Meditación Sobre la gloria del mundo


 

¿Por qué el mundo levanta su estandarte
bajo la vana gloria de su alarde,
si su dicha, tan frágil y ligera,
pasa cual sombra breve y pasajera?

¿Dónde están los poderosos que vivieron?
¿Dónde están los tesoros que reunieron?
La muerte, silenciosa y verdadera,
todo lo borra cuando al fin llega la hora.

¿Dónde quedaron triunfos y victorias,
los amores, los sueños, las memorias?
Todo cae como polvo en el camino,
todo vuelve al silencio del destino.

¡Qué efímera es la fiesta de la gloria!
Hoy resplandece altiva en la memoria,
mañana el tiempo apaga su fulgor
como se extingue al alba una ilusión.

Porque la gloria que en lo alto habita
ni el tiempo ni la muerte la marchitan;
quien pone el corazón en esa altura
halla en Dios su eterna ventura.





Gesta de la tierra sentida

    

 

Gesta de la tierra sentida

No es patria la tierra que pisan los pasos,
ni polvo que el viento levanta al pasar;
es llama secreta que arde en los brazos
de quien la ha aprendido callando a amar.

No es mapa trazado con fría frontera,
ni nombre grabado en mármol o ley;
es surco encendido en la frente obrera,
es pulso de pueblo que late de fe.

Es sudor que fecunda la arcilla dormida,
es sangre que guarda la antigua razón,
es memoria viva que alumbra la herida
y eleva la historia a sagrada misión.

No es suelo que se pisa —es suelo que siente—,
templo invisible del alma valiente.



Soneto del Fuego Viviente.


 


Soneto del Fuego Viviente.

Oh fuego del Espíritu, consuelo creado,
vida secreta que en toda forma respira,
unción que al enfermo levanta y lo mira,
y lava la herida del mundo cansado.

Aliento de amor, en el pecho sembrado,
dulzura que al corazón lento inspira,
fragancia de bien que en lo oculto delira,
manantial donde el perdido es llamado.

Armadura viva, esperanza celeste,
libera al cautivo del Mal y su suerte,
rompe cadenas que el miedo sostiene.

Fuerza que en cielo y abismo se vierte,
de ti nace el río, la nube y la vida que viene,
luz que corona la alabanza y la muerte.



¿Qué saben del amor?

 

¿Qué saben del amor
los que no tiemblan
cuando la tarde se deshoja en silencio?

¿Qué pueden entender
si la poesía les parece un idioma muerto
y la música no les incendia la sangre?

El amor no es palabra,
es relámpago bajo la piel,
es un latido que desordena el mundo.

Es la rosa pidiendo perdón por su aspereza,
la violeta estallando en perfume
como si el aire no pudiera contenerla.

Es un rumor que nace en la sombra
y se vuelve incendio en la boca,
un nombre que arde sin consumirse.

Que no hablen de amor
quienes no han sentido al corazón
romperse en luz.

Porque esta pasión —
más honda que el mar,
más alta que el grito del cielo—
no se entiende:

se cae en ella
como en un abismo
lleno de alas.







Del Diario de Ana Frank.

 

“Para todo el que tiene miedo, 

o se siente solo o desgraciado, 

el mejor remedio es salir al aire libre 

y encontrar un lugar donde poder 

estar totalmente solo, 

a solas con el cielo, con la Naturaleza 

y con Dios. 

Porque solo entonces se siente 

que todo es como debe ser, 

y que Dios quiere ver a los hombres 

dichosos en la humilde 

pero hermosa Naturaleza”. 


Diario de Ana Frank.








De C. S. Lewis.

 


You are never too old 

to set another goal 

or to dream a new dream”. 


(Nunca eres demasiado mayor 

para fijar otra meta 

o soñar un nuevo sueño)

C. S. Lewis.




En las horas dulces

 

En las horas dulces

de la luz callada,

he visto tus ojos

que en mí no pensaban.

He asido tus manos,

tan blancas, tan cálidas,

he sentido un amargo

desdén en mi alma,

porque tus pupilas,

que a nadie miraban,

estaban ausentes,

no tenían alas.





Poco conozco de tí.

 

Poco conozco de tí.

Tal vez tu voz armoniosa

y tu simpática risa

que hace las horas más cortas.


Hablas de tus ojos feos,

dicen que van a la contra

y que tu cuerpo de mimbre

es de una talla muy corta.


¡Qué más quisiera una diva

tener tu gracia y soltura.


No me llores, reina mía,

vive como las alondras

que solo por ser mujer

lo de más está de sobra.


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– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)

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