sita en el término municipal de Zapardiel de la Cañada (Ávila). Luchando
consigo misma, llegó a decir a su padre que deseaba ser monja, pues creía ella,
dado su carácter, que el haberlo dicho bastaría para no volverse atrás. Su
padre contestó que no lo consentiría mientras él viviera. Sin embargo, Teresa
dejó la casa paterna, y entró el 2 de noviembre de 1533 en el convento de la
Encarnación, en Ávila, y allí profesó el día 3 de noviembre de 1534.
Tras entrar al convento su estado de salud
empeoró. Padeció desmayos, una cardiopatía no definida y otras molestias. Así
pasó el primer año. Para curarla, su padre la llevó en 1535 a Castellanos de la
Cañada, con su hermana. En dicha aldea permaneció Teresa hasta la primavera de
1536. En Castellanos de la Cañada habría logrado la conversión de un clérigo concubinario.
Entonces pasó a Becedas (Ávila). De vuelta en Ávila, el Domingo de Ramos de
1537, sufrió un paroxismo de cuatro días en casa de su padre, quedando
paralítica por más de dos años. Antes y después del paroxismo, sus
padecimientos físicos fueron horribles.
A mediados de 1539 Teresa recuperó la salud;
según la tradición ello fue debido a la intercesión de san José. Con la salud
Teresa recuperó las aficiones mundanas, fáciles de satisfacer, puesto que la
clausura sólo se impuso como obligatorio a todas las religiosas a partir de
1563. En esa época Teresa de Ávila vivió nuevamente en el convento de la
Encarnación, donde recibía frecuentes visitas.
Poco después, Teresa abandonó la oración
(1541). Según su testimonio se le apareció Jesucristo (1542) en el locutorio
con semblante airado, reprendiéndole su trato familiar con seglares. No
obstante, la monja no cambió su estilo de vida por varios años, hasta su
conversión definitiva hacia el año 1554 o 1555, tras la vista de una talla
policromada de un Ecce homo, en su propia expresión, «de Cristo muy llagado»
(Vida 9, 1).11
El padre de Teresa falleció en 1541. El
sacerdote que lo había asistido en sus últimos momentos, el dominico Vicente
Barón, se encargó de dirigir la conciencia de Teresa rememorando las últimas
palabras del padre de ésta. Posteriormente, impresionada por estas palabras,
Teresa enmendó su conducta y estuvo dispuesta a corregir sus faltas. Al cabo,
Teresa se confortó con la lectura de las Confesiones, de San Agustín.
Por aquellos años, los jesuitas Juan de
Prádanos y Baltasar Álvarez fundaron en Ávila un colegio de la Compañía (1555).
Teresa confesó con Prádanos; al año siguiente (1556) comenzó a sentir grandes
favores espirituales y poco después se vio animada (1557) por San Francisco de
Borja. Tuvo en 1558 su primer rapto y la visión del infierno. Tomó por confesor
(1559) a Baltasar Álvarez, que dirigió su conciencia durante unos seis años, y
disfrutó, dice, de grandes favores celestiales, entre los que se contó la
visión de Jesús resucitado. Hizo voto (1560) de aspirar siempre a lo más
perfecto. San Pedro de Alcántara aprobó su espíritu y San Luis Beltrán la animó
a llevar adelante su proyecto de reformar la Orden del Carmen, concebido hacia
dicho año.
Teresa quería fundar en Ávila un monasterio
para la estricta observancia de la regla de su orden, que comprendía la
obligación de la pobreza, de la soledad y del silencio. Por mandato de su
confesor, el dominico Pedro Ibáñez, escribió su vida (1561), trabajo que
terminó hacia junio de 1562; añadió, por orden de fray García de Toledo, la
fundación de San José; y por consejo de Soto volvió a escribir su vida en 1566.
Aquí es oportuno copiar al biógrafo francés
Pierre Boudot:
“En todas las páginas (del libro de su vida)
se ven las huellas de una pasión viva, de una franqueza conmovedora, y de un
iluminismo consagrado por la fe de fieles. Todas sus revelaciones atestiguan
que creía firmemente en una unión espiritual entre ella y Jesucristo; veía a
Dios, la Virgen, los santos y los ángeles en todo su esplendor, y de lo alto
recibía inspiraciones que aprovechaba para la disciplina de su vida interior.
En su juventud las aspiraciones que tuvo fueron raras y parecen confusas; sólo
en plena edad madura se hicieron más distintas, más numerosas y también más extraordinarias.
Pasaba de los cuarenta y tres años cuando por vez primera vivió un éxtasis. Sus
visiones intelectuales se sucedieron sin interrupción durante dos años y medio
(1559–1561). Sea por desconfianza, sea para probarla, sus superiores le prohibieron
que se abandonase a estos fervores de devoción mística, que eran para ella una
segunda vida, y la ordenaron que resistiera a estos arrobamientos, en que su
salud se consumía. Obedeció ella, mas a pesar de sus esfuerzos, su oración era
tan continua que ni aun el sueño podía interrumpir su curso. Al mismo tiempo,
abrasada de un violento deseo de ver a Dios, se sentía morir. En este estado
singular tuvo en varias ocasiones la visión que dio origen al establecimiento
de una fiesta particular en la Orden del Carmelo.”
El biógrafo francés alude al suceso (1559)
que refiere la santa en estas líneas:
“Vi a un ángel cabe mí hacia el lado
izquierdo en forma corporal... No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el
rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parece todos
se abrasan... Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me
parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas
veces y que me llegaba a las entrañas: al sacarle me parecía las llevaba
consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el
dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me
pone este grandísimo dolor que no hay desear que se quite, ni se contenta el
alma con menos que Dios. No es dolor corporal, sino espiritual, aunque no deja
de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa
entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare
que miento... Los días que duraba esto andaba como embobada, no quisiera ver ni
hablar, sino abrasarme con mi pena, que para mí era mayor gloria, que cuantas
hayan tomado lo criado.” Vida de Santa Teresa, cap. XXIX
Para perpetuar la memoria de dicha misteriosa
herida, el Papa Benedicto XIII, a petición de los Carmelitas de España e
Italia, estableció (1726) la fiesta de la transverberación del corazón de Santa
Teresa. El biógrafo francés agrega:
“Hasta exhalar el último suspiro Teresa gozó
la dicha de conversar con las personas divinas, que la consolaban o revelaban
ciertos secretos del cielo; la de ser transportada al infierno o al purgatorio,
y aun la de presentir lo venidero.”
A fines de 1561 recibió Teresa cierta
cantidad de dinero que le remitió desde el Perú uno de sus hermanos, y con ella
se ayudó para continuar la proyectada fundación del Convento de San José. Para
la misma obra contó con el concurso de su hermana Juana, a cuyo hijo Gonzalo se
dice que resucitó la Santa. Esta, a principios de 1562, marchó a Toledo a casa
de doña Luisa de la Cerda, en donde estuvo hasta junio. En el mismo año conoció
al padre Báñez, que fue luego su principal director, y a fray García de Toledo,
ambos dominicos.
Descontenta con la «relajación» de las normas
que en 1432 habían sido mitigadas por Eugenio IV, Teresa decidió reformar la
orden para volver a la austeridad, la pobreza y la clausura que consideraba el
auténtico espíritu carmelitano. Pidió consejo a Francisco de Borja y a Pedro de
Alcántara que aprobaron su espíritu y su doctrina.
Después de dos años de luchas llegó a sus
manos la bula de Pío IV para la erección del convento de San José, en Ávila,
ciudad a la que había regresado Teresa. Se abrió el monasterio de San José (24
de agosto de 1562); tomaron el hábito cuatro novicias en la nueva Orden de las
Carmelitas Descalzas de San José; hubo alborotos en Ávila; se obligó a la Santa
a regresar al convento de la Encarnación, y, calmados los ánimos, vivió Teresa
cuatro años en el convento de San José con gran austeridad. Las religiosas
seguidoras de la reforma de Teresa, dormían sobre un jergón de paja; llevaban
sandalias de cuero o madera; consagraban ocho meses del año a los rigores del
ayuno y se abstenían por completo de comer carne. Teresa no quiso para ella
ninguna distinción, antes bien siguió confundida con las demás religiosas no
pocos años.
La reforma propugnada por Teresa junto a San
Juan de la Cruz, que, como se verá, comprendió también a los hombres, se llamó
de los Carmelitas Descalzos, y progresó rápidamente, no obstante los escasos
recursos de que disponía la santa. El padre Rossi, general del Carmen, visitó
(1567) el convento de San José, lo aprobó, y dio permiso a Teresa para fundar
otros de mujeres y dos de hombres. La santa, en aquel año, marchó a Medina del
Campo para posesionarse de otro convento; estuvo en Madrid, y en Alcalá de
Henares arregló el convento de descalzas fundado por su amiga María de Jesús.
Por entonces se empezó a tratar de la reforma para hombres. En 1562 llegó a
Malagón y fundó otro monasterio de la reforma. El monasterio fue bendecido en
su inauguración el día de Ramos (11 de abril) de 1568. Como anécdota y dato
curioso cabe decir que en la celda del monasterio que ocupó Santa Teresa hay
una imagen suya sentada escribiendo en una pequeña mesa y que sólo se expone
una vez cada 100 años en esa iglesia. Actualmente, en el monasterio viven
carmelitas de clausura.
De Malagón se trasladó Teresa a Toledo, a
donde llegó enferma (1568), y tras una corta residencia en Escalona, regresó a
la ciudad de Ávila. De ella salió para Valladolid; allí dejó establecido otro
convento, y por Medina y Duruelo de Blascomillán (Ávila), volvió al de Ávila
(1569). Pasó a Toledo y Madrid; de aquí otra vez a Toledo, ciudad en la que
experimentó muchas dificultades para la fundación de un convento, la cual quedó
hecha a 13 de mayo, y vencidos otros obstáculos, tomó posesión del Convento de
la Concepción Francisca de Pastrana (9 de julio). De vuelta en Toledo, allí
permaneció un año, durante el cual hizo algunas breves excursiones a Medina,
Valladolid y Pastrana. En Duruelo de Blascomillan (Ávila) se había fundado el
primer convento de hombres (1568). Se afirma que vio Teresa milagrosamente el
martirio del Padre Acevedo y otros 40 Jesuitas asesinados (1570) por el pirata
protestante Jacobo Soria. Tras una visita a Pastrana, de donde regresó a
Toledo, entró en Ávila (agosto).
Poco después se fundaba en Alcalá el tercer
convento de descalzos, y en Salamanca, ciudad en que estuvo la santa, el
séptimo de descalzas, al que siguió otro de mujeres en Alba de Tormes (25 de
enero de 1571). De Alba volvió Teresa a Salamanca, siendo hospedada en el
palacio de los condes de Monterrey; pasó a Medina, y de vuelta en Ávila, aceptó
el priorato del convento de la Encarnación, cuya reforma consiguió. El priorato
duró tres años. Se fundaron varios conventos más de descalzos; algunos en
Andalucía abrazaron la reforma, y comenzó la discordia entre calzados y
descalzos, todo ello en 1572, año en que Teresa recibió muchos favores
espirituales en el convento de la Encarnación: tales fueron su desposorio
místico con Jesucristo y un éxtasis en el locutorio cuando conversaba con San
Juan de la Cruz. Teresa, que en el transcurso de su vida escribió muchas
cartas, estuvo en Salamanca en 1573. Allí, obedeciendo a su director, el
jesuita Ripalda, redactó el libro de sus fundaciones.
Vivió después en Alba (1574), de la que, a
pesar de hallarse enferma y muy atribulada, pasó por Medina del Campo y Ávila a
Segovia. En esta ciudad fundó otro convento, al que pasaron las religiosas del
monasterio de Pastrana que fue abandonado debido al intento de doña Ana de
Mendoza de la Cerda, la princesa de Éboli, de convertirse en religiosa bajo el
nombre de sor Ana de la Madre de Dios, siguiendo un estilo de vida desapegado a
la norma de la orden.
En dicho año se denunció a la Inquisición por
primera vez la autobiografía de Teresa, que, de regreso en Ávila, terminado (6
de octubre) su priorato en la Encarnación, volvió a su convento de San José. A
fines de año marchó a Valladolid. En principios de enero de 1575 por Medina del
Campo, llegó a Ávila, y deteniéndose en Fontiveros, fue a Beas de Segura (Jaén)
invitada por Catalina Godínez para funda allí. El camino lo hizo por Toledo,
Malagón y Torre de Juan Abad, donde tomó ceniza el día 16 de febrero, en el
trayecto se perdió en Sierra Morena, llegando esa misma tarde para la fundación
del décimo convento de Carmelitas Descalzas (Beas de Segura), el 24 de febrero
de 1575. En abril conoció al P. Jerónimo Gracián que estaba en Sevilla como
visitador de la Orden, salió camino de la Corte, y enterado que estaba la santa
en Beas desvió su camino, fue un encuentro gratificante para ambos. En Beas
recibió una denuncia que puso la princesa de Éboli a la Inquisición española
por el Libro de su Vida. Después se trasladó Teresa a Sevilla el 18 de mayo,
estando enferma, y pasó grandes incomodidades en el viaje. Sufrió también
grandes contradicciones en Sevilla, aunque logró fundar en ella el undécimo
convento de descalzas.
Estalló la discordia entre carmelitas
calzados y descalzos en el capítulo general celebrado por aquellos días en
Plasencia; en virtud de las bulas pontificias se acordó tratar con rigor a los
descalzos, que se habían extralimitado en sus fundaciones, y como fuera el
padre Gracián (21 de noviembre), por comisión del nuncio, a visitar a los
carmelitas calzados de Sevilla, estos resistieron la visita con gran alboroto.
El padre Salazar, provincial de Castilla, intimó a Teresa que no hiciera más
fundaciones y que se retirase a un convento sin salir de él. Trató la santa de
retirarse a Valladolid, pero se opuso Gracián. En Sevilla estaba Teresa al
fundarse en Caravaca (1 de enero de 1576) el duodécimo convento de descalzas.
Delatada a la Inquisición por una religiosa salida del convento, eligió para su
residencia el convento de Toledo. Dejó Sevilla (4 de junio), llegó a Malagón
(11 de junio), y de allí a Toledo, donde ya estaba a principios de julio. Antes
de establecerse, marchó al convento de Ávila para arreglar varios asuntos; pero
regresó rápidamente a Toledo en compañía de Ana de San Bartolomé, a la que
había tomado por secretaria. Allí concluyó el libro de Las fundaciones, las
cuales se suspendieron en los cuatro años que duraron las persecuciones y
conflictos entre calzados y descalzos. Eligió en Toledo por confesor a
Velázquez.
Propaladas muchas calumnias contra Teresa, se
trató de enviarla a un convento americano. Hizo la santa un viaje de Toledo a
Ávila (julio de 1577), para someter a la Orden del Carmen el convento de San
José, antes sujeto al ordinario. Miguel de la Columna y Baltasar de Jesús,
desertores de la reforma, extendieron las calumnias contra los descalzos, a los
que con tal motivo persiguió el nuncio Felipe Sega. Acudió Teresa al rey, que
tomó en sus manos el asunto. Las monjas de la Encarnación, en Ávila, la
eligieron priora, a pesar de las censuras del padre Valdemoro (octubre de
1577). La santa escribió (julio a noviembre) el libro de Las moradas. Sostuvo
luego (1578) una polémica con el padre Suárez, provincial de los Jesuitas, y el
nuncio redobló sus persecuciones hasta el punto de pretender destruir la
reforma, desterrando a los principales descalzos y confinando a Toledo a
Teresa, por él calificada de «fémina inquieta y andariega». En Sevilla un
confesor delató a la Inquisición las supuestas faltas de la priora de las
descalzas y de Teresa misma, sobre lo cual se formó un ruidoso expediente que
puso en claro la inocencia de ambas.
Aquel año de 1578 la santa lo pasó en Ávila,
y fue el más triste para Teresa, pues en una de sus cartas decía que le hacían
guerra todos los demonios. Por entonces se hizo otra denuncia del Libro de su
Vida. Desde principios de 1579 comenzó a calmarse la tempestad contra Teresa y
su reforma. La santa escribió en Ávila (6 de junio) los cuatro avisos que dijo
haber recibido del mismo Dios para aumento y conservación de su orden, los
cuales publicó Fray Luis de León al fin del libro de la Vida. De Ávila salió
(25 de junio) para visitar sus conventos. Sucesivamente estuvo en Medina del
Campo, Valladolid, otra vez en Medina, en Alba de Tormes y Salamanca. De
regreso en Ávila (noviembre), salió para Malagón, a pesar de estar enferma, y
llegó a dicho pueblo (día 19) pasando por Toledo. En Villanueva de la Jara
asistió a la fundación (21 de febrero de 1580) del decimotercer convento de
descalzas. Regresó a Toledo, a pesar del mal estado de su salud y de los
dolores de un brazo que se había roto (1577) resultado de una caída. En Toledo
tuvo una parálisis y fallas cardíacas, que la pusieron a las puertas de la
muerte. De allí pasó a Segovia y volvió a la ciudad de Ávila. Por aquellos días
Gregorio XIII expidió las bulas (22 de junio) para la formación de provincia
aparte para los descalzos. Teresa visitó Medina y Valladolid, donde cayó
gravemente enferma. En Palencia fundó otro convento, al que siguieron dos de
descalzos, uno en Valladolid y otro en Salamanca, ambos fundados en 1581. El
decimoquinto de descalzas quedó fundado por la santa en Soria (3 de junio de
1581). Luego Teresa pasó por el Burgo de Osma, Segovia y Villacastín a la
ciudad de Ávila, en la que las monjas del convento de San José la eligieron
priora, cargo que hubo de aceptar. Después estuvo (1582) en Medina del Campo,
Valladolid, Palencia y Burgos, casi siempre enferma.
Supo que en Granada se había fundado el
decimosexto convento de carmelitas, y uno de descalzos en Lisboa. El
decimoséptimo de descalzas lo fundó ella en Burgos, donde escribió sus últimas
fundaciones, incluyendo la de dicha ciudad. Saliendo de Burgos pasó por
Palencia, Valladolid, cuya priora la echó del convento, Medina del Campo, cuya
priora también la despreció, y Peñaranda. Al llegar a Alba de Tormes (20 de
septiembre) su estado empeoró. Recibido el viático y confesada, murió en brazos
de Ana de San Bartolomé la noche del 4 de octubre de 1582 (día en que el
calendario juliano fue sustituido por el calendario gregoriano en España, por
lo que ese día pasó a ser, viernes, 15 de octubre). Su cuerpo fue enterrado en
el convento de la Anunciación de esta localidad, con grandes precauciones para
evitar un robo. Exhumado el 25 de noviembre de 1585, quedó allí un brazo y se
llevó el resto del cuerpo a Ávila, donde se colocó en la sala capitular; pero
el cadáver, por mandato del Papa, fue devuelto al pueblo de Alba, habiéndose
hallado incorrupto (1586). Se elevó su sepulcro en 1598; se colocó su cuerpo en
la capilla Nueva en 1616, y en 1670, todavía incorrupto, en una caja de plata.
Beatificada Teresa en 1614 por Paulo V, e
incluida entre las santas por Gregorio XV el 12 de marzo de 1622, fue designada
(1627) para patrona de España por Urbano VIII. En 1626 las Cortes de Castilla
la nombraron copatrona de los Reinos de España, pero los partidarios de
Santiago Apóstol lograron revocar el acuerdo. Fue nombrada Doctora honoris
causa por la Universidad de Salamanca y posteriormente fue designada patrona de
los escritores.
En 1970, santa Teresa de Jesús se convirtió
(junto con Santa Catalina de Siena) en la primera mujer elevada por la Iglesia
Católica a la condición de Doctora de la Iglesia, bajo el pontificado de Pablo
VI. La Iglesia Católica celebra su fiesta el 15 de octubre.
En 2015 la Universidad de Ávila la nombra
doctora honoris causa.
Obra
literaria:
Cultivó además Teresa la poesía
lírico-religiosa. Llevada de su entusiasmo, se sujetó menos que cuantos
cultivaron dicho género a la imitación de los libros sagrados, apareciendo, por
tanto, más original. Sus versos son fáciles, de estilo ardiente y apasionado,
como nacido del amor ideal en que se abrasaba Teresa, amor que era en ella
fuente inagotable de mística poesía.
Las obras místicas de carácter didáctico más
importantes de cuantas escribió la santa se titulan: Camino de perfección
(1562–1564); Conceptos del amor de Dios y El castillo interior (o Las moradas).
Además de estas tres, pertenecen a dicho género las tituladas: Vida de Santa
Teresa de Jesús (1562–1565) escrita por ella misma y cuyos originales se
encuentran en la biblioteca del Monasterio de San Lorenzo del El Escorial;
Libro de las relaciones; Libro de las fundaciones (1573–1582); Libro de las
constituciones (1563); Avisos de Santa Teresa; Modo de visitar los conventos de
religiosas; Exclamaciones del alma a su Dios; Meditaciones sobre los cantares;
Visita de descalzas; Avisos; Ordenanzas de una cofradía; Apuntaciones; Desafío
espiritual y Vejamen.
También escribió poesías, escritos breves y
escritos sueltos sin considerar una serie de obras que se le atribuyen. Teresa
escribió también 409 Cartas, publicadas en distintos epistolarios. Los escritos
de la santa se han traducido a varios idiomas. El nombre de Santa Teresa de
Jesús figura en el Catálogo de autoridades de la lengua publicado por la Real
Academia Española.
Enseñanzas:
Teresa transmite con espontaneidad su
experiencia personal. Primero más de 20 años de oración estéril (sequedad o
acedía), coincidiendo con enfermedades por las que padece tremendos
sufrimientos. Después, a partir de los 41 años, fuertes y vivas experiencias
místicas, a las que sus confesores califican como imaginarias o incluso como
obra del demonio, aunque Teresa confía en su origen divino por el efecto que
dejan de paz, refuerzo de las virtudes (especialmente de la humildad) y anhelo
de servir a Dios y a los otros. La Inquisición vigiló muy de cerca sus escritos
temiendo textos que incitaran a seguir la reforma iniciada ya en Europa. Muchos
de sus textos están autocensurados, temiendo esta vigilancia. Su manuscrito
"Meditaciones Sobre El Cantar de los Cantares" fue quemado por ella
misma por orden de su confesor, en una época en que estaba prohibida la
difusión de las Sagradas Escrituras en romance. La experiencia vivida y
transmitida por Teresa en todos sus escritos se basa en la oración como el modo
por excelencia de relación y comunicación con Dios.
Grados
de oración:
Los capítulos 11 a 23 del libro de La Vida
son un tratado de oración clásico y único, donde compara los niveles de oración
con cuatro formas de regar un huerto. Las flores que este dará son las
virtudes:
1. Riego acarreando el agua con cubos desde
un pozo.
Corresponde con la oración mental, interior o
meditativa, que es un discurso intelectual sin repetición de oraciones
aprendidas. Se trata de recoger el pensamiento en el silencio, y evitar las
continuas distracciones. La definición de Teresa de oración mental está
recogida en el Catecismo de la Iglesia católica: «[…] que no es otra cosa
oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces
tratando a solas con quien sabemos nos ama» (Vida, 8, 5). Es la etapa que más
esfuerzo personal requiere para tomar la decisión de iniciar este camino.
2. Riego trasegándola con una noria.
Oración de quietud: también llamada
contemplativa. La memoria, la imaginación y razón experimentan un recogimiento
grande, aunque persisten las distracciones ahonda la concentración y la
serenidad. El esfuerzo sigue siendo personal, se comienza a gustar de los
frutos de la oración, lo que nos anima a perseverar.
3. Riego con canales desde una acequia.
Oración de unión: el esfuerzo personal del
orante es ya muy pequeño: memoria, imaginación y razón son absorbidas por un
intenso sentimiento de amor y sosiego: «el gusto y suavidad y deleite es más
sin comparación que lo pasado» (Vida 16,1).
4. Riego con la lluvia que viene del cielo.
Éxtasis o arrobamiento: se pierde el contacto
con el mundo por los sentimientos. «Acá no hay sentir, sino gozar sin entender
lo que se goza» (Vida 18, 1), se pierde incluso la sensación de estar en el
cuerpo y cualquier posible control sobre lo que nos acontece. Corresponden con
las descripciones de levitación.
En el libro Camino de Perfección (también
llamado el Castillo Interior o Las Moradas) detalla las etapas de la oración en
7 pasos. Describiendo el alma como un castillo de cristal o diamante al que se
entra por medio de la oración y en el que se van recorriendo diversas moradas.
Teresa insiste en perseverar en la oración
con humildad frente a Dios sin exigir o buscar experiencias sobrenaturales:
«[…] importa mucho entender que no a todos lleva Dios por un camino; y, por
ventura, el que le pareciere va por muy más bajo está más alto […]» (Camino de
Perfección 27,2).
O dicho de otra forma: «el verdadero humilde
ha de ir contento por el camino que le llevare el Señor» (Camino de Perfección
15, 2).
Títulos:
Capitana de los Reinos de España. Este título
fue proclamado por las Cortes en 1626 pero los partidarios de Santiago apóstol
consiguieron revocar el acuerdo.
Doctora Honoris Causa por la Universidad de
Salamanca.
Alcaldesa de la Villa de Alba de Tormes
(título honorífico) desde el año 1963.
Doctora de la Iglesia Católica, declarada en
1970.
La
vida es fugaz, pasajera, nada somos y nada
nos pertenece. Tan solo pensamientos, sombras en movimiento.
Senryu (Sauce de río) es una forma corta de poesía japonesa similar al
haiku en su construcción: tres líneas con 17 moras en total (5+7+5). Pero el Senryu no
contiene kigo (referencia a la estación del año para la que está escrito), ni
trata sobre temas de la naturaleza o las estaciones, sino que se centra en la
existencia humana, incluyendo a menudo humor negro y cinismo sobre las miserias
mundanas, este toque de humor tampoco está presente en el haiku contemporáneo,
basado en Shiki (s. XIX), aunque sí formaba parte de la tradición inaugurada
por Bashoo (s. XVII). Fuente Wikipedia.
“Cada
mañana, cuando me levanto, experimento una exquisita alegría, la
alegría de ser Salvador Dalí, y me pregunto entusiasmado ¿qué
cosas maravillosas logrará hoy este Salvador Dalí?” – Salvador
Dalí.
¿Qué puedes hacer hoy? Empezar a caminar. Deja el sedentarismo y comienza de nuevo a respirar, a sentir que tu sangre palpita con el desafío de un nuevo día. Que un libro o un poema llene tu espíritu para ser creativo. ¿No eres creativo? Ya va siendo hora que descubras tu interior y te pierdas en los cruces de palabras.
Volver
a Canfranc, novela escrita por Rosario Raro.
La
escritora Rosario Raro ha sido entrevistada el 23 de junio pasado en
mi programa de radio El hidalgo de las palabras que puedes escuchar
en rwstudios.es.
Nos
estuvo hablando sobre su última novela “Volver a Canfranc”.
En
el invierno de 1942 el ejército alemán tomó la estación
internacional de Canfranc en Huesca como si se tratara de un
territorio más de la Francia ocupada. Varios aragoneses, aquitanos y
bretones ayudaron a cruzar por aquí de forma clandestina a miles de
judíos. Un grupo de valientes aragoneses los auxiliaron de la misma
manera que hicieron Oskar Schindler, Raoul Wallenberg, Chiune
Sugihara, Ángel Sanz Briz y otros desde Cracovia, Budapest, Vilna...
Para muchos perseguidos por el régimen nazi, la esperanza se llamó
Canfranc.
Desde
hace años, aquellas personas que cruzaron esta terminal siendo niños
vuelven a Canfranc desde Estados Unidos, el resto de América y otros
países que los acogieron, para mostrarles a sus hijos y a sus nietos
el lugar por el que escaparon, las montañas del Pirineo, pero sobre
todo para que convivan durante unos días con los descendientes de
quienes les ayudaron a alcanzar la libertad, aquella estirpe de
héroes de ambos lados de las montañas, gracias a quienes
sobrevivieron.
Puedes ver el video en:
SINOPSIS
Marzo
de 1943. Agazapados dentro de una habitación secreta, varias
personas contienen la respiración mientras aguardan a que el sonido
de las botas reforzadas con metal de los soldados alemanes se aleje.
En la estación internacional de Canfranc, en el Pirineo, la
esvástica ondea sobre la playa de vías. En medio de la oscuridad,
Laurent Juste, jefe de la aduana, Jana Belerma, camarera del hotel y
el bandolero Esteve Durandarte arriesgan sus vidas para devolverles
la libertad.
Volver
a Canfranc es su historia. Jana y Esteve, armados tan solo con la
valentía que da el amor, lucharon porque miles de ciudadanos judíos
consiguieran atravesar esta estación mítica. Además de ellos,
otras personas guiadas por la generosidad, decidieron enfrentar el
terror y ayudarlos.
Biografía
de Wikipedia:
María
Rosario Raro López (Segorbe, 1971), Doctora en Filología, escritora
y profesora de creación literaria.
Vivió
durante más de diez años en Perú donde estudió en la universidad
Mayor de San Marcos y la Pontificia Universidad Católica.
Finalista
del concurso de escritura literaria Virtuality Caza de letras de la
UNAM de México y Alfaguara.
Finalista
del premio Internacional de novela Vargas Llosa de la editorial
Alfaguara.
Ha
conseguido numerosos premios internacionales:
Ciudad
de Huelva.
Magda
Portal del Ministerio de la Mujer de Perú.
Cruzando
Culturas.
Ateneo
Ciudad Galdós de Las Palmas de Gran Canaria.
Igualdad
de Aranda.
Mujer
Kimetz Elkartea de Ordizia.
Tecnocuentos
de RNE.
Palabras
de Mujer.
Ha
sido traducida al catalán, al japonés y al francés.
Obra:
Carretera
de la Boca do Inferno
Surmenage
Perder
el juicio
Los
años debidos
Finlandia
La
llave de Medusa
Ex
Desarmadas
e invencibles
El
alma de las máquinas
Volver
a Canfranc
Además
escribe en los siguientes blogs literarios propios:
Cuelgo un video hallado en Youtube con los dos primeros temas de Carmina Burana. En cuanto a la información sobre el origen de esta colecci...
– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)
Un repaso a las Fallas de 2025 (II)
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Haciendo clic en cada una de las imágenes se podrá disfrutar de las mismas con
mayor resolución y tamaño....
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