Soneto del Fuego Viviente.
Oh fuego del Espíritu,
consuelo creado,
vida secreta que en toda forma respira,
unción
que al enfermo levanta y lo mira,
y lava la herida del mundo
cansado.
Aliento de amor, en el pecho sembrado,
dulzura
que al corazón lento inspira,
fragancia de bien que en lo
oculto delira,
manantial donde el perdido es llamado.
Armadura
viva, esperanza celeste,
libera al cautivo del Mal y su
suerte,
rompe cadenas que el miedo sostiene.
Fuerza
que en cielo y abismo se vierte,
de ti nace el río, la nube y
la vida que viene,
luz que corona la alabanza y la muerte.








