Pequeña reflexión sobre el Bien Común.



La Iglesia conmemora la festividad de Santo Tomás de Aquino el día 28 de enero. Doctores tiene la iglesia y no cabe la menor duda que Santo Tomás de Aquino es uno de los más importantes cuya obra resulta inmensa. Obvio señalar que la preocupación fundamental de Santo Tomás es el conocimiento racional de Dios, sin embargo su obra es tan amplia que su interpretación afecta a todos no solo a los cristianos en particular.
Podremos coincidir, o no, con su doctrina, compartir, o no, sus pensamientos, considerar que acierta o está equivocado, pero resulta innegable el reconocimiento que se le debe por ser uno de los motores fundamentales capaces de conciliar razón y fe, humanidad y divinidad, ley natural y orden divino, filosofía y ciencia. La comprensión del mundo a través de la razón es el eje angular de su pensamiento.
Hasta el siglo XIII, y en líneas generales, la doctrina filosófica de la Iglesia Católica era de corte platónico. Es decir, mundo sensible, el nuestro, humano, falible, y mundo de las ideas, la perfección, infalible, Dios. Es el hombre quien se vincula en su interior con la Creación corriendo el riesgo de abrir un abismo entre la comunidad y la divinidad, entre la sociedad y el bien.

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Tomás de Aquino influenciado por el aristotelismo, recordemos que según Aristóteles el hombre es un animal social y por tanto vinculado al resto de la humanidad, construye un puente que acerca la relación Hombre Dios a través de los demás, de sus hermanos, de la comunidad. En base a este acercamiento es cuando la ética del cristiano resulta un elemento a destacar en el comportamiento social.
Señalar que la influencia de la doctrina tomista ha sido de gran importancia para la identificación y desarrollo de la ley natural común a todos los seres humanos.
No quiero entrar en un comentario filosófico, por tanto mencionar algunas cuestiones que me parecen destacables.
Dice el santo: “La ley es la prescripción de la razón, ordenada al bien común, dada por aquel que tiene a su cargo el cuidado de la comunidad”. Es decir, el gobernante debe legislar leyes racionales, pensadas, coherentes, sensatas, que beneficien el bien común para que la comunidad pueda sobrevivir. Toda ley contraria al bien común debe ser anulada por ser contraria a  la naturaleza de la sociedad. Si no se elimina, el ciudadano tiene derecho a rebelarse contra el gobernante que ha olvidado su misión, o bien desaparece la sociedad.
Un gobernante que actúa contra la sociedad que le mantiene la destruye y se destruye a sí mismo. Jamás deberá prevalecer el beneficio de la minoría sobre el de la mayoría, el interés económico de un grupo concreto sobre el del resto de sus conciudadanos. Cargar de impuestos a la mayoría para eximir de sus responsabilidades a grupos financieros; recortar los servicios sociales básicos como pueden ser la sanidad, la educación o la defensa, para mantener los privilegios de nadie; establecer estructuras y leyes contrarias a la razón y el sentido común conducen a la sociedad a una muerte segura.
La defensa de la vida de sus ciudadanos, en todos sus aspectos, frente a opresiones y tiranías, por muy democráticas que éstas sean, es uno de los principios básicos olvidados por la sociedad moderna. La tiranía puede ser ejercida por un individuo concreto, un grupo social (como un partido único), o la alternancia política en grupos enfrentados cuyo empleo de la demagogia es algo habitual. Cada cual que realice la interpretación que le sea más a su gusto, pero creo que son claros los conceptos expuestos. La comunidad racional debe prevalecer sobre el individualismo egoísta.
“Operari sequitur ese”. (“El obrar sigue al ser”). Si de verdad pregonamos que somos libres debemos actuar como seres libres, si creemos que somos seres humanos debemos actuar como seres humanos, si pensamos que somos seres racionales debemos obrar como seres racionales. ¿Qué implica esta afirmación? Brevemente, y entre otras cosas, que según obremos es consecuencia de lo que somos. ¿Obedecemos ciegamente o reflexionamos sobre las leyes? ¿Somos coherentes y consecuentes con nuestro ser? Que cada palo se arrime a su vela. De nada sirve pregonar lo generosos que somos con los niños del tercer mundo (que se lo merecen) o con Médicos sin Fronteras, o cualquier otra ONG, mientras que a nuestro lado la gente está siendo embargada, la pobreza aumenta, la corrupción campa a sus anchas, la incultura crece de forma alarmante, la inseguridad es la dueña de las calles como consecuencia de la pasividad de quien debe proteger.
Enlazando con la incultura, y para finalizar, una cita que me preocupa: “Teme al hombre de un solo libro" Ten cuidado con las personas de ideas fijas, incapaces de contrastar y, por ende, de razonar otras ideas. Esas personas de mente obtusa que se encierran en un parapeto ideológico inamovible, socialistas incapaces de ver la razón de sus contrarios, derechistas que no ven más allá de sus narices. Esto no quiere decir que ambos bandos, sean iguales, decía mi madre que en todos los sitios hay de todo y esa es una de las mayores verdades que he podido comprobar a lo largo de mi vida. Pero por desgracia cada vez abundan más hombres de un solo libro que llevan a la ruina al resto de sus conciudadanos.
          Podré estar equivocado pero, como decía Santo Tomás, " Es evidente que existe la verdad. Porque el que niega que existe la verdad, conoce que la verdad existe. Si, pues, no existe la verdad, es verdad que la verdad no existe"

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Ya tenemos portada para este libro andariego que recorre media España, por tierra, mar y cielo.

– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)

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