El valor

       El verdadero valor es el de aquel, que reconociendo su temor, se enfrenta a la adversidad; el resto, cobardía, locura o temeridad. M.N.

Poema de Lope de Vega al Niño Jesús

      La Navidad celebra el nacimiento, mas este no es un nacimiento cualquiera sino el de alguien, un personaje especial, histórico, admirado o repudiado, cuya figura central atrae a un gran número de creyentes en sus diversas variantes y cada cual lo interpretará a su manera, unos más acertados, otros tal vez menos. Antes que Papa Noel o Santa Claus (uno de ellos) fuese creado por Coca Cola, existía la imagen navideña que se depositaba en ese niño recién nacido en un pesebre y no en un palacio.

      A sus pies muchos han caído enamorados, escritores, soñadores, pecadores, enfermos, necesitados, y entre ellos también se encontraba Lope de Vega, quien no dudó en dedicarle sus poemas.
      
      He elegido al azar uno de ellos pues sus palabras hablan por sí mismas.



Pues andáis en las palmas,
ángeles santos,
que se duerme mi niño,
tened los ramos.

Palmas de Belén
que mueven airados
los furiosos vientos
que suenan tanto:
no le hagáis ruido,
corred más paso,
que se duerme mi Niño,
tened los ramos.

El Niño divino
que está cansado
de llorar en la tierra
por su descanso,
sosegar quiere un poco
del tierno llanto.

Que se duerme mi niño,
tened los ramos.
Rigurosos hielos
le están cercando;
ya veis que no tengo
con qué guardarlo.

Ángeles divinos
que vais volando,
que se duerme mi Niño,
tened los ramos.
Lope de Vega.









Mi reino.


Narración libre basada en el Evangelio de San Juan 18, 33-37. 

En aquel tiempo el gobernador, entrando en la sala, mandó llamar al preso. Atrapado entre dos guardias, medio desnudo, sangrando, golpeado, azotado, humillado, el recién llegado cayó de rodillas ante el todopoderoso señor. Las burlas crecieron despreciando aquella sanguinolenta figura que se arrastraba por el suelo.
El gobernador contemplándolo preguntó: 
– ¿Eres el cabecilla de los que pretenden sublevarse contra la crisis, la tristeza, la mediocridad y la corrupción?
Lo que quedaba de aquel ser, levantando la cabeza preguntó: 
– ¿Dices eso por tu cuenta, o es lo que otros hablan de mí entre susurros, envidias y manipulaciones?
El gobernador, alzando sus cejas y acariciando sus barbas, respondió:  
– ¿Soy de los tuyos? Los sujetos que hablan de ti te han traicionado como se traicionan los sueños con realidades infelices, como se delatan a los ideales que pretenden cambiar el mundo, como se abandonan las esperanzas ante el poder de los supremos señores de la tierra. ¿Qué has hecho?
El Hombre, irguiendo a duras penas sus martirizadas rodillas, se levantó para afirmar:  
– Mi Reino no es de tu mundo. Si mi Reino fuese como el tuyo, mis hombres habrían combatido con las armas de la mentira, la decadencia, las dobles verdades, tráficos de influencias, mitades incompletas de políticas mediocres, de economías sumergidas.
Entonces el gobernador preguntó: 
– ¿Luego tú eres el Rey?
Respondió el Hombre: 
– Tú lo dices, soy Rey de sonetos truncados, de versos encendidos, de gritos al viento, de lamentos que claman desde la indigencia, de endecasílabos que lloran muertos desconocidos, de alejandrinos que sobrevuelan mundos lejanos, de sátiras que recuperan la dignidad de los acosados. Porque no hay más verdad que la verdad del corazón. Todo el que es de la verdad, escucha mi palabra, acompaña mi voz.

Elegía a Javier


Erase una vez un hombre
pegado a una sonrisa
de corazón sincero,
de mirada ligera,
que vivió rápido
y murió deprisa.
Sus ojos eran grandes,
sus manos, generosas,
su piel, morena y curtida,
de vida tenía hambre.
Amaba la vida,
las flores, las rosas,
la buena comida,
las cosas hermosas,
y vivió rápido
y murió deprisa.
Temor no conocía,
tampoco la falsedad,
siempre el corazón ardía
cuando tenía que luchar.
Hoy no te puedo llorar,
tu memoria me ahoga,
me atrapa, me condena,
sonriéndome sin cesar.
Siempre te recordaré
con un cigarro en la boca,
germen de tu enfermedad,
y en tu mano una copa,
sin pasarte del final.
Interrumpida alma,
te imagino en un  lucero,
fugaz y ligero,
acompañando el paseo
la Virgen de la Balma
mientras sigo en el suelo
aplacando mis lágrimas
grises, sin consuelo.
Veo que la luna amanece
de forma diferente
y que el sol anochece
más  alegremente,
cada estrella se mece
brillando reluciente
y todos agradecen
tu presencia sonriente.
Erase una vez un hombre
pegado a una sonrisa
de corazón sincero,
de mirada ligera,
que vivió rápido
y murió deprisa.

Otra España (un poco de historia)




Por cortesía de Comunidad de pueblos hispánicos.


El Virreinato del Perú fue una entidad territorial, integrante del Imperio español, establecida por la Corona española durante su periodo de dominio americano. Fue creado por el rey Carlos I, por medio de la Real cédula firmada en Barcelona el 20 de noviembre de 1542, tras la Conquista del Perú, realizada por las tropas de Francisco Pizarro, tomándose como base a los territorios de las gobernaciones de Nueva Castilla y de Nueva Toledo.

Muchos dicen que el Imperio Inca era el Perú y eso es falso. El actual Perú fue diseñado por España, su cultura, idioma, costumbres, las formas de las ciudades y hasta su nombre ¡PERÚ! fue creación española.







Cielo plomizo

 Cielo cubierto y plomizo, calor que el pecho devora, poniente que se incorpora con un húmedo hechizo. La piel, sin hallar permiso, guard...

– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)

La Corona de Uganda

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