Cielo plomizo














 Cielo cubierto y plomizo,


calor que el pecho devora,


poniente que se incorpora

con un húmedo hechizo.


La piel, sin hallar permiso,

guarda el sudor con paciencia,

mientras calla la conciencia,


pues la tarde, en su porfía,

medita si llovería

o si será apariencia.


Miguel Navarro




















Espinela del destino.


 


Espinela del destino

Sólo el destino, callado,

sabrá mi secreta historia;

si hubo derrota o victoria,

quedará siempre guardado.

Mientras lloro lo dejado

y la ausencia me sostiene,

mi corazón se detiene

entre la sombra y la herida;

tal vez comprenda la vida

lo que el silencio contiene.


Del Evangelio de Mateo


 

Padre, Señor de la altura,


de la tierra y de los cielos,

ocultaste tus desvelos

a quien presume cordura.

Mas con divina ternura

los mostraste al corazón

del pequeño, en quien tu don

halló morada y abrigo;

pues sólo el humilde amigo

comprende tu revelación.


Venid los de alma rendida,

los cansados de luchar;

yo os enseñaré a llevar

la carga de vuestra vida.

Mi mansedumbre es la guía,

mi corazón, claridad;

hallaréis serenidad

si aprendéis mi caminar,

porque mi yugo al llevar

se convierte en libertad.





Tarde de agosto.

  Las nubes cubren el cielo y la luz se vuelve incierta. Los pájaros regresan al nido; los animales buscan refugio. La naturaleza guarda...

– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)

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