El escritor y las palabras

Cualquier escritor ama dos cosas fundamentales con un destino común: las palabras, peligrosas por sí mismas, y los libros, explosivos aún sin premeditación.  Palabras como amor, paz, libertad, orden, justicia, Dios, hipocresía, suelen ser molestas para los gobernantes y los libros, el sabor de un alma, el conjunto de obras de un autor, la evolución personal, la historia de la literatura, son material demasiado peligroso para esas mismas personas.
El destino común es que nadie escribe para las rocas, las plantas o los animales. El objetivo de las palabras en su conjunto es el ser humano en toda su grandeza y miseria, las cosas pequeñas de la vida, los ideales más sublimes. Puedo escribir para los demás o bien para mi mismo, pero siempre habrá un destino para mi mensaje.
Un sistema, por esencia, pretende encauzar la vida de sus súbditos bajo la doble perspectiva de mantener las estructuras de poder y evitar un enfrentamiento entre sus grupos que pueda desestabilizar el orden establecido.
Un escritor puede ser, de forma potencial, un individuo peligroso que debe ser vigilado y controlado. En la antigüedad, con sistemas sociales más simples, las injusticias podían generar rápidas revueltas. Sin embargo el mundo evoluciona y el que nos ha tocado vivir es conocedor que, a lo largo de la historia, la táctica de divide y vencerás suele ser más efectiva que cualquier represión violenta.
Escasos son los autores que puedan promulgar acciones de fuerza. Buscan ante todo la sinceridad de las palabras, la esencia del ser humano, o de una forma más simple y llana, el amor a un mundo mejor donde el ser humano juega un papel primordial.
El sistema, que no tiene que coincidir con el poder político, controla por tanto cualquier forma de difusión de ideas. Controla las principales editoriales y distribuye lo que considera correcto. De esta manera la marejada difusa de un ente abstracto ahoga la expresión individual del autor. ¿Cuántos autores geniales son ignorados para la gran masa? Lo que no cuentan ellos es que un autor no necesita llegar a la mayoría. Ser coherente consigo mismo y con la paz interior que llega, aunque sea a unas pocas personas, es suficiente para alimentar a un hombre libre.
Otra de las tácticas más peligrosas es dotar de diferentes significados a una misma palabra. No solo trata de dividir la acción humana sino que además difumina el significado original de las palabras dotándolas de conceptos ajenos al original. Por ejemplo, algo que todos conocemos, bajo la palabra libertad se arropan otras ideas como pueden ser libertad de comercio (que en realidad podría ser la antípoda de la libertad humana cuando lo manejan grandes multinacionales), libertad política (manipulada en muchas ocasiones para crear partidos que fragmenten una posible oposición) y un sin fin de ejemplos similares.
Para finalizar este texto, que intenta ser lo más breve posible, se produce el “olvido” de los escritores que nos precedieron. Sus anhelos, sus ideas, sus creencias, se disuelven con nuevas tendencias, creadas algunas de forma artificial, para que no recordemos los momentos importantes de la humanidad. No te engañes, el escritor debe crear pero sin perder de vista el horizonte de nuestro pasado común.
Termino con el deseo de que mis palabras no caigan en saco roto y que me contestes, repliques o confirmes. Pues sin ti, querido lector, el autor no es nada.


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