En las horas dulces
de la luz callada,
he visto tus ojos
que en mí no pensaban.
He asido tus manos,
tan blancas, tan cálidas,
he sentido un amargo
desdén en mi alma,
porque tus pupilas,
que a nadie miraban,
estaban ausentes,
no tenían alas.
El curado no guardó el silencio pedido. La palabra, recién nacida en su carne limpia, ardía demasiado como para esconderla. Y fue por l...
– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)
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