Pido la paz y la palabra


Pido la paz y la palabra, sabias palabras, creo que de Blas de Otero, pero certeras a la vista del rumbo que están tomando los acontecimientos en la Unión Europea.
Pienso que reducir empleos creará mayor paro, reducir sueldos aumentará la pobreza y aumentar los impuestos empeorará el crecimiento. Puedo estar equivocado pues antes que economista soy un simple aprendiz de escritor, por eso mismo prefiero conjugar el verbo construir antes que destruir, compartir antes que reprimir.
Pienso y sigo pensando (¡maldita costumbre esa de pensar!) que no se puede levantar Europa sobre las cenizas de ningún pueblo. Estamos olvidando que el eje vertebrador de este continente se debe, sustancialmente, a la cultura greco-romana y a la cristianización de Roma. Ambas formas de vida coinciden en levantar al hombre sobre los principios de la libertad, dignidad e integridad. La evolución histórica de nuestro continente pretende la consecución de dichos fundamentos. Reformas, guerras, revoluciones, son distintas caras de una misma moneda.
En la actualidad se realizan las reformas para “salvarnos” con el modelo que unos pocos, banqueros y políticos, han realizado a espaldas del pueblo, de sus costumbres y tradiciones. Cuando esto sucede corren el riesgo de que se les escape de las manos el control y, lo que en principio son aspiraciones sociales que ya existían, degeneren en odios y rencillas. No quisiera que nuestras tierras se convirtieran en un campo de batalla similar al de países como Libia, Egipto o Siria.
Quizás las revueltas están motivadas por intereses falsos, pero ninguna revolución, por falsa que sea, se lleva a cabo si no es porque existe con anterioridad unas condiciones que han desembocado en la revuelta del pueblo.
Pido a los que tienen el poder que recapaciten y no confundan austeridad con recesión, que el ser humano tiene derecho a unas condiciones dignas, que los bancos y las multinacionales son entidades virtuales, números que nada tienen que ver con las personas.
Puede que tengan razón y la única solución, desde sus esquemas, sea la que están imponiendo a los demás, pero, para eso NO QUIERO SER EUROPEO.
Pido la paz y la palabra pues todavía estamos a tiempo de evitar males mayores. Ningún Banco Central Europeo, ningún Estado vale lo que vale una sola vida humana. Dejemos de hablar en términos macroeconómicos y analicemos la microeconomía. No debemos jugar con la pobreza y la miseria de la gente.
Pido y sigo pidiendo (quizás esté pidiendo demasiado) que den marcha atrás ante sucesos como los de Grecia, pues si antes dudaba de la construcción europea sobre criterios económicos, ya no me interesa ser europeo. No quiero ser europeo si es sobre la sangre de los demás, no quiero ser europeo si es a costa de los débiles, no quiero ser europeo si me toca pagar lo que no tengo para que ustedes se mantengan en el poder.
La paz solo se puede alcanzar si es con diálogo, comprensión, escuchar a los demás, corregir los errores. Por favor, ambas partes, dialoguen, hablen, negocien. Los criterios egoístas, imponer la voluntad, solo trae consecuencias nefastas con el sacrificio de demasiada gente.
Pido la paz y la palabra.

PIDO LA PAZ Y LA PALABRA

Escribo
en defensa del reino
del hombre y su justicia. Pido
la paz
y la palabra. He dicho
«silencio»,
«sombra», «vacío»,
etc.
Digo
«del hombre y su justicia»,
«océano pacífico»,
lo que me dejan.
Pido
la paz y la palabra.

Pido la paz y la palabra, 1955.

2 comentarios:

  1. ¡Cuanta verdad hay en tus palabras! Ya nadie se cree que lo de apretarse el cinturón sea la panacea; eso es sólo una artimaña para hacernos sentir culpables. Culpables de la avaricia desmedida de unos pocos.
    Me uno, pues, a tu petición. Dudo que sea pedir mucho.

    Un saludo.

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