Ojos de misterio
De dulce mirar bajo el sol callado,
ojos que penetran como
luz serena;
no sé qué silencio guardáis en el alma
que
al verlos mi espíritu queda templado.
Tus ojos son pardos de luz otoñal,
acuarelas suaves pintadas
de cielo;
y en ellos las gaviotas del anhelo
aprenden la
forma secreta de amar.
Cuando los contemplo se aquieta la vida,
como si una fuente
brotara en mi pecho;
mi sombra se vuelve silencio y
desierto
donde una presencia divina se anida.
¡Ojos! Si al miraros mi fe se levanta,
quizá en vuestra
hondura, callada y profunda,
Dios deja un destello de su luz
fecunda
para que el alma recuerde que canta.

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