¿Qué saben del amor
los que no tiemblan
cuando la tarde
se deshoja en silencio?
¿Qué pueden entender
si la
poesía les parece un idioma muerto
y la música no les incendia
la sangre?
El amor no es palabra,
es relámpago bajo
la piel,
es un latido que desordena el mundo.
Es la
rosa pidiendo perdón por su aspereza,
la violeta estallando en
perfume
como si el aire no pudiera contenerla.
Es un
rumor que nace en la sombra
y se vuelve incendio en la boca,
un
nombre que arde sin consumirse.
Que no hablen de
amor
quienes no han sentido al corazón
romperse en
luz.
Porque esta pasión —
más honda que el
mar,
más alta que el grito del cielo—
no se
entiende:
se cae en ella
como en un abismo
lleno
de alas.
