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"El caballero bobo" Jornada I, de Guillén de Castro



ACTO PRIMERO
JORNADA PRIMERA

Salen el Duque, Ceslao y Teleo (hijos suyos) y el Embajador de Inglaterra.
Teleo.-           Extraña cosa.
Embajador.-                         Notable.
Teleo.-           Es famosa.
Ceslao.                           Es sin segundo
con mil razones el mundo
la tiene por admirable.
Teleo.-           Mirad bien, que os certifico
que es milagro extraordinario,
ver el rostro de Lotario
en el retrato de Enrico
Embajador.-  De la suerte que en la cara,
vuestro Príncipe y el mío
se parecen en el brío
y en el talle.
Ceslao.-                                  Cosa rara.
Embajador.-  Y en la voz.
Ceslao.-                                  Váleme Dios.
Embajador.-  Para mostrar su grandeza,
los formó naturaleza
en una estampa a los dos,
Por eso a pedir envía
por esposa a vuestra Infanta,
porque en semejanza tanta
haya hermandad.
Duque.-                      Y honre a Hungría.
Embajador.-  Honrase Inglaterra,
su Rey y sus gentes todas.
Duque.-          Ruego al cielo que en sus bodas
se alegre el cielo y la tierra.
Embajador.-  Y dime, ¿la Infanta es bella?
¿Es discreta sobre hermosa?
Duque.-          Tú me preguntaste
que nadie puede saberla.
Embajador.-  Luego es verdad lo que oí
y la fama ha pregonado,
de que ninguno ha llegado
a verle la cara.
Duque.-                                  Sí.
Y escuche la causa de ello.
que gustarás de saberla:
Cuando la Infanta nació
tuvo mal parto la Reina
y fue una noche tan triste
que horror daban sus tinieblas;
sus vientos, miedo y asombro,
y sus relámpagos pena.
Arrojó rayos el cielo
como unas grandes centellas,
salió de limite el mar,
estremeciose la tierra.
Los aires desenfrenados
llevaron casas enteras
echaron piedras los montes
las nubes granizo, y piedras.
Y en efecto no faltó
sino que el cielo se abriera,
y esta máquina del mundo
quedara rota y deshecha.
La Reina que estaba entonces
con el dolor casi muerta.
sin valor para mostrarle,
y sin fuerzas para hacerlas
acudió a pedir remedio
a la que parió sin ellas,
siempre invocando a la Virgen
con plegarias, y promesas.
Con un milagro patente
mostró sus entrañas tiernas,
salió al mundo nuestra Infanta
como un Sol, hermosa y bella.
Quedaron absortos todos,
porque en pariendo la Reina
amaneció al mismo infante;
y como si nunca hubiera
torbellinos, truenos, rayos,
confusión, asombro y penas,
salió el Sol, alegre, y claro.
Embajador.-  Grande maravilla.
Duque.-                                  Inmensa.
                        Pusieronle nombre Aurora,
viendo que fue mensajera
de la venida del Sol
y desterró las tinieblas.
Su padre maravillado
de maravillas tan nuevas,
mandó juntar muchos sabios
en la Judiciaria Ciencia.
Codicioso de saber
en qué signo, o en qué planeta
nace al mundo la que al mundo
 con causa admirado deja.
Díjole entre todos uno,
de más opinión y letras,
que hasta que casase Aurora
importaba que estuviera
sin que la viesen la cara
hombre humano, que por verla
renacerían al mundo
calamidades eternas.
Admirado de esto el Rey,
como el sabio le aconseja
entre unos montes mandó
fundar una fortaleza.
Allí ha criado la Infanta                                      (continua en)

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