Mostrando entradas con la etiqueta El diablo Cojuelo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El diablo Cojuelo. Mostrar todas las entradas

Consigue un ejemplar de la novela con tu nombre impreso




Consigue un ejemplar de la novela con tu nombre impreso en los agradecimientos del libro. Te lo remiten directamente a casa. Visita, haz tu reserva (entra en ejemplar del libro) y comparte para que llegue a las librerías. Hay otras opciones a tener en cuenta.
Entra en el siguiente enlace y reclama tu ejemplar:



https://www.indiegogo.com/projects/aventuras-y-desventuras-de-un-diablo-cojo#/ 
 







Critica a mi novela “Cojuelo corre”

            A continuación transcribo (copio y pego) crítica literaria realizada por un lector, sobre mi novela “Cojuelo corre”. Agradezco sus palabras y comparto mi dicha con todos vosotros. Dice en su comentario que no parece descabellado pensar en segundas partes y sirva como adelanto que esas segundas partes ya están empezando a cabalgar.

            Como es costumbre, abajo dejo el enlace para que se pueda leer el texto íntegro. Sin más preámbulos aquí está el comentario:

“Cojuelo, corre es una novela que se sale de lo habitual. Miguel Navarro tiene la habilidad para mezclar la poderosa y ágil prosa de los maestros del Siglo de Oro, de los cuales obviamente se ha empapado, con la crítica a la España actual -y, ya de paso, a las debilidades del ser humano- en una suerte de "road-novel" patria con el marco de fondo de un accidentado viaje desde la capital del Reino hasta Valencia. Este experimento, en cierta forma arriesgado, le sale bien y el resultado destila frescura, agilidad y dosis justas -y abundantes- de crítica y mala leche.
La novela se lee de un tirón y los personajes del travieso Diablo Cojuelo -tomado prestado de la tradición castellana- y de su compañero de andanzas Cris se ganan la simpatía del lector por comparación con el resto de canallas varios que pueblan la obra. No parece descabellado pensar en segundas partes de las andanzas de esta pareja de pícaros.”

            Gracias por tus palabras.

Enlace para ver el texto original:







"Cojuelo corre" otro fragmento de la novela de Miguel Navarro

Fragmento del capítulo XXIV de mi nueva novela “Cojuelo corre”.

“La vejez es un tirano que prohíbe bajo pena de muerte, todos los placeres de la juventud.” Duque de La Rochefoucauld

Amaneció un nuevo día, sobre la flor del azahar con aromas de cañas y brea, con salitre en el paladar, cuando Críspulo alzase de la cama para desayunar, no eran antes de las ocho, ni las nueve tampoco, pues el sueño es pesado después de tanto viajar, por caminos dispares, por aventuras sin par. Vacía parecía la casa y se sirvió al paladar un buen café para desayunar, mientras alguien diera señales de vida o se dignara despertar.
Mayte Bona caracterizada como el Diablo
Cojuelo en "La escuela de los vicios"

Al poco un ruido alteró su estado de percepción y, sin más diligencias, al pasillo salió, para ver quien amanecía, para pillar a quien salía, a hurtadillas, como ladrón que se desliza en la sombra, furtiva sombra de belleza seductora, que de la habitación de invitados a la calle huía. Considerando las trastadas de su camarada, no concibió más que algo agradable para quien dormir no podía, más todo se vino abajo, cuando de reojo, la muchacha dijo: 
– Hasta mañana sobrino.
Un huracán tremebundo, una furia desencadenada, un chispazo raudo, salió al pasillo, a la calle, mas no quedaba nadie. ¿Sueño? ¿Ilusión? Obra del diablo será pensar con buena razón. Sin tardar, a la habitación de Cojuelo se dirigió en el momento que este se revestía y salía a su encuentro.
– Tengo sospechas –dijo Cris.
– ¿Ciertas o inciertas? Lo que hay en la tierra damos por cierto, aun cuando es producto de nuestros sueños, mientras que lo que no vemos damos por incierto, cuando es tan necesario como el aire que respiramos. 
– Deja de guasas Cojuelo. ¿Era mi tía abuela esa que por la puerta salía?
– Buena vista tienes mozalbete, que ella era cual lozana flor primaveral, que al calor del estío su vida vuelve a gozar. Antes de una hora, un moreno encontrará y juntos pasarán hasta mañana el alba clarear.
– La vas a matar –sentenció el sobrino preocupado–. A su edad no debería abusar. ¿Qué magia has hecho?
Cojuelo giró el rostro hacia su amigo y sus ojos alargados, profundos, lejanos y oscuros, agudizaron la mirada con su entidad oculta, con su alma eterna sobre la mesa.
– Ella sabe que poco queda ya y que el cuerpo no responde, que pronto partirá. ¿Piensas que los ancianos, por ser viejos son trastos inútiles, sin sentimientos ni ganas de vivir? Los dejáis abandonados, arrinconados en salas asépticas donde dormitan hasta que agonizan y, porque no pueden hablar, porque tienen dificultades para recordar o incluso para respirar, pensáis que no tienen deseos, ni futuro, ni alma. Sus horas se agotan y ya no pueden renovar su vida. Anoche vino y disfrutamos, y ahora, durante unas horas, volverá a ser quien era. Déjala que viva, que a veces condenamos a quien no lo merecía y absolvemos a quien cumplir condena debería.
Cris permaneció callado durante unos segundos hasta que tan solo se le ocurrió susurrar:
– Cuando se entere mi otra tía…
– La otra fue antes y ya salió de madrugada –respondió el diablillo con sonrisa pícara.
Las cataratas de Iguazú en forma de versículos de la Biblia, con adjetivos malsonantes y adverbios blasfemos, se lanzaron en tropel sobre Cojuelo que los esperaba y evitaba, con blanco guante y gallardo gesto. Al ver que era imposible a un demonio convencer, Crís le dijo a su amigo que salir es bueno y que ahora, durante el día, los espías ya no estarían.
Se dirigieron por la calle Sagunto hasta…"

Puedes conseguir la novela por 0,89 € en 
http://www.amazon.es/Cojuelo-corre-Miguel-Navarro-Blasco-ebook/dp/B00NFKO2O2/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1413907424&sr=8-1&keywords=cojuelo+corre




"Cojuelo corre" Valdepeñas recorre....

Cojuelo y su discípulo, por Valdepeñas también quisieron pasar, que buenos vinos tiene la tierra y aventuras por contar


“Viajaron rápidos y, tras varias curvas, un bucle y dos depresiones atmosféricas, alcanzaron la Muy Leal e Invicta Valdepeñas, tierra de buenos vinos y excelentes quesos, cuna del elogiado, por el propio Cervantes, Miguel de Cejudo, a quien Lope definió como ingenio admirable en una y otra lira. Gracias a la contienda de Valdepeñas, se pudo alcanzar la victoria de Bailén donde los españoles ganaron por goleada. Muchas fueron las bajas pero mayores las hazañas de sus hijos el Chaleco, el cura “Calao” o la Galana, que falleció en un parto, cuatro años después, el mismo día que La Mancha se declaraba libre de la ocupación napoleónica.

Pisaron tierra, con gran alivio para Cris, en el barrio del Cachiporro…” 


Novela disponible en Amazon: 

Cojuelo corre

No solo de letras vive el escritor.
Si te gusta esta noticia: ¡¡Comparte o reenvía!!
“Cojuelo corre”. Nueva novela de Miguel Navarro. Aventuras y desventuras del Diablo Cojuelo en la España del siglo XXI. Divertida comedia de un mundo infernal.

Disponible en Amazon.



Puedes acceder en:




Cojuelo en Siete Aguas.


En su peregrinar, Diablo y Fortuna, por Siete Aguas fueron a pasar, y tal fue la aventura que vivieron, que muchos la recordaron por años sin par…

Fragmento de la novela “Cojuelo corre” :

“Fue en el río, antaño conocido como del diablo, donde estaba ubicada una antigua Venta por donde pasó el muy Ilustre Emperador Carlos I de España y V de Alemania, que en aquella época Alemania también se hacía de rogar, como mínimo con cinco padrenuestros y cincuenta avemarías. Pues bien, después del emperador la visitó nuestro amigo Cojuelo y quedó en tal desaguisado la Venta que ahora es recordada como la Venta Quemada. Un poco más abajo se encuentra Venta Mina o Venta de L’home, donde siguen haciendo buenos guisos y alguna que otra copa con especial esmero y cuidado.

La urbe recibe su denominación en honor a siete manantiales que rodean al pueblo en benefactor don mineral. Cada uno recibe…”

A la venta en: 







El diablo también visitó Ayora.

Y el diablo también pasó por Ayora donde nuevas venturas y desventuras se vivieron…

“En tan lamentable estado, alzaron el vuelo continuando el viaje hasta Ayora, primer pueblo de la provincia valenciana, cuna de la miel, alma de hidalga ternura, que se alza en 
cabecera de llanura. Sobrevolaron el suelo, a baja altura, para no ser detectados por radares ni fuerzas paranormales.
Encontraron alojamiento en la casa de la Marquesa…”

(….)
Regresaban a la Casa de la Marquesa, cuando en el camino se cruzaron con un anciano sacerdote, que para la ocasión se había acercado. Ya finalizada la ceremonia, antes que acabase el convite, el hombre caminaba a la casa parroquial para la noche pasar y al día siguiente marchar. La calle era estrecha, las luces oscurecían al paso de dos individuos, que en dirección contraria venían. Uno se movía con aparente dificultad, cojo de una pierna, y, cierta sombra tenebrosa, no propia de la oscuridad, envolvía al sujeto dotándole de maldad. Detuvo su paso, al tiempo que los caminantes detuvieron el suyo.
– A la paz de Dios –dijo el anciano.
Crispulo, extrañado quedó que semejante saludo un viejo le ofreciese. Miró a su compañero el cual, los ojos en los del contrario se habían posado, examinando, escrutando, interiorizando, intentando algo que esfuerzo le estaba costando.
– Tranquilo Cris –dijo el diablo– que este hombre me ha reconocido, mas peligro en él no hay ninguno.
El hombre, canoso, de frente amplia, tan amplia como un campo de aviación, de arrugas infinitas y pequeños ojuelos que tras unas gafas, tan gruesas como un culo de vaso, se ocultaban, sonriendo le dijo a Cris: 
– Ten cuidado con la compañía que puede no ser recomendable. Las apariencias engañan y algunos seres mienten más que engañan.
Cojuelo devolvió una sonrisa torva, agrietada tal vez por la experiencia del día, o quizás por ser malévola en su naturaleza, cuando dijo:
– He aquí un hombre que jamás ascendió, soñaba con ser alguien y en cura de pueblo quedó. De un lugar a otro, de una parroquia a otra, siempre los mismos trabajos, siempre las mismas funciones y en el arzobispado sus méritos jamás reconocieron. Deberías haber cambiado de bando viejo verde, que perdiste los placeres para ser ignorado, desechado y, en ocasiones, humillado, por un pueblo que nunca agradeció los sacrificios que realizaste. Al contrario, te criticaban porque cambiabas el horario de la misa, o porque siempre estabas pidiendo, o tal vez porque quitabas costumbres que para el pueblo eran sagradas tradiciones. Tus palabras chirriaban en los oídos, tildándote de anticuado, de falso, de interesado.
– Soy como me enseñaron –replicó benévolo el anciano–, ni mejor, ni peor, para mí nunca pedí nada, pues nada merecí. Lo que hice lo hice por mi Señor, si sufrí, recompensa en Él conseguí. Tal vez no pude cambiar muchas opiniones, ni ayudar a la gente cuando más lo necesitaba, pero en mis oraciones nunca me olvidaba de ellos y si fallé, con mi pena me arrepentí. Ahora, en la vejez, no espero nada, solo aconsejo y aviso lo dura que es la batalla.
Cris tuvo la precaria sensación de encontrar dos contendientes medievales, dos hidalgos dispuestos a entablar el combate de un momento a otro, pero siempre corteses cuando reconocen digno enemigo. Aquello salía de madre, pensando que medio mundo se había vuelto loco, o él había enloquecido con tantos acontecimientos extraños. Adivinando sus pensamientos, Cojuelo dijo:
– No te extrañe este diálogo, entre enemigos que se respetan. Este anciano fue tentado tantas veces como años recorren sus sienes. Aunque no tuvo jamás recompensa, cosa que debería haberle hecho pasar a nuestro lado, con celos, envidias y otras variadas comidillas, el caso es que permaneció fiel. Un poco raro, tal vez, pero fiel a sus creencias. Por eso nos respetamos, ahora no cambiará él, ni yo le atacaré.  Su causa es causa perdida para un demonio.
– La maldad –dijo el sacerdote– no es tan grande como la pintan en tu corazón. Siempre puede haber un motivo de arrepentimiento, un perdón para tus crímenes, una sosegada compasión a tus atrevimientos.
– Si tú, a tu edad, no vas a cambiar, no pidas que a la mía traicione a mi señor, que disfruto de sus pecados y causa es de temor. Sigue tu camino antes que me arrepienta y rompa la tregua que exige tu condición.
Ambos contendientes permanecieron unos minutos en silencio tras los cuales se despidieron, cada uno a su manera.
– Ten cuidado muchacho, no te dejes arrastrar por su especie; y tú, demonio, que mi Señor te bendiga.
– Y el mío te maldiga –respondió con sorna Cojuelo.
– Halagado quedo –respondió el sacerdote mientras reanudaba su camino– que si un diablo te maldice es que hay Dios en el cielo.
Cris permaneció en silencio mientras buscaban la calle principal para llegar hasta el alojamiento, tan solo el eco pausado del bastón de Cojuelo retumbaba en el vacio de aquellas calles ocultas. "

Consigue la novela en:
http://www.amazon.es/Cojuelo-corre-Miguel-Navarro-Blasco-ebook/dp/B00NFKO2O2/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1411749228&sr=8-1&keywords=cojuelo+corre


Cojuelo corre, el diablo Cojuelo llega a Valencia.

Y el diablo Cojuelo llegó a Valencia....
(extraído del capítulo 17)

"De esta forma llegaron hasta Valencia, enseña del Mediterráneo, madre adoptiva de Rodrigo Díaz de Vivar, rosa perfumada de Levante y orgullo español, semáforo de Europa, murciélago ruidoso en noches de verano, cuna de flores y naranjos, de luz y de colores, de pólvora y arrozales, eterna tercería en capitalidades hispanas, esplendoroso contraste de pasado y futuro que pierde el presente, sastrería de moda, inversora de los siete pecados capitales y algunos otros provincianos, circuito de carreras en la fuga de cerebros, pescadora de sueños pecadores, velero al viento descuajado por huracanes trapicheados. Pueblo trabajador, mestizo y afable, que reúne en sus calles esfuerzo y sudor, penas y alegrías, amabilidad, humor y amor."

Si te gusta, puedes conseguir la novela en:










Cielo plomizo

 Cielo cubierto y plomizo, calor que el pecho devora, poniente que se incorpora con un húmedo hechizo. La piel, sin hallar permiso, guard...

– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)

La Corona de Uganda

La Corona de Uganda

Seguidores

Mi lista de blogs