3. ¿POR QUE HAY SEPARATISMO?
Uno de los fenómenos más característicos de
la vida política española en los últimos veinte años ha sido la aparición de
regionalismos, nacionalismos, separatismos; esto es, movimientos de secesión
étnica y territorial. ¿Son muchos los españoles que hayan llegado a hacerse
cargo de cuál es la verdadera realidad histórica de tales movimientos? Me temo
que no.
Para la mayor parte de la gente, el
«nacionalismo» catalán y vasco es un movimiento artificioso que, extraído de la
nada, sin causas ni motivos profundos, empieza de pronto unos cuantos años
hace. Según esta manera de pensar, Cataluña y Vasconia no eran antes de ese
movimiento unidades sociales distintas de Castilla o Andalucía. Era España una
masa homogénea, sin discontinuidades cualitativas, sin confines interiores de
unas partes con otras. Hablar ahora de regiones, de pueblos diferentes, de
Cataluña, de Euskadi, es cortar con un cuchillo una masa homogénea y tajar
cuerpos distintos en lo que era un compacto volumen.
Unos cuantos hombres, movidos por codicias
económicas, por soberbias personales, por envidias más o menos privadas, van
ejecutando deliberadamente esta faena de despedazamiento nacional, que sin
ellos y su caprichosa labor no existiría. Los que tienen de estos movimientos
secesionistas pareja idea, piensan con lógica consecuencia que la única manera
de combatirlos es ahogarlos por directa estrangulación: persiguiendo sus ideas,
sus organizaciones y sus hombres. La forma concreta de hacer esto es, por
ejemplo, la siguiente: En Barcelona y Bilbao luchan «nacionalistas» y «unitarios»;
pues bien: el Poder central deberá prestar la incontrastable fuerza de que como
Poder total goza, a una de las partes contendientes; naturalmente, la unitaria.
Esto es, al menos, lo que piden los centralistas vascos y catalanes, y no es
raro oír de sus labios frases como éstas: «Los separatistas no deben ser
tratados como españoles.» «Todo se arreglará con que el Poder central nos envíe
un gobernador que se ponga a nuestras órdenes.»
