Juegos de Haiku.

Cae la tarde
sale la procesión,
y la antorcha arde.
(Miguel Navarro, “Cae la tarde”)

Amaneciendo
un hombre está muriendo,
un gallo canta.
(Miguel Navarro, “Amaneciendo”)


Invierno, llueve
arrastra barro y lodo,
un río vuelve.
(Miguel Navarro, “Llueve”)

Fuente principal: Wikipedia.

Haiku: Es un tipo de poesía japonesa que consiste en un poema breve, formado por tres versos de diecisiete sílabas distribuidas en cinco, siete y cinco.
La poética del haiku generalmente se basa en el asombro que produce en el poeta la contemplación de la naturaleza.
Su esencia se encuentra en "cortar" (kiru) mediante la yuxtaposición de dos ideas o imágenes separadas por un kireji que es el término "cortante" o separador.
En realidad es una forma poética surgida del denominado “hokku”, primera parte o estrofa introductoria de un poema más largo, el tanka, que se improvisaba entre varios poetas.
Tradicionalmente, un Haiku debe contener también una referencia directa o indirecta a la estación del año, frecuentemente mediante el uso de un kigo o palabra que evoca las estaciones. Los saijiki son listas extensas de palabras "kigo" en japonés, que el poeta puede utilizar.
Lo que caracteriza al haiku y lo distancia de otras formas poéticas es su contenido, pues trata de describir de forma muy breve una escena, vista o imaginada. Aspira a captar el momento, el aquí y ahora, de una forma tan radical que los límites entre el observador y lo observado, el sujeto y el objeto se disuelvan, para procurar, en sus mejores manifestaciones, una experiencia mística de no dualidad, de totalidad.
         Para Matsuo Bashō, 1644–1694, considerado como el padre del haiku, “Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento”.

Un viejo estanque;
se zambulle una rana,
ruido de agua.
-Bashō-

Sopla el poniente,
y al oriente se apilan
las hojas secas.
-Buson-

Huérfano soy.
Parezco una luciérnaga
que no da luz.
-Issa-

Acá y allá
arrastrada del viento,
la mariposa.
-Shiki-

         El Haiku parte de tres puntos de observación donde no existe punto de referencia y donde se expresa la relación del poeta con la realidad dotándola de un sentido eterno.
         No transmite conceptos ni deducciones, empleando sólo el sustantivo que huye de abstracciones.
         Predominan los sintagmas nominales y los verbos, cuando aparecen, suelen estar desposeídos de flexiones temporales y personales.
         Insinúa comparaciones que las deja a la capacidad interpretativa del lector sin consumarlas. También rehúye de la metáfora que cristaliza las comparaciones y siendo por tanto un producto intelectual.
         Emplea los juegos de palabras (que reflejan la naturaleza paradójica de las cosas), las onomatopeyas, las aliteraciones, las sinestesias, que se adaptan a la impresión de la experiencia.
         Manifiesta un alejamiento de la fantasía, entendiendo ésta por la actividad mental que produce imágenes que tienen su origen en previas representaciones y que genera una dinámica anticipatoria de las sensaciones.
         Sigue “la naturalidad que procede del corazón”, según Bashō, lo cual podría identificarse más con un movimiento emocional.
         Si bien el haiku puede partir de una emoción, no se recrea en ella, sale hacia fuera, de modo que esta emoción compartida ya no es simple sentimiento, sino fogonazo de totalidad: entendimiento, compasión, vislumbre, que iluminan el universo y se funden en él.
         Aspira a abarcar la totalidad del momento, con lo cual queda excluido cualquier intento de reflexión, de intelectualismo, de recreación. Su brevedad es una exigencia de su esencia y viceversa. A causa de su corta extensión formal, la inspiración coincide con la creación.
         En el haiku habita una contradicción entre el elemento temporal y su fuga hacia la eternidad. No sería posible que la coexistencia de tal tensión fuera más allá del momento concreto de la iluminación y su expresión. Cuando uno se adentra en el momento presente hasta tal punto, el momento se eterniza. La imagen así sentida pasa a ser símbolo universal. Se puede también definir el efecto del haiku como un efecto de "presencialización", pues transmite la presencia de algo de la realidad que el lector puede evidenciar.
Los elementos básicos del haiku son: la presencia del kigo o palabra de estación; el tei-kei o forma fija (tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente); el uso del kireji o palabra de corte; el uso de la conexión Zen (conocido también como el “momento haiku”); el uso de temas del haiku; el sentido del humor; el empleo de otros valores de la estética japonesa como el ritmo, la musicalidad, la alusión, la plasticidad; el empleo de lo mejor de cada lengua manteniendo el espíritu haiku, es decir, la búsqueda de la simplicidad, la concreción, la imagen pura desprovista de comentario; el mantener como punto de referencia la cultura japonesa; y el evitar el abuso de ciertas técnicas como la yuxtaposición, el empleo del presente, etc.
De estos elementos, los tres primeros —el uso del kigo o palabra de estación, el tei-kei o forma fija (5-7-5) y el uso del kireji o palabra de corte— son los menos usados en español según lo señala Araceli Tinajero en su estudio sobre la obra del reconocido pionero del haiku en español, el poeta mexicano José Juan Tablada.
En España, se interesaron por el haiku, entre otros, Federico García Lorca, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda. Posteriormente han cultivado el haikai o haiku los poetas Llorenç Vidal, Eulogio Díaz del Corral o Felipe Benítez Reyes. De entre las publicaciones recientes, la crítica ha destacado los poemarios dedicados al haiku de Juan Antonio González Fuente, José M. Prieto y Susana Benet.

No necesito
salir, la primavera
entra en mi casa.
(Susana Benet, Reflejos IV)

¡De amarillo calabaza,
en el azul, cómo sube
la luna sobre la plaza!
(Antonio Machado)

Está el árbol en flor.
Y la noche le quita, cada día,
la mitad de las flores.
(Juan Ramón Jiménez)

La mano de la brisa
acariciando la cara del espacio.
Una y otra vez.
(Federico García Lorca)

Un lucero sin párpados
en el agua dormida
del estanque.

(Federico García Lorca)


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