La casa de las bellas durmientes

Hoy recojo el enlace del blog Atisbos sobre la novela de Yasunari Kawabata “La casa de las bellas durmientes”. Me parece un libro interesante que espero esté pronto en mi biblioteca. Una reflexión sobre lo inevitable de la muerte que, gracias a Dios, no distingue entre ricos y pobres. Por otro lado es el maestro de uno de los más grandes autores japoneses. Me refiero a Yukio Mishima, un autor que según mi opinión merecía el premio Nobel y que fue escamoteado por la Academia Sueca.

Copio literalmente el texto del blog:


Yasunari Kawabata nació en Osaka, en 1899. Se licenció en la carrera de Literatura japonesa por la Universidad de Tokio. Yukio Mishima fue su discípulo, además de gran amigo, con quien mantuvo contacto hasta la muerte de éste. En 1972, cuatro años después de recibir el Nobel de Literatura, muere de manera extraña. Sus biógrafos y estudiosos parecen coincidir en el suicidio como causa de su muerte, aunque su viuda y demás familiares nunca admitieron tal posibilidad.
Hace tiempo leí de este autor Lo bello y lo triste, que me gustó bastante. Así que, aún teniendo en casa demasiadas lecturas pendientes, no pude evitar coger de la biblioteca pública este libro. Unas doscientas páginas. Pensé que iba a leer una novela, pero se trata más bien de un relato largo que comparte edición con otros dos cuentos del autor.
En La casa de las bellas durmientes Kawabata nos cuenta una historia extraña. Lo que parece una clara muestra de satirismo más que estomagante, se transforma en una cota desde la que se otea el inevitable final de la existencia humana, lento y cruel, que el autor, de manera más que pesimista, muestra como una transfiguración del hombre en no hombre, en algo repelente, feo, inservible: en un anciano.
Se nos expone el intento de retardar el final ineludible a través del contacto con la mujer joven, aunque sea mediante una relación bastarda. Y se nos muestra el patetismo de la condición humana, el propósito de retardar la muerte mediante la memoria, que es volver a vivir lo ya pasado.
Al final la muerte, efectivamente, se hace presente. Pero la muerte tiene la misma cara para todos, sin excepción




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