Tarde morada,
calla el paso en la calle;
reza la cera.
Ojos de misterio
De dulce mirar bajo el sol callado,
ojos que penetran como
luz serena;
no sé qué silencio guardáis en el alma
que
al verlos mi espíritu queda templado.
Tus ojos son pardos de luz otoñal,
acuarelas suaves pintadas
de cielo;
y en ellos las gaviotas del anhelo
aprenden la
forma secreta de amar.
Cuando los contemplo se aquieta la vida,
como si una fuente
brotara en mi pecho;
mi sombra se vuelve silencio y
desierto
donde una presencia divina se anida.
¡Ojos! Si al miraros mi fe se levanta,
quizá en vuestra
hondura, callada y profunda,
Dios deja un destello de su luz
fecunda
para que el alma recuerde que canta.
En la
hora dulce de la luz callada
vi tus ojos, que en mí no se
posaban;
tomé tus manos, blancas, que temblaban,
y hallé
en mi pecho pena inesperada.
Tan tibia era tu mano entrelazada,
tan suave como lirios que
soñaban;
mas tus pupilas frías no miraban
y el alma se
sintió desamparada.
Estaban lejos, sin amor ni vuelo,
como estrellas perdidas en
la nada
que no conocen fuego ni desvelo.
Y dije al fin, con voz desesperada:
no quiero ya mirarte si
en tu cielo
no soy la luz que buscas, entregada.
¿Por
qué el mundo levanta su estandarte
bajo la vana gloria de su
alarde,
si su dicha, tan frágil y ligera,
pasa cual sombra
breve y pasajera?
¿Dónde están los poderosos que vivieron?
¿Dónde están
los tesoros que reunieron?
La muerte, silenciosa y
verdadera,
todo lo borra cuando al fin llega la hora.
¿Dónde quedaron triunfos y victorias,
los amores, los
sueños, las memorias?
Todo cae como polvo en el camino,
todo
vuelve al silencio del destino.
¡Qué efímera es la fiesta de la gloria!
Hoy resplandece
altiva en la memoria,
mañana el tiempo apaga su fulgor
como
se extingue al alba una ilusión.
Porque la gloria que en lo alto habita
ni el tiempo ni la
muerte la marchitan;
quien pone el corazón en esa altura
halla
en Dios su eterna ventura.
Gesta de la tierra sentida
No es patria la tierra que pisan los pasos,
ni polvo que el
viento levanta al pasar;
es llama secreta que arde en los
brazos
de quien la ha aprendido callando a amar.
No es mapa trazado con fría frontera,
ni nombre grabado en
mármol o ley;
es surco encendido en la frente obrera,
es
pulso de pueblo que late de fe.
Es sudor que fecunda la arcilla dormida,
es sangre que guarda
la antigua razón,
es memoria viva que alumbra la herida
y
eleva la historia a sagrada misión.
No es suelo que se pisa —es suelo que siente—,
templo
invisible del alma valiente.
Soneto del Fuego Viviente.
Oh fuego del Espíritu,
consuelo creado,
vida secreta que en toda forma respira,
unción
que al enfermo levanta y lo mira,
y lava la herida del mundo
cansado.
Aliento de amor, en el pecho sembrado,
dulzura
que al corazón lento inspira,
fragancia de bien que en lo
oculto delira,
manantial donde el perdido es llamado.
Armadura
viva, esperanza celeste,
libera al cautivo del Mal y su
suerte,
rompe cadenas que el miedo sostiene.
Fuerza
que en cielo y abismo se vierte,
de ti nace el río, la nube y
la vida que viene,
luz que corona la alabanza y la muerte.
¿Qué saben del amor
los que no tiemblan
cuando la tarde
se deshoja en silencio?
¿Qué pueden entender
si la
poesía les parece un idioma muerto
y la música no les incendia
la sangre?
El amor no es palabra,
es relámpago bajo
la piel,
es un latido que desordena el mundo.
Es la
rosa pidiendo perdón por su aspereza,
la violeta estallando en
perfume
como si el aire no pudiera contenerla.
Es un
rumor que nace en la sombra
y se vuelve incendio en la boca,
un
nombre que arde sin consumirse.
Que no hablen de
amor
quienes no han sentido al corazón
romperse en
luz.
Porque esta pasión —
más honda que el
mar,
más alta que el grito del cielo—
no se
entiende:
se cae en ella
como en un abismo
lleno
de alas.
“Para todo el que tiene miedo,
o se siente solo o desgraciado,
el mejor remedio es salir al aire libre
y encontrar un lugar donde poder
estar totalmente solo,
a solas con el cielo, con la Naturaleza
y con Dios.
Porque solo entonces se siente
que todo es como debe ser,
y que Dios quiere ver a los hombres
dichosos en la humilde
pero hermosa Naturaleza”.
Diario de Ana Frank.
“You are never too old
to set another goal
or to dream a new dream”.
(Nunca eres demasiado mayor
para fijar otra meta
o soñar un nuevo sueño).
C. S. Lewis.
– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)