Que tu
luz jamás se apague,
ahí descansa tu magia;
silenciosa,
siempre intacta,
aunque el mundo no la llame.
Vive oculta en tus grietas,
en lo que un día dolió;
y
aun herida se levanta
como flor que resistió.
Florece en cada intento
que nadie quiso aplaudir,
en la
batalla secreta
de seguir y de seguir.
Eres incendio y sosiego,
misterio, llama y verdad;
un
destello que persiste
donde reinó oscuridad.
Y aunque dudes en la noche,
y aunque te extravíes a
veces,
tu luz conoce el sendero
que en silencio permanece.
Sólo espera que regreses,
que vuelvas a mirar dentro;
allí
arde, fiel y encendida,
tu corazón más despierto.

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