Místicismo y poesía. Daniel Faria y su poesía.



Daniel Augusto da Cunha Faria (Baltar, 10 de abril de 1971 - Monasterio de Singeverga, Oporto 09 de Junio de 1999), mitad monje, mitad poeta.  Más conocido como Daniel Faria, fue uno de los principales poetas portugueses contemporáneos.
Sintió pronto la vocación sacerdotal (como otro de los más citados poetas portugueses de ahora, José Tolentino Mendonça). Estudió Teología y Literatura, posteriormente ingresó como novicio (1997) en el monasterio benedictino de San Benito de la Victoria. Pasó al monasterio de Singeverga (1998). La noche del 2 al 3 de junio del año siguiente, tiene un accidente doméstico en su celda. Tras unos días en estado de coma, fallece el 9 de junio en el Hospital de San Juan (Oporto).
Fuentes:
Wikipedia.
LASNUEVEMUSAS.COM
AGENCIA.ECCLESIA.PT
Traducciones poemas: Sandra Santos.
El Cultural. El Mundo.

Coleccionaba piedras, amaba la luz de las iglesias, el teatro, la literatura, la música, el cine; amaba a sus amigos con una entrega casi obsesiva.
Le dio tiempo a escribir tres libros de poemas que permanecieron inéditos hasta que Vera Vouga los recogió en su edición de la Poesía de Faria.
Sus obras más destacadas son “Explicación de los árboles y de otros animales”, “Hombres que son como lugares mal situados” y “De los líquidos”, así como un número indeterminado de libros manuscritos de un único ejemplar que regalaba a sus amigos, y de los que apenas se ha publicado uno, “El libro de Joaquim” (Joaquim es el amigo al que se lo regaló, un compañero de seminario).
La arquitectura poética de Daniel Faria nace de la tierra quemada, pero en la sinfonía de sus palabras brota una siembra evangélica. Es fértil... apunta al horizonte.
En el ambiente rural se reflejan episodios importantes de su infancia. Desarrolla imágenes en color con elementos bíblicos. En este abrigo bucólico muestra la epifanía de su semilla vocacional:    

"En este lugar de transición me mantiene mendigo"
    "Neste lugar transitório mantém-me mendigo"

“Si vas por el centro de ti mismo”, Faria se expresa de manera concisa. Escoge personajes que deambulan en desiertos bíblicos. Una Sara envejecida que deshace los bajos de sus vestidos, su esclava, un arquero, el niño que duerme cerca de un arbusto. Lot y Abrahán dialogan. Pone voz a la mujer adúltera y al hijo pródigo. Se evocan los ríos de Babilonia, la ciudad de Sarepta, el príncipe Jonatán y el profeta Ezequiel. Los elementos del poema son el pozo, la vid, el velo, la reja del arado, el haz de leña, las casas destruidas.

Libros recomendados:
“Hombres que son como lugares mal situados” Ediciones Sígueme. Enero 2016.
“De los líquidos” Ediciones Sígueme. Enero 2017.
“Explicación de los árboles y de otros animales”. Ediciones Sígueme Diciembre 2014.

El eje central de su vida fue compartir. Compartir la palabra, la amistad, la poesía y la fe. Pero también compartir el teatro, donde encontró un lenguaje único. Daniel escogió una vida apagada, pero su obra entera es una respuesta a la palabra de Dios, afirmaba un compañero del monasterio de Singeverga. “No imaginas cómo brillaba cuando actuaba, cuando salía a escena se transformaba”, decía otro.

"Sé que estoy viajando en la palabra que se mueve"
"Sei que estou em viagem na palavra que se move"

En él existía la necesidad de representación. Y precisamente a partir de la representación se entiende la fe. Si la fe está en algún lugar, está en el rito y no en la doctrina. La fe es una forma de hacer y actuar, una presencia, una actitud. Así, aparece en este espectáculo, donde los cuerpos se vuelven archivo y memoria de esos gestos de fe, de esas distintas formas de bailar, de esas distintas formas de preguntar: ¿aceptarás ser tocado, estás disponible? Daniel Faria, la vida apagada se ha encendido.
Su poesía es un milagro inmenso. Se caracteriza por su clarividencia, espiritualidad y delicadeza. Su voz emana desde el interior, habla en un tono umbilical, sin trucos, nos enseña a amar el asombro de la vida.

No creo que cada uno tenga su lugar.    
Creo que cada uno es un lugar para los demás.
"Não acredito que cada um tenha o seu lugar.
Acredito que cada um é um lugar para os outros"

En él se refleja la trascendencia: el hombre que elige una forma de vida extrema y dialoga con Dios. Este Dios no es algo extraño, raro, interno o externo; es existencia misma en la experiencia del cuerpo.
La idea central de su poética se encuentra en "el mecanismo secreto del amor" que es "ese proceso de diálogo, con el escrito, con los poemas entre sí, en la intertextualidad de los poemas con otros autores".
Poesía meditativa, contemplativa, luminosa con la luminosidad de quien sabe que la oscuridad es uno de los matices más hermosos de la luz, capaz de metáforas que nos hacen ver el mundo de nuevo en profundidad, la poesía de Faria es excepcional. Le fascinaba la luz, en especial la de las iglesias. Para él "la luz esencial es la luz de la mañana" ("Guarda la mañana", escribe en un poema). Estamos ante iluminaciones o epifanías: "E injerto luz / en todo lo que nombro", escribe.
La mejor poesía se sirve de las palabras para reinventar el silencio. Y así ocurre casi en cada poema de Faria, que hace de la hondura un himno y de la intensidad, un mantra. El mundo de Daniel Faria es el mundo del símbolo. Y prima, sin duda, así como lo metafórico: árbol, pájaro, piedra, casa...
Es un auténtico apóstol de la naturaleza que, a través del escenario metafísico de palabras, muestra los valores de la vida y apunta a la muerte como un proyecto de futuro.

"El interior de la casa
Y estar chispa donde la vida de la muerte    
Y se rompe la vida"
"O interior do repouso
E ser faúlha onde a morte vive
E a vida rompe"


"El silencio se revela como la palabra perfecta al final". Le gusta "dialogar con el silencio".
Su poesía es sencilla en su ejecución formal, pero nada simple. Recuerda cierta línea hermética, no tanto por la dificultad de encontrarle sentido cuanto por sus rasgos elípticos, de suma economía verbal. Poesía de aire metafísico. Poesía delicada. Poesía "pobre", sí, pero plena de significados ("manifestación primigenia de lo divino").
El proceso de escritura consiste en "aprender a eliminar", "partiendo de lo que ya está descubierto".
Nunca aparece una coma, son frecuentes las palabras nada y vacío.
Deslumbramientos de un ser que observa la realidad con la inocencia, la perplejidad y el asombro del que no entiende. De ahí lo de "explicaciones", palabra clave que antecede los títulos de todos los poemas del libro “Explicación de los árboles y de otros animales”.
De las casas, por ejemplo, una de las series más hermosas del volumen, donde describe la celda:
"Estoy entre paredes blancas.
Cuatro paredes mi celda, 
el frío, la soledad y mi catre. 
La luz entra siempre de noche.".

Obras:   
Uma Cidade com Muralha, 1991, poemas.
Oxalida, 1992, poemas.
A dos ceifeiros Casa, 1993, poemas.
Que homens são com Lugares veces siutados, 1998, poemas.
Explicação dos Arvores e de Otros animales, 1998, poemas.
Un Vidae conversação de Agostinho libre Entre un Aprendizagem eo ensino da Cruz, 1999 poemas.   
Legenda párrafo Uma Casa Habitada (póstumo), 2000, poemas.   
Dos Líquidos, (a título póstumo), 2000, poemas.

POEMAS:

Hombres que son como lugares mal situados
Hombres que son como casas saqueadas
Que son como sitios fuera de los mapas
como piedras fuera del suelo
como niños huérfanos
Hombres sin huso horario
Hombres agitados sin brújula donde reposar

Hombres que son como fronteras invadidas
Que son como caminos fortificados
Hombres que quieren cruzar los atajos sofocados
Hombres sulfatados por todos los destinos
Desempleados de sus vidas

Hombres que son como la negación de las estrategias
Que son como los escondites de los contrabandistas
Hombres encarcelados aprisionados abriéndose con cuchillos

Hombres que son como daños irreparables
Hombres que son sobrevivientes vivos
Hombres que son sitios desviados
Del lugar

Homens que são como lugares mal situados
Homens que são como casas saqueadas
Que são como sítios fora dos mapas
Como pedras fora do chão
Como crianças órfãs
Homens sem fuso horário
Homens agitados sem bússola onde repousem

Homens que são como fronteiras invadidas
Que são como caminhos barricados
Homens que querem passar pelos atalhos sufocados
Homens sulfatados por todos os destinos
Desempregados das suas vidas

Homens que são como a negação das estratégias
Que são como os esconderijos dos contrabandistas
Homens encarcerados abrindo-se com facas

Homens que são como danos irreparáveis
Homens que são sobreviventes vivos
Homens que são sítios desviados
Do lugar

Hombres que son como proyectos de casas
En sus balcones inclinados hacia el mundo
Hombres en los balcones hacia la vejez
Muy estropeados por las intemperies

Hombres repletos de envases esperando la lluvia
Quedos en espera
De un compañero posible para el diálogo interior

Hombres muy vueltos para un modo de ver
Una mirada fija como quien viene caminando al encuentro
De si mismo
Hombres muy poco listos tan desprevenidos
Para recibirse

Hombres bajo la lluvia con las manos en los ojos
Imaginando relámpagos
Hombres abriendo fuego
Para enjugar el rostro, para cerrar los ojos
No tan preparados, tan desprevenidos
Tan confusos esperando un sistema solar
Donde sea posible una sombra mayor.

Homens que são como projectos de casas
Em suas varandas inclinadas para o mundo
Homens nas varandas voltados para a velhice
Muito danificados pelas intempéries

Homens cheios de vasilhas esperando a chuva
Parados à espera
De um companheiro possível para o diálogo interior

Homens muito voltados para um modo de ver
Um olhar fixo como quem vem caminhando ao encontro
De si mesmo
Homens tão impreparados tão desprevenidos
Para se receber

Homens à chuva com as mãos nos olhos
Imaginando relâmpagos
Homens abrindo lume
Para enxugar o rosto para fechar os olhos
Tão impreparados tão desprevenidos
Tão confusos à espera de um sistema solar
Onde seja possível uma sombra maior

Voz en el viento pasando entre polvareda
Edificio
Árbol en otro poema
Me quedo a la sombra de la vid y del pilar en el otoño

E injerto la luz
En todo lo que nombro

Voz no vento passando entre poeira

Edifício
Árvore noutro poema
Fico à sombra da vide e do esteio no Outono

E enxerto a luz
Em tudo o que nomeio

Yo suelto el espíritu y cribo el ritmo
De la sangre en el amor, el movimiento afuera
El desabrigo completo. Penetro los múltiples
Sentidos de la palabra que sopla su voz
En los pulsos. Cribo la pulsación del canto
Y encuentro
El silencio inigualable de quien escucha

Es por ello que mis entrañas vibran de modo igual
A la de la cítara

Yo suelto las entrañas y encuentro dolor
De quien toca la cítara. La frágil raíz
De quien criba horas y horas la vida y encuentra
La cuerda más azul, la vena inagotable
De quien ama
Encuentro el silencio en las entrañas de quien canta
Es por ello que mi amor vibra en el espíritu de quien criba

El músico incompleto suelta las ideas de las formas
Yo soplo el agua viva. Cribo
El sufrimiento demorado del canto
Encuentro el misterio
De la cítara

Eu peneiro o espírito e crivo o ritmo
Do sangue no amor, o movimento para fora
O desabrigo completo. Penetro os múltiplos
Sentidos da palavra que sopra a sua voz
Nos pulsos. Crivo a pulsação do canto
E encontro
O silêncio inigualável de quem escuta

Eis porque as minhas entranhas vibram de modo igual
Ao da cítara

Eu peneiro as entranhas e encontro a dor
De quem toca a cítara. A frágil raiz
De quem criva horas e horas a vida e encontra
A corda mais azul, a veia inesgotável
De quem ama
Encontro o silêncio nas entranhas de quem canta
Eis porque o amor vibra no espírito de quem criva

O músico incompleto peneira a ideia das formas
Eu sopro a água viva. Crivo
O sofrimento demorado do canto
Encontro o mistério
Da cítara

Mujer

Antes de la noche
Bruñirás los montes
Bordarás la lluvia
Tejerás el tiempo
Con tus lágrimas
Bañarás el viento

Mulher
Antes da noite
Brunirás os montes
Bordarás a chuva
Tecerás o tempo
Com as tuas lágrimas
Lavarás o vento


Me acuesto a la muerte sin amparo o sombra
Como el grano

Me acerco de la flor que vendrá y vengo
A la superficie de tu sueño

Como si despertase la mano que siembra
En el corazón labrado de quien hace la cosecha
Retoño en el interior de la muerte como el trigo

Retoño en el interior del trigo
Y de cualquier planta que se asemeje a ti

Encosto-me à morte sem amparo ou sombra
Como o grão

Abeiro-me da flor que virá e venho
À superfície do teu sonho

Como se acordasse a mão que semeia
No coração lavrado de quem faz a ceifa
Rebento no interior da morte como o trigo

Rebento no interior do trigo
E de qualquer planta que se assemelhe a ti

Trabajo a partir de la existencia de la luz
Y de ciertos minerales
Aunque no merezca la materia luminosa
De la tierra soplada de donde viene el hombre. El ánfora, el vidrio. Y recojo
El fuego
Como cuando en el principio la mañana se acerca

Trabajo a partir de la cosecha matinal. Experimento
La paja antigua del hombre arqueado, el rumor enjuto del líquido
En la neblina, en el rocío, en la carne
De la palabra calculando su vuelo
A través del reflejo sobre las aguas: en el inicio

Trabajo en el agua que la voz ha movido
Obrando los sismos: y soy
el humus, el barro en los márgenes
el hombre que nunca ha comprendido

Trabalho a partir da existência da luz
E de certos minerais
Mesmo se não mereço a matéria luminosa
Da terra soprada donde o homem vem. A ânfora, o vidro. E recolho
O fogo
Quando como no princípio a manhã se abeira

Trabalho a partir da ceifa matinal. Experimento
A paveia antiga do homem vergado, o rumor enxugado do líquido
Na névoa, no orvalho, na carne
Da palavra calculando o voo
Pelo reflexo sobre as águas: no início

Trabalho na água que a voz movimentou
Gerando os sismos: e sou
O húmus, o barro nas margens
O homem que nunca compreendeu

Hombres que trabajan bajo la lámpara
de la muerte
que excavan en esa luz para mirar a quien ilumina
la fuente de sus días

Hombres muy doblados por el pensamiento
que vienen despacio como quien baja
las persianas
para mirar en lo escuro del amanecer

Hombres que excavan de día a día el pensamiento
que trabajan en la sombra de la copa cerebral
que podan la piedra de la locura cuando muelen las pupilas
Hombres enteramente blancos que abren la cabeza
Buscando esa piedra definida

Hombres de cabeza abierta expuesta al pensamiento
Libre. Que vienen despacio abrir
un lugar donde amanezca.
Hombres que se sientan a ver la mañana
que excavan un lugar
hacia la salida.

Homens que trabalham sob a lâmpada
Da morte
Que escavam nessa luz para ver quem ilumina
A fonte dos seus dias

Homens muito dobrados pelo pensamento
Que vêm devagar como quem corre
As persianas
Para ver no escuro a primeira nascente

Homens que escavam dia após dia o pensamento
Que trabalham na sombra da copa cerebral
Que podam a pedra da loucura quando esmagam as pupilas
Homens todos brancos que abrem a cabeça
À procura dessa pedra definida

Homens de cabeça aberta exposta ao pensamento
Livre. Que vêm devagar abrir
Um lugar onde amanheça.
Homens que se sentam para ver uma manhã
Que escavam um lugar
Para a saída.

Que no levantemos los hombres que se sientan en la salida
Porque se mueven en sus caminos interiores
Equilibran con dificultad una idea
Cualquier cosa muy nítida, semejante
A una hoja vacía
Y cuelgan nidos en los árboles para que se liberen
De la caja terrible, invisible muchas veces
De tan dura
Que no nos aproximemos de los hombres que ponen las manos en las barras
Que acostan la cabeza a los hierros
Sin otras manos donde agarrar las manos
Sin otra cabeza donde apoyar el corazón
Que no les toquemos sino con los materiales secretos
Del amor.
Que no les pidamos para entrar
Porque su fuerza es hacia fuera y su espera
Es fe inquebrantable en el misterio que inclina
Los hombres hacia dentro
Que no los levantemos
Ni nos sentemos a su lado. Sentémonos
En el lado opuesto, donde ellos pueden venir para erguirnos
En cualquier momento

Não levantemos os homens que se sentam à saída
Porque se movem em seus carreiros interiores
Equilibram com dificuldade uma ideia
Qualquer coisa muito nítida, semelhante
A uma folha vazia
E põem ninhos nas árvores para se libertarem
Da gaiola terrível, invisível muitas vezes
De tão dura
Não nos aproximemos dos homens que põem as mãos nas grades
Que encostam a cabeça aos ferros
Sem outras mãos onde agarrar as mãos
Sem outra cabeça onde encostar o coração
Não lhes toquemos senão com os materiais secretos
Do amor.
Não lhes peçamos para entrar
Porque a sua força é para fora e a sua espera
É fé inabalável no mistério que inclina
Os homens para dentro
Não os levantemos
Nem nos sentemos ao lado deles. Sentemo-nos
No lado oposto, onde eles podem vir para erguer-nos
A qualquer instante

Podría haber escrito temblando, puesto que respiras tan lejos
Haber escrito con la sangre.
Podría también haber escrito las visiones
Si los ojos divididos en partes no sobrasen
En lo vacío de ceguera
Y luz.
Podría haber escrito lo que sé
Del futuro y de ti
Y de haber visto en el desierto
El silencio, el fuego y el diluvio.
De dormir lleno de sed y podría
Escribir
El interior del reposo
Y ser chispa donde la muerte vive
Y la vida rompe.
Y podría haber escrito mi nombre en tu nombre
Porque me alimento de tu boca
Y en la palabra me sustento en ti

Poderia ter escrito a tremer de respirares tão longe
Ter escrito com o sangue.
Também poderia ter escrito as visões
Se os olhos divididos em partes não sobrassem
No vazio de ceguez
E luz.
Poderia ter escrito o que sei
Do futuro e de ti
E de ter visto no deserto
O silêncio, o fogo e o dilúvio.
De dormir cheio de sede e poderia
Escrever
O interior do repouso
E ser faúlha onde a morte vive
E a vida rompe.
E poderia ter escrito o meu nome no teu nome
Porque me alimento da tua boca
E na palavra me sustento em ti

Te amo en esta idea nocturna de la luz en las manos
Y quiero caer en desuso
Fundirme completamente.
Esperar el destello de tu llegada, la estrella, tu ángel
Los focos celestes que la candela humana no iguala
Que los ojos de la persona amada no permiten olvidar.
Amo tan grandemente la idea de tu rostro que pienso verte
Hacia mí
Inclinado como el niño que quiere volver al suelo.

Amo-te nesta ideia nocturna da luz nas mãos
E quero cair em desuso
Fundir-me completamente.
Esperar o clarão da tua vinda, a estrela, o teu anjo
Os focos celestes que a candeia humana não iguala
Que os olhos da pessoa amada não fazem esquecer.
Amo tão grandemente a ideia do teu rosto que penso ver-te
Voltado para mim
Inclinado como a criança que quer voltar ao chão.

Examinemos también la escritura
El suelo negro resultado del fuego
El mecanismo semejante a las quemadas
Dejando la tierra arable en su devastación.
Todo esto interesa para que retomemos la piedra donde está escrita
La palabra nueva
La piedra donde circula la sangre.
Mientras preguntas por las diez palabras
Pon la boca en la palabra liquida
Examina el corazón de carne en vez de la escritura antigua
El verbo donde brota la palabra incesante

Hay dentro de ella una piedra nupcial

Examinemos também a escrita
O solo negro deixado pelo fogo
O mecanismo semelhante às queimadas
Deixando a terra arável na sua devastação.
Tudo isto interessa para retomarmos a pedra onde está escrita
A palavra nova
A pedra onde corre o sangue.
Enquanto perguntas pelas dez palavras.
Põe a boca na palavra líquida
Examina o coração de carne em vez da escrita antiga
O verbo onde jorra a palavra incessante

Há dentro dela uma pedra nupcial


Sabes, lector, que estamos ambos en la misma pagina
Y aprovecho el hecho de que hayas llegado ahora
Para explicarte como veo el crecimiento de una magnolia.
La magnolia crece en la tierra que pisas – puedes pensar
Que te digo alguna cosa innecesaria, pero podía haberte dicho, créeme,
Que la magnolia te crece como un libro entre las manos. O mejor dicho,
Que la magnolia – y esa es la verdad – crece siempre
Pese a nosotros.  
Esta raíz para la palabra que ella ha lanzado en el poema
Puede que signifique que en la rama que quede de ese lado
La flor que se abra es ya un poco de ti. Y la flor que te extiendo,
Aunque la rechaces
Nunca la podré conocer, ni jamás, aun amándola,
La cogeré.

La magnolia extiende contra mi escrita tu sombra
y toco la sombra de la magnolia como tomase tu mano


Sabes, leitor, que estamos ambos na mesma página
E aproveito o facto de teres chegado agora
Para te explicar como vejo o crescer de uma magnólia.
A magnólia cresce na terra que pisas – podes pensar
Que te digo alguma coisa não necessária, mas podia ter-te dito, acredita,
Que a magnólia te cresce como um livro entre as mãos. Ou melhor,
Que a magnólia – e essa é a verdade – cresce sempre
Apesar de nós.
Esta raiz para a palavra que ela lançou no poema
Pode bem significar que no ramo que ficar desse lado
A flor que se abrir é já um pouco de ti. E a flor que te estendo,
Mesmo que a recuses
Nunca a poderei conhecer, nem jamais, por muito que a ame,
A colherei.

A magnólia estende contra a minha escrita a tua sombra
E eu toco na sombra da magnólia como se pegasse na tua mão


Explicación de la gravedad

La ley de las cosas es tumbar
Preguntándose:
Sólo el pájaro vive para el vuelo.
Cuando se posa es igual que un hombre que se sienta
Para pensar.
El hombre piensa que nada es más hondo
Que después de Dios los hijos y los sismos.

Explicação da gravidade


A lei das coisas é tombar
Interrogando-se:
Só o pássaro vive para o voo.
Quando pousa é igual ao homem que se senta
Para pensar.
O homem pensa que nada é mais profundo
Que depois de Deus os filhos e os sismos.


Del inagotable

Amo el camino que extiendes adentro de mis divisiones.
Ignoro si un pájaro muerto sigue con su vuelo
Si se acuerda de los movimientos migratorios
Y de las estaciones.
Pero no me importa enfermar en tu regazo
Dormir al relente en tus manos.

Do Inesgotável

Amo o caminho que estendes por dentro das minhas divisões.
Ignoro se um pássaro morto continua o seu voo
Se se recorda dos movimentos migratórios
E das estações.
Mas não me importo de adoecer no teu colo
De dormir ao relento nas tuas mãos.

Las mujeres aspiran la casa para dentro de los pulmones
Y muchas se transforman en árboles llenos de nidos – es decir,
Las mujeres – aunque las casas presenten los tejados inclinados
Al peso de los pájaros que se abrigan.

Es por la ventana de los hijos que las mujeres respiran

Sentadas en los peldaños mirando hacia ellos y muchas
Se transforman en escaleras

Muchas mujeres se transforman en paisajes
En árboles llenos de niños trepando que se prenden
A las ramas – en el cuello de las madres – aunque los árboles irradien
Llenos de retoños

Las mujeres aspiran para dentro
Y engendran continuamente. Se transforman en huertos.
Ellas arruman la casa
Ellas ponen la mesa
Alrededor del corazón.

As mulheres aspiram a casa para dentro dos pulmões
E muitas transformam-se em árvores cheias de ninhos - digo,
As mulheres - ainda que as casas apresentem os telhados inclinados
Ao peso dos pássaros que se abrigam.

É à janela dos filhos que as mulheres respiram

Sentadas nos degraus olhando para eles e muitas
Transformam-se em escadas

Muitas mulheres transformam-se em paisagens
Em árvores cheias de crianças trepando que se penduram
Nos ramos - no pescoço das mães - ainda que as árvores irradiem
Cheias de rebentos

As mulheres aspiram para dentro
E geram continuamente. Transformam-se em pomares.
Elas arrumam a casa
Elas põem a mesa
Ao redor do coração.

Hubiera una señal conduciéndonos
Y únicamente al movimiento de crecer nos guiase. Que tengamos de los árboles
La incomparable paciencia de buscar lo alto
La verde bondad de permanecer
Y orientar los pájaros

Houvesse um sinal a conduzir-nos
E unicamente ao movimento de crescer nos guiasse. Termos das árvores
A incomparável paciência de procurar o alto
A verde bondade de permanecer
E orientar os pássaros

Extraño el sueño que no te devuelve
Como es extranjero el sosiego
De quien no espera recado.
Esa sombra como es el alma
De quien ya sólo dentro se ilumina
Y sorprende
Y fuera es
Apenas peso de ser tarde. Como es
Amargo no poder guardarte
En suelo más cercano al corazón.

Estranho é o sono que não te devolve.
Como é estrangeiro o sossego
De quem não espera recado.
Essa sombra como é a alma
De quem já só por dentro se ilumina
E surpreende
E por fora é
Apenas peso de ser tarde. Como é
Amargo não poder guardar-te
Em chão mais próximo do coração.

Concierto la palabra con todos los sentidos en silencio
La restauro
Le doy un sonido para que ella hable por dentro
La ilumino

Ella es una lámpara sobre mi mesa
Reunida en una forma comparada a la lámpara
A un zumbido callado momentáneamente en enjambre

Ella no se come como las palabras enteras
Pero se devora a sí misma y la restauro
A partir del vómito
Vuelvo despacio a ponerla en el hambre

La pierdo y la recupero como el tiempo de la tristeza
Como un hombre nadando hacia atrás
Y soy una energía para ella

Y la ilumino

Conserto a palavra com todos os sentidos em silêncio
Restauro-a
Dou-lhe um som para que ela fale por dentro
ilumino-a

Ela é um candeeiro sobre a minha mesa
Reunida numa forma comparada à lâmpada
A um zumbido calado momentaneamente em enxame

Ela não se come como as palavras inteiras
Mas devora-se a si mesma e restauro-a
A partir do vómito
Volto devagar a colocá-la na fome

Perco-a e recupero-a como o tempo da tristeza
Como um homem nadando para trás
E sou uma energia para ela

E ilumino-a




Guarda la mañana
Todo lo demás se puede extraviar

Porque tú eres el medio de la mañana
El punto más alto de la luz
En explosión

Guarda a manhã
Tudo o mais se pode tresmalhar

Porque tu és o meio da manhã
O ponto mais alto da luz
Em explosão

Mi proyecto de morir es mi oficio
Esperar es un modo de que llegues
Un modo de amarte dentro del tiempo

O meu projecto de morrer é o meu ofício
Esperar é um modo de chegares
Um modo de te amar dentro do tempo

Fueras tú un ave o una hoja
Y el otoño te vendría a desprender

Fosses tu uma ave ou uma folha
E o Outono te viria desprender

Como duelen los árboles
Cuando viene la primavera

Y lo amigos que aún están en pie

Como doem as árvores
Quando vem a Primavera

E os amigos que ainda estão de pé

Un corazón de sangre
Un corazón de esquisto y acero
Un corazón angular y redondo
Como la piedra que te abre
Del interior del suelo
Un corazón solar

De granito
De carne
Curado de la noche de nacimiento


Un corazón de hombre
Un corazón de hombre vivo
Un corazón de niño al regazo
Interior
-Más interior que la sangre en el corazón que me darás-

Pido un corazón
Nuclear

Um coração de sangue
Um coração de xisto e aço
Um coração angular e redondo
Como a pedra que te abre
Do interior do chão

Um coração solar
De granito
De carne
Curado da noite de nascença

Um coração de homem
Um coração de homem vivo
Um coração de criança ao colo
Interior
-Mais interior do que o sangue no coração que me darás-

Peço um coração
Nuclear





Camino un poco arriba del suelo
En ese lugar donde suelen ser abatidos
Los pájaros
Un poco arriba de los pájaros
En el lugar donde suelen inclinarse
Para el vuelo

Tengo miedo del peso muerto
Porque es un nido deshecho

Estoy ligeramente arriba de lo que muere
En esa ladera donde la palabra es igual que pan
Un poco en la palma de la mano que divide
Y no separo como el silencio en medio de lo que escribo

Camino ligero arriba de lo que digo
Y vierto la sangre adentro de las palabras
Camino un poco arriba de la transfusión del poema

Camino humildemente en los alrededores del verbo
Pasajero en un escalón invisible sobre la tierra
En ese lugar de los árboles con fruto y de los árboles
En el medio de los incendios
Estoy un poco en el interior de lo que arde
Apagándome despacio y teniendo sed
Porque camino arriba de la fuerza saciando quien vive
Y aplasto el corazón para lo que desciende sobre mí
Y bebe

Ando um pouco acima do chão
Nesse lugar onde costumam ser atingidos
Os pássaros
Um pouco acima dos pássaros
No lugar onde costumam inclinar-se
Para o voo

Tenho medo do peso morto
Porque é um ninho desfeito

Estou ligeiramente acima do que morre
Nessa encosta onde a palavra é como pão
Um pouco na palma da mão que divide
E não separo como o silêncio em meio do que escrevo


Ando ligeiro acima do que digo
E verto o sangue para dentro das palavras
Ando um pouco acima da transfusão do poema

Ando humildemente nos arredores do verbo
Passageiro num degrau invisível sobre a terra
Nesse lugar das árvores com fruto e das árvores
No meio dos incêndios
Estou um pouco no interior do que arde
Apagando-me devagar e tendo sede
Porque ando acima da força a saciar quem vive
E esmago o coração para o que desce sobre mim
E bebe

Hay hombres abriendo las manos como libros
Superficies intensas sin ruido – las nacientes
En la roca lisa, en el desierto imprevisto

Es caliente el silencio. Es quieto de una claridad
Atenta. Ellos lo abren – el rocío
Y ni siempre lo atraviesa la lumbre

Es siempre de mañana que se abren las corrientes
Abren los escritos sin abrir los labios
Ellos susurran sobre los oídos
Del hombre que habla sólo

Ni siempre abren la puerta de quien está en su casa
Ni la herida que se cura con el tiempo

Abren una fuente y un lugar adelante. Cada afluente
Y su lecho. Abren
Los ganchos profundos de las señales

Há homens a abrir as mãos como livros
Superfícies intensas sem ruído - as nascentes
No rochedo liso, no deserto imprevisto

É quente o silêncio. É quieto de uma claridade
Atenta. Eles o abrem - o orvalho
E nem sempre o atravessa o lume

É sempre de manhã que se abrem as correntes
Abrem os escritos sem abrir os lábios
Eles sussurram sobre os ouvidos
Do homem que fala sozinho

Nem sempre abrem a porta de quem está em sua casa
Nem a ferida que se cura com o tempo

Abrem uma fonte e um lugar à frente. Cada afluente
E o seu leito. Abrem
Os anzóis profundos dos sinais

Siracusa

De piedra en piedra
Te pido

No mueras de sed
O de luz

Siracusa

De pedra em pedra
Te peço

Não morras de sede
Ou de luz



El tono en la literatura. Creación literaria.



 Antes de empezar a escribir un relato nos tenemos que preguntar: ¿qué emoción transmitirá mi historia? Un mismo relato se puede contar de diferentes maneras utilizando distintas entonaciones.
El tono, en la creación literaria, como parte de la composición lingüística, es aquella técnica que emplea el autor hacia el sujeto de la obra y hacia el lector de la misma.
Cada relato es la puerta a un mundo único, en el que unos personajes, inimitables, originales, viven una historia nueva y desconocida para el lector.  Ese relato tiene como base, una anécdota y unos personajes que la viven; pero también tiene un narrador, la voz que narra los acontecimientos, que nos hace llegar el relato como lectores: y nos lo hace llegar a través de su particular y única visión de los hechos.
Independientemente de que ese narrador puede ser un narrador externo a la historia o interno (uno de los personajes que nos la cuenta), lo cierto es que le proporciona algo imprescindible a esa anécdota: el tono.
El tono, del latín “TONUS”, que a su vez procede del griego antiguo “TÓNOS” ("tensión"), se emplea para transmitir la tensión, la emoción que se debe sentir al leer un texto.
Por tanto, el tono es la actitud emocional que el narrador mantiene en el tema y es clave para comprender la obra e incluso entenderla desde el punto de vista del autor o de los personajes.
La misma historia puede resultar completamente diferente para el lector si el narrador la redacta en tono de comedia –es decir, empleando giros, expresiones, ritmos, juegos de palabras para hacer reír– o en tono formal –utilizando todos esos recursos para, simplemente, informar al lector.
Sin tono, una pieza de la literatura se presentaría sin emociones y tendría el aspecto de un documento oficial.
Es muy poco probable que una novela tenga un solo tono a lo largo de toda la obra. De hecho, los autores generalmente cambian el tono en cada escena o fragmento para mantener al lector interesado y crear una sensación de ritmo en su obra.
En muchos casos, el tono literario puede presentar evoluciones dentro de la obra produciéndose una escala tonal. Se trata de aquellos tonos que pasan, por ejemplo, de lo depresivo a lo alegre. Incluye también los tonos irónicos. Estos ayudan a determinar los sentimientos y estados de ánimo del autor y de este hacia el sujeto.
Si bien, en cada tramo, capítulo o escena, puede variar el tono, resulta importante mantener un tono “general”. Podemos jugar con el lector, pero no despistarle en demasía o perderá su interés por nuestra historia.
Para la elección del tono adecuado hay que tener en cuenta el tema, el ambiente y el mensaje que la obra quiera transmitir.
Es posible que nos gusten las novelas de ciencia ficción, pero también es probable que nuestra reacción no sea la misma según el tono empleado en cada una de ellas. “El centinela” de Arthur C. Clarke, “La guerra de los mundos” de Herbert George Wells y “Solaris” de Stanisław Lem enfrentan a la humanidad con un hecho crucial como es la posibilidad de vida extraterrestre, sin embargo sus “anécdotas” y “tonos” son completamente diferentes aunque emplean a un narrador en primera persona.
Hay una gran diferencia en el tono al decir "De esta manera, seguimos avanzando con laboriosidad, barcos contra la corriente, en regresión sin pausa hacia el pasado" (“El gran Gatsby”) y "Nuestro pasado no dejaba de tirar de nosotros como barcos navegando contra la corriente". El tono solemne y nostálgico de la primera oración capta la atención del lector antes de cerrar el libro por última vez mientras que la falta de un tono específico en la segunda oración lo convierte en un final soso.
Hay que diferenciar entre tono y ambiente. El segundo podríamos decir que está fuertemente condicionado por el primero.
El tono, hemos dicho, transmite una emoción mientras que el ambiente manifiesta o impregna, al lector de esa emoción. Sin que el lector descubra lo que está pasando, debe ser devorado por la situación creada. El ambiente tiene más relación con la reacción del lector al uso de un determinado tono por parte del autor. Tanto el tono como el ambiente dependen de la capacidad del autor para evocar sentimientos por medio de un uso habilidoso de las palabras. Ambos conceptos se complementan. 
Por ejemplo, una escena que describa el primer encuentro entre dos viejos amigos después de muchos años probablemente use un tono de intimidad para transmitir el vínculo estrecho entre ellos. Es probable que el ambiente sea nostálgico para desencadenar la reacción emocional de los lectores y hacerlos sentir conectados con la experiencia de los personajes.
El escenario es uno de los recursos más comunes que los autores usan para crear el ambiente: una cabaña abandonada en el bosque, una noche demasiado oscura, un desierto a pleno sol y una calle abarrotada en una ciudad evocan diferentes sensaciones.
Para la construcción del escenario que nos permita transmitir el ambiente, y, por tanto, el tono de la obra necesitamos combinar una serie de elementos como la dicción, las imágenes, los detalles, el lenguaje y la estructura de las oraciones.
En literatura, la dicción se refiere a las palabras que el autor elige usar, si las palabras elegidas son abstractas o concretas, generales o específicas, y formales o informales. Las abstractas son las que no pueden percibirse con los sentidos, mientras que las concretas son aquellas que pueden percibirse y medirse. Por ejemplo, la palabra "mesa" es concreta pero la palabra "odio" es abstracta. Las palabras abstractas pueden "contar" una historia y se usan para desplazarse rápidamente a través de los eventos, mientras que las palabras concretas "muestran" y colocan al lector en una escena que se ralentiza junto con los personajes.
Las palabras generales son imprecisas, como "auto" o "gato". Estas son palabras concretas pero pueden aplicar a cualquier tipo de auto o gato específico, así que el lector puede imaginarse lo que quiera. En contraste, las palabras específicas como "siamés" y "Ferrari" restringen al lector a una imagen en particular.
Las palabras formales son largas, técnicas o inusuales y las usan los autores que quieren que el lector vea al autor o al personaje como alguien altamente educado o pretencioso. Las palabras informales son aquellas con las que casi todos los lectores estarán familiarizados, incluyendo las contracciones y la jerga, las cuales se asemejan más de cerca a la forma como habla la mayoría de las personas.
En cuanto a las imágenes, este es el lenguaje descriptivo que revela lo que el autor o el personaje piensan y sienten acerca de lo que sucede. Esto puede incluir comparaciones, símbolos o metáforas. Un autor que escribe sobre un personaje que nada en un estanque de agua caliente y lo describe como un baño caliente sugiere que el estanque es tentador, relajante y reconfortante. Un autor que describe la misma actividad como cocinarse a fuego lento en una olla puede querer sugerir incomodidad o una sensación de presagio.
Sobre los detalles, ningún autor puede incluir en la historia toda la información sobre un personaje, una escena o un evento. Los detalles que se incluyen y los que se omiten, o cuán profundamente el autor se enfoca en detalles específicos, son un indicador importante del tono. Un autor puede describir una casa diciendo que tiene flores alegres en el patio delantero, lo cual sugiere que la casa es un hogar feliz para unos inquilinos felices. Otro autor puede no mencionar las flores pero hablar sobre la pintura desconchada o las ventanas sucias, lo que sugiere que la casa es un lugar deprimente ocupado por personas deprimidas.
En el lenguaje empleado, el autor elegirá las palabras según su connotación (imágenes o sentimientos puedan evocar). Referirse a un perro como un "perrito" es afectuoso, mientras que, para transmitir odio o miedo a los perros, el autor puede usar la palabra "bicho". Otro ejemplo: Crepúsculo y anochecer. El anochecer tiene más relación con la oscuridad que con la luz y puede sugerir que la noche se acerca rápidamente, con todas las cosas aterradoras que suceden. En contraste, el crepúsculo puede sugerir que el alba se acerca, la cual representa un nuevo comienzo, o que el sol acaba de ponerse, indicando el final de un día difícil.
También se pueden elegir palabras estrictamente por su sonido. Las palabras con un sonido agradable sugieren que el autor escribe una historia sobre cosas agradables, mientras que las palabras con un sonido duro sugieren que el tema también es duro o desagradable. Por ejemplo, unas campanas chinas pueden ser ya sea melifluas (musicales) o cacofónicas (molestas).
A lo que se le refiere como "sintaxis", el autor puede variar la estructura de las oraciones para transmitir el tono y suscitar una reacción diferente en los lectores. Por lo general, el mayor énfasis debe estar en el final de la oración. "Juan trajo flores" enfatiza lo que trajo mientras que "Las flores fueron traídas por Juan" enfatiza quién trajo las flores. Al invertir el orden de las palabras, el autor hace que la persona que trajo las flores sea una sorpresa para el lector.
Las oraciones cortas son más intensas e inmediatas, mientras que las oraciones largas crean una distancia entre el lector y la historia. Sin embargo, las oraciones más largas que sean dichas por los personajes sugieren reflexión mientras que las oraciones cortas pueden verse como frívolas o irrespetuosas.
Muchos rompen las reglas de la sintaxis a propósito para lograr un efecto deseado. Por ejemplo, un escritor puede elegir colocar un adjetivo antes de sus sustantivos (anástrofe) para añadir peso a los adjetivos y hacer que la oración sea más dramática. "El oscuro y aburrido día" estimula al lector a prestar una atención adicional a la naturaleza inusual del día.
Hay una amplia variedad de tonos, algunos de los más corrientes pueden ser: formal, informal, íntimo, solemne, intrigante, sombrío, activo, sarcástico, serio, irónico, condescendiente, popular, amoroso y todo aquello que tiene que ver con las emociones humanas y con la actitud de la voz del narrador en la obra.

– Tono veraz: Son tonos narrativos con un matiz de veracidad y que pueden variar en su expresividad. Los podemos considerar como
Imperturbables: Se narra sin poner en duda ni justificar lo que se está contando aunque sea absurdo. Se usan en la literatura fantástica.
Confesionales: Se narra revelando determinadas circunstancias reforzando la veracidad de lo que se cuenta.
Proféticos: Se narra sin dudas, dando la mayor cantidad de detalles para demostrar que se conoce lo que se cuenta

– Tono lírico: Es aquel mediante el cual el autor trata de hacernos llegar la impresión de que lo que ocurre en su relato es casi poesía. Es un tono íntimo y cálido. Un ejemplo podría ser:
“Oaxaca... la palabra era como un corazón que se quebraba, un repentino repicar de campanas sofocadas en medio del vendaval, últimas sílabas de algún sediento que agoniza en el desierto. ¡Si se acordaba de Oaxaca! ¿Las rosas y el gran árbol? – ¿Era eso? –El polvo y los camiones a Etha y Nochistlán..." Malcolm Lowry.
Características: Tono íntimo y cálido. Frases complejas. Abundancia de recursos, giros verbales, perífrasis, adjetivaciones…

 – Tono frío: Prima el valor informativo de la narración. El narrador se mantiene distante hacia lo narrado, hay poca adjetivación, frases sencillas. Valga como ejemplo el comienzo de "Un día perfecto para el pez plátano" de J.D.Salinger: "En el hotel había noventa y siete agentes de publicidad neoyorquinos. Como monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia, la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una revista femenina leyó un artículo titulado «El sexo es divertido o infernal». Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de Saks. (...)"
                Características: Frío, impersonal, poca adjetivación, frases sencillas.

– Tono humorístico: Destaca la posición de superioridad desde la que el narrador –y también el lector– se acercan a la historia y a los personajes; la búsqueda de la comicidad, de la burla, de la sana comprensión hacia los defectos de los personajes y, en fin, de los seres humanos. Como ejemplo, un texto de Italo Calvino: “EL viento, viniendo de sabe dónde a la ciudad, le trae regalos inesperados, de los que tan sólo se aperciben algunas almas sensibles, como las sujetas a la fiebre del heno, a las cuales hace estornudar el polen de flores de otras tierras. Un día, a la tira de tierra de un paseo ciudadano llegó, a saber cómo, una ráfaga de esporas, y se formaron hongos. Nadie se dio cuenta salvo el peón Marcovaldo, que precisamente allí tomaba cada mañana el tranvía (...)."
                Características: Superioridad del narrador (e indirectamente del lector), giros, expresiones, ritmos, juegos de palabras para hacer reír, búsqueda de situaciones cómicas, exagerar los defectos de los personajes.

– Tono Formal: Es el tono que predomina en la correspondencia oficial. Mantiene las características de alejamiento de la historia que impone el tono frío, pero le da sensación de verosimilitud por su eliminación de la ambigüedad. Un ejemplo lo tenemos en "Instrucciones para llorar" de Julio Cortázar: “Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto debe acabarse en el momento en que uno se suena enérgicamente (...)"
                Características: Alejado de la historia pero en menos grado que el tono frío. Conserva los criterios de corrección, descripción y seriedad. Sensación de verosimilitud.

– Tono Casual: El narrador es un sujeto débil, dubitativo, que, más que afirmar, establece una consulta al lector, apela al destinatario del texto y entra en relación directa con él. Un ejemplo puede ser este otro texto de Cortázar, "Aplastamiento de las gotas": "Yo, no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí, contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen puf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. (...)"
                Características: Emplea un lenguaje natural plagado de dudas e indecisiones. Apela al lector entrando en relación directa con él. Es importante el uso del registro oral adecuado.

– Tono inquisidor: Indica que se está procediendo a la investigación de unos hechos y puede ser:
Avizor: Se narra estando al acecho de un secreto que se esconde y que se intentará revelar al lector en las próximas páginas. Se usa en historias policíacas.
Revelador: Se narra la investigación y, casi inmediatamente, el descubrimiento o la comprobación del hecho.
Hipotético: Se plantean hipótesis, conjeturas, con un sentido exploratorio. Se diferencia del tono avizor en que en este caso se simula un razonamiento, lo importante no es revelar un secreto.
Receloso: Se narra desplegando sospechas. Suele detener la investigación del relato.
Interrogativo: Se narra incluyendo preguntas y explicándolas.
Dubitativo: Se narra como si no se supiera bien lo que ocurre. Las dudas se introducen al relato y conducen a la investigación.

Los límites de la cordura - G.K. Chesterton (1)



Los límites de la cordura.
Gilbert Keith Chesterton.

 I
ALGUNAS IDEAS GENERALES

1. El principio de la disputa

Se me ha pedido que vuelva a publicar estas notas, aparecidas en un semanario, como esquema general de ciertos aspectos de la institución de la propiedad privada, ahora tan completamente olvidada en medio de los alborozos periodísticos sobre la empresa privada. El hecho mismo de que los editores hablen tanto acerca de la última y tan poco acerca de la primera señala el tono moral de la época. Es evidente que el carterista es un defensor de la empresa privada. Pero quizá sería exagerado decir que el carterista es un defensor de la propiedad privada. Lo característico del capitalismo y del mercantilismo, según su desarrollo reciente, es que en realidad predicaron la extensión de los negocios más que la preservación de las posesiones. En el mejor de los casos han tratado de adornar al carterista con algunas de las virtudes del pirata. Lo característico del comunismo es que reforma al carterista prohibiendo los bolsillos.
En general, me parece que los bolsillos y los bienes no sólo tienen una justificación más normal, sino también más digna que el individualismo algo bajo que habla tanto sobre la empresa privada. Con la esperanza de que puedan ayudar a otros a comprenderlo, he decidido reproducir estos estudios tal cual están, aunque fueran unos escritos precipitados y a veces simples apuntes. Es, ciertamente, muy difícil reproducirlos en esta forma, porque fueron notas editoriales para una controversia en gran parte dirigida por otros; pero la idea general, por lo menos, está presente. De cualquier modo, la expresión «empresa privada» no es una forma muy noble de afirmar la verdad que encierra el décimo mandamiento. Aunque hubo un tiempo en que fue hasta cierto punto una forma verdadera. Los radicales de Manchester predicaron una competencia más bien cruda y cruel; pero por lo menos ponían en práctica lo que predicaban. Los diarios que elogian ahora la empresa privada predican lo más opuesto a todo lo que todos ellos sueñan con practicar. Toda industria y oficio tiende hoy, prácticamente, hacia las grandes combinaciones comerciales, a menudo más autoritarias, más impersonales, más internacionales que muchas de las naciones comunistas; fórmulas que son, como poco, colectivas, si no colectivistas.
Está muy bien repetir aturdidamente «¿adónde vamos con  todo este bolchevismo?». Es igualmente apropiado agregar «¿adónde vamos, incluso sin este bolchevismo?». La respuesta obvia es: al monopolio. Ciertamente, no vamos a la empresa privada. Sería más exacto llamar juicio privado a la Inquisición española que empresa privada al monopolio.
El monopolio no es privado ni emprendedor. Existe para impedir la empresa privada. Y ese sistema de trust o monopolio, esa destrucción completa de la propiedad, serían todavía la meta de todo nuestro progreso si no hubiera bolchevismo en el mundo.
Yo soy uno de los que creen que el remedio contra la centralización es la descentralización. Se ha dicho que es una paradoja. Aparentemente tiene algo de mágico y fantástico decir que cuando el capital ha llegado a estar en manos de pocos lo que corresponde es devolverlo a las manos de muchos. El socialista lo colocaría en manos de menos gente todavía; y estas personas serían los políticos, quienes, como sabemos, lo administran siempre en provecho de los muchos. Pero antes de ofrecer al lector lo que fue escrito durante lo más reñido de la controversia, creo que será necesario prologarlo con estos pocos párrafos, para explicar algunos de los términos y ampliar algunos de los supuestos.
Desde el semanario, yo discutía con gente que conocía la clave de este particular debate; pero para ser claramente comprendidos por más gente debemos empezar con unas pocas definiciones o, al menos, calificaciones. Aseguro al lector que doy a las palabras un sentido bien definido, aunque es posible que él las use dándoles un sentido diferente; de todos modos, una confusión de este tipo no llega ni siquiera al rango de diferencia de opinión.
Capitalismo, por ejemplo, es en realidad una palabra muy desagradable. Sin embargo, lo que pienso cuando la digo es bien definido y definible; sólo que el nombre es una palabra muy poco aplicable a él. Pero es evidente que hay que llamarlo de algún modo. Cuando digo
«capitalismo», por lo común quiero decir algo que puede formularse así: «Aquella organización económica dentro de la cual existe una clase de capitalistas, más o menos reconocible y relativamente poco numerosa, en poder de la cual se concentra el capital necesario para lograr que una gran mayoría de los ciudadanos sirva a esos capitalistas por un sueldo». Este especial estado de cosas puede existir, y existe; y debemos llamarlo de alguna manera y discutirlo de algún modo. Pero no hay duda de que es una palabra muy mala, porque la usa otra gente para designar cosas muy distintas. Algunos parecen querer indicar con ella simplemente la propiedad privada. Otros suponen que por capitalismo debe entenderse cualquier cosa que implique uso de capital, aunque esa acepción es muy literal, y también demasiado vaga, e incluso demasiado amplia. Si la utilización de capital es capitalismo, entonces todo es capitalismo. El bolchevismo es capitalismo y el comunismo anarquista es capitalismo; y todo sistema revolucionario, por descabellado que sea, sigue siendo capitalismo. Lenin y Trotsky creen, como Lloyd George y Thomas, que los manejos económicos de hoy deben dejar algo para los manejos económicos de mañana. Y eso es lo que significa capital en su sentido económico. En ese caso la palabra es inútil. El uso que yo hago de ella puede ser arbitrario, aunque no es inútil. Si capitalismo quiere decir propiedad privada, soy capitalista. Pero si capitalismo significa esta particular condición del capital, sólo entregado a la masa bajo forma de salarios, entonces debería significar algo más que propiedad privada.
La verdad es que lo que llamamos capitalismo debería llamarse proletarismo, pues lo que lo caracteriza no es el hecho de que algunas personas posean capital, sino que la mayoría sólo tengan salarios porque no tienen capital. En mis tiempos hice un esfuerzo heroico para andar por el mundo diciendo siempre proletarismo en vez de capitalismo.
Pero la mía fue una senda espinosa, sembrada de molestias y malentendidos. Cuando critico al duque de Northumberland por su proletarismo, no se me llega a comprender. Cuando digo que coincidiría a menudo con el Morning Post si éste no fuera tan deplorablemente proletario, parece haber algún extraño impedimento momentáneo para la comunión de espíritu con espíritu. Sin embargo, eso sería estrictamente cierto; porque de lo que me quejo es de que en la defensa corriente del capitalismo existente se justifique el hecho de mantener a la mayoría en una dependencia asalariada; esto es, de que se mantenga a la mayoría de los hombres sin un capital. No pertenezco al tipo de hombre riguroso que prefiere expresar correctamente lo que no quiere decir antes que expresar incorrectamente lo que quiere decir. Me es del todo indiferente el término comparado con la significación. No me importa si nombro una cosa u otra con esta simple palabra impresa que empieza con «c», en tanto que se aplique a una cosa y no a otra. No tengo inconveniente en usar un término tan arbitrariamente como se usa un signo matemático, con tal de que sea aceptado como signo matemático. No tengo inconveniente en llamar x a la propiedad y al capitalismo y, con tal de que nadie piense que es necesario decir x=y. Y no tengo inconveniente en decir «gato» en vez de capitalismo y «perro» en lugar de distributismo, con tal de que la gente comprenda que ambas cosas son lo bastante diferentes como para reñir como el perro y el gato. La propuesta de una mayor distribución del capital sigue siendo la misma, llamémosla como la llamemos, o en cualquier forma que llamemos la presente y notoria oposición a ella. Es lo mismo afirmarla diciendo que hay demasiado capitalismo en un sentido o demasiado poco capitalismo en otro. Y en realidad resulta bastante pedante decir que el uso del capital debe ser capitalista. Con igual justicia podríamos decir que todo lo social debe ser socialista, que el socialismo puede identificarse con una velada social o con un banquete. Lo cual, siento decirlo, no es verdad.
No obstante, existe tanta vaguedad verbal alrededor del socialismo, que hace falta una definición. El socialismo es un sistema que hace a la unidad colectiva de la sociedad responsable de todos sus procesos económicos, o de todos aquellos que afectan a la vida y la subsistencia esencial. Si se vende algo importante, lo ha vendido el Gobierno; si se ha donado algo importante, lo ha donado el Gobierno; cuando se tolera algo importante, el Gobierno es responsable por haberlo tolerado. Es el mismísimo reverso de la anarquía: es un entusiasmo extremado por la autoridad. Es digno, en muchos aspectos, de la jerarquía moral de la inteligencia; es la aceptación colectiva de una responsabilidad muy acabada. Pero es tonto que los socialistas se lamenten de que digamos que acarrea una pérdida de la libertad. Es casi igualmente tonto que los antisocialistas se lamenten de la brutalidad antinatural y desequilibrada del Gobierno bolchevique al aplastar toda oposición política. Porque allí es el Gobierno quien provee de todo; y es absurdo pedir al Gobierno que provea una oposición. No se puede acudir al sultán y reprocharle: «No ha arreglado las cosas para que su hermano lo destrone y se apodere del califato». No se puede pedir al rey medieval: «Tened la bondad de prestarme dos mil lanzas y mil arqueros, pues quiero rebelarme contra vos». Menos aún puede reprocharse a un Gobierno que pretende construirlo todo el que no haya construido nada para derribar lo construido. La oposición y la sublevación dependen de los bienes y de la libertad. Sólo puede ser tolerada allí donde se ha permitido que echen raíces otros derechos aparte del derecho central del gobernante. Esos derechos deben estar protegidos por una moralidad que hasta el gobernante vacilará en desafiar. El crítico del Estado sólo puede existir cuando un sentido religioso del derecho protege sus pretensiones de un arco y una lanza propios; o, por lo menos, de tener su propia pluma o su propia imprenta. Es absurdo suponer que podría tomar prestada la pluma real para abogar por el regicidio o utilizar las imprentas del Gobierno para revelar la corrupción de éste. Sin embargo, el socialismo afirma enfáticamente que, a menos que todas las imprentas sean imprentas del Estado, existe la posibilidad de que los impresores sean oprimidos. La justicia del Estado lo abarca todo, es como poner todos los huevos en el mismo cesto: muchos serán huevos podridos. Hará unos quince años que algunos de nosotros empezamos a predicar, desde los viejos New Age y New Witness, una política de pequeña propiedad distribuida (política que desde entonces ha tomado el nombre chabacano, pero exacto, de distributismo), contra los dos extremos del capitalismo y el comunismo, como hubiéramos dicho entonces. La primera crítica que recibimos nos llegó de los fabianos más talentosos, especialmente del señor Bernard Shaw. Y la forma que tomó esa primera crítica fue la de decirnos simplemente que nuestro ideal era de realización imposible. Que se trataba sólo de un caso de católica credulidad en los cuentos de hadas. La ley de arrendamiento y otras leyes económicas hacían inevitable que los pequeños arroyuelos de la propiedad desembocaran en el charco de la plutocracia. En verdad, fue la agudeza fabiana y no solamente el necio tory quien afrontó nuestra visión con aquel venerable arranque: «Si mañana todo estuviera repartido...».
Con todo, aun en aquellos días tuvimos una respuesta, y aunque desde entonces hemos encontrado muchas otras, se aclarará el asunto si repito esta cuestión de principio. Es verdad que creo en los cuentos de hadas, en el sentido de que me maravilla tanto lo que existe que soy el más dispuesto a admitir lo que podría existir. Comprendo al hombre que cree en la serpiente marina porque cree que hay más peces en el mar de los que alguna vez han salido de él. Pero lo comprendo todavía más porque el otro hombre, en su fervor para refutar la existencia de la serpiente marina, arguye que no sólo no hay serpientes en Islandia, sino que no las hay en todo el mundo. Supongamos que el señor Bernard Shaw, juzgando esta credulidad, me censurara por creer (por palabras de algún embustero sacerdote) que pueden arrojarse piedras al aire y quedar suspendidas como un arco iris. Supongamos que me dijera dulcemente que no debería creer en ese cuento papista de las piedras mágicas después de haber escuchado alguna vez la explicación sobre la ley de la gravedad. Y supongamos que, después de todo esto, yo descubriera que se refería sólo a la imposibilidad de construir un arco. Creo que la mayor parte de nosotros llegaríamos a dos conclusiones principales acerca de él y de su escuela. En primer lugar los consideraríamos muy mal informados sobre lo que realmente significa reconocer una ley de la naturaleza. Puede reconocerse una ley de la naturaleza resistiéndose a ella, o superándola, o aun usándola contra sí misma, como en el caso del arco. Y, en segundo lugar, pensaríamos (con mucha más firmeza) que estaban sorprendentemente mal informados acerca de lo que ya se ha hecho sobre la tierra.
De modo similar, el primer hecho de la discusión sobre si es posible que existan pequeñas propiedades es el hecho de que existen. Y es hecho casi igualmente inequívoco que no sólo existen, sino que perduran. El señor Shaw afirmaba, con una especie de furia abstracta, que «las pequeñas propiedades no permanecerán pequeñas». Ahora bien, resulta interesante señalar aquí que los que se oponen a cualquier cosa semejante al propietario múltiple le hacen a éste dos acusaciones del todo incompatibles. Nos dicen continuamente que la vida campesina en tierra latina o en cualquier otra tierra es monótona, que no progresa, que está plagada de supersticiones y que es una especie de reminiscencia de la Edad de Piedra. No obstante, aun cuando nos denigran con su reminiscencia, afirman que nunca podrá sobrevivir. Muestran al campesino como a un hombre permanentemente atascado en el fango, y rehúsan plantarlo en cualquier otra parte, en el terreno específico donde no se atascaría. Ahora bien, el primero de los dos tipos de acusación es bastante discutible. Los críticos, para acusar a los campesinos, deben admitir que existen campesinos a quienes acusar. Y si fuera verdad que siempre tendieron a desaparecer rápidamente, no sería cierto lo que se refiere a las costumbres primitivas y a las opiniones conservadoras, lo que hace que los campesinos se hayan convertido en el objeto de los reproches de los críticos. Por sentido común, no pueden acusar a algo a la vez de anticuado y de efímero. En verdad es un hecho simple, visible a pleno día, que las pequeñas propiedades labriegas no son efímeras. Pero, en cualquier caso, el señor Shaw y los de su escuela no deberían decir que es imposible construir arcos, para luego decir que desfiguran el paisaje. El Estado distributivo no es una hipótesis que deben demoler: es un fenómeno que deben explicar.
La verdad es que la idea de que la pequeña propiedad evoluciona hacia el capitalismo es un retrato exacto de lo que prácticamente no sucede nunca. Hasta los hechos materiales dan testimonio de la verdad, hechos que, me parece, han sido curiosamente pasados por alto. Nueve de cada diez veces su cede que una civilización industrial del moderno tipo capitalista no surge, surja donde surgiere, en lugares donde ha habido hasta entonces una civilización distributiva como lo es la de labriegos. El capitalismo es un monstruo que crece en los desiertos. La servidumbre industrial ha surgido, en casi todos los casos, en aquellos espacios vacíos donde la civilización anterior se hallaba debilitada o ausente. Por eso creció más fácilmente en el norte de Inglaterra que en el sur de este país; precisamente porque el norte había estado relativamente desocupado y había sido relativamente bárbaro durante todas las épocas en que el sur tuvo una civilización de corporaciones y labradores. Por eso se desarrolló más fácilmente en el continente americano que en el europeo: precisamente porque en América no suplantaba más que a unos pocos salvajes, en tanto que en Europa tuvo que remplazar a una cultura de numerosas explotaciones agrarias. En todas partes ha habido una transición de la choza de barro a la ciudad fabril. Allí donde la choza de barro se convirtió en realidad, la labranza libre no ha avanzado desde entonces una sola pulgada hacia la ciudad fabril. Allí donde había mero señor y simple siervo, casi instantáneamente podían convertirse en mero empleador y simple empleado. Allí donde ha habido hombre libre, aun cuando fuera relativamente menos rico y poderoso, su solo recuerdo ha hecho imposible un capitalismo industrial completo. Quien ha sembrado esta cizaña capitalista es un enemigo, pero un enemigo cobarde. Porque sólo ha podido sembrarla en lugares desolados, donde no hay trigo que brote y la sofoque.
Para retomar nuestra parábola, primero decimos que existen los arcos; y no solamente existen, sino que permanecen. Cien acueductos y anfiteatros romanos están ahí para mostrar que pueden permanecer tanto o más tiempo que cualquier otra cosa. Y si una persona progresista nos informa de que un arco se convierte siempre en una chimenea de fábrica, o aun que un arco acaba siempre por caer porque es más débil que una chimenea de fábrica, o incluso que, caiga donde cayere, la gente comprende que debe remplazarlo por una chimenea de fábrica, entonces seremos todavía lo bastante audaces como para poner en duda esas tres afirmaciones. Lo más que podríamos admitir es que el principio en que se basa la chimenea es más simple que el principio del arco; y por esa mismísima razón la chimenea de fábrica, como la torre feudal, se levanta más fácilmente en un desierto horrible y yermo.
Pero la imagen tiene además otra aplicación. Si en este momento los países latinos se toman como modelo en lo referente a la pequeña propiedad es sólo en el sentido en que hubieran sido, a través de determinados periodos de la historia, los únicos ejemplares de arco. Hubo un tiempo en que todos los arcos eran romanos; y en ese tiempo un hombre que viviera junto al Liffey o al Támesis sabría tan poco acerca de ellos como sabe el señor Shaw acerca de los propietarios campesinos. Pero eso no significa que luchemos por algo puramente extranjero, o que enarbolemos el arco como una especie de enseña italiana; como tampoco queremos poner al Támesis tan amarillo como el Tíber ni deseamos especialmente probar los macarrones o el paludismo. El principio del arco es humano, y aplicable a la humanidad y por la humanidad. También lo es el principio de la propiedad privada bien distribuida. El hecho de que unos pocos arcos romanos hayan quedado en ruinas en Inglaterra no es prueba de que no puedan construirse arcos; por el contrario, es prueba de que pueden construirse.
Y ahora, para completar la coincidencia o analogía, ¿cuál es el principio del arco? Si se quiere, puede decirse que es una afrenta a la gravitación, aunque sería más exacto decir que es una exhortación a la gravitación. El principio afirma que si combinamos piedras separadas de una forma particular, de un modo particular, podemos lograr que su propia tendencia a caer les impida caer. Y aunque mi imagen es simplemente un ejemplo, permanece inmutable cuando se aplica al éxito de propiedades más igualadas. Lo que sostiene el arco es la compensación de la presión de cada piedra separada sobre cada una de las otras. La compensación es a la vez ayuda mutua y mutuo obstáculo. No resulta difícil mostrar que dentro de una sociedad sana la presión espiritual de diferentes propiedades privadas actúa exactamente en la misma forma. Pero si la otra escuela halla insuficiente la clave o la comparación, debe buscar alguna otra. Es claro que las fuerzas naturales no pueden anular el hecho. Decir que una ley como la ley de arrendamiento se opone a él es verdad sólo en el mismo sentido en que muchas leyes naturales se oponen a toda moralidad y a la misma esencia de la naturaleza humana. En tal sentido, los argumentos científicos están tan fuera de lugar aplicados a nuestra causa en pro de la propiedad como decía el señor Shaw que lo estaban en su causa contra la vivisección.
Por último, no sólo es verdad que el arco de la propiedad permanece; es verdad que la construcción de tales arcos aumenta tanto en cantidad como en calidad. El campesino francés anterior a la Revolución, por ejemplo, ya era vagamente propietario; ha hecho su propiedad más privada y más absoluta, no menos. Ahora es menos probable que nunca que los franceses abandonen el sistema, cuando por segunda vez, si no por centésima, ha demostrado ser el tipo de prosperidad más estable en medio de la tensión de la guerra. En Irlanda, una revolución igualmente heroica, y aún más invencible, ya ha hecho caso omiso tanto del sueño socialista como de la realidad capitalista, con una energía arrolladora, cuyos límites nadie ha osado todavía prever. Así, cuando el amplio arco de romanos y normandos había quedado durante larguísimo tiempo como una especie de reliquia, el renacimiento de la cristiandad le encontró nueva aplicación y beneficio. En un instante creció hasta la altura titánica del gótico, donde el hombre parecía ser un dios que hubiera suspendido sus mundos de la nada. Entonces se reveló otra vez algo de aquel antiguo secreto que tan extrañamente había representado al sacerdote como constructor de puentes. Y cuando observo hoy algunos de los puentes construidos por encima del aire, comprendo que un hombre los llame aún imposibles como única alabanza posible.
¿Qué queremos decir con eso de la «igualdad de presión» de las piedras de un arco? Ya se hablará sobre esto con más detalle, pero, en general, queremos decir que la pasión moderna a favor de un incesante e impaciente comprar y vender va acompañada de una desigualdad extrema de hombres demasiado ricos y demasiado pobres. La explicación de la continuidad de las comunidades labriegas (que sus contrarios se ven simplemente forzados a dejar sin explicar) es que, donde existe esa independencia, se la valora como se valora cualquier otra dignidad cuando se la considera corriente en un hombre; como se valora que no ande desnudo ningún hombre, ni que a ningún hombre se le pague su jornal golpeándolo con un palo.
La tesis de que aquellos que empiezan razonablemente iguales no pueden permanecer razonablemente iguales es una falacia enteramente fundada en una sociedad dentro de la cual los hombres empiezan siendo extremadamente desiguales. Es absolutamente cierto que cuando el capitalismo ha sobrepasado cierto punto, las fracciones de la propiedad dividida son fácilmente devoradas. Dicho con otras palabras, es verdad cuando hay pequeña cantidad de propiedades pequeñas, pero es totalmente falso cuando hay gran cantidad de pequeñas propiedades. Es ilógico discutir desde el torrente de las grandes empresas y la derrota de las pequeñas empresas lo que siempre tiene que suceder cuando las partes sean más parejas. Es probar desde el Niágara que no existen los lagos. Inclinado el lago, toda el agua correrá en una dirección, como corre en una dirección toda la tendencia económica de la desigualdad capitalista. Que dejen el lago como lago, o el nivel como nivel, y nada impedirá que el lago permanezca hasta el juicio final, como parece probable que permanezcan hasta el juicio final muchos niveles de comunidades labriegas. La experiencia prueba este hecho, aunque no puede explicarse por la experiencia; pero, en realidad, es posible sugerir no sólo la experiencia, sino también la explicación. La verdad es que no hay tal tendencia económica a la desaparición de la pequeña propiedad hasta que esa propiedad se hace tan pequeña que deja de obrar como propiedad. Si un hombre posee cien acres y otro posee medio acre, es bastante probable que éste sea incapaz de vivir en medio acre. Y habrá una tendencia económica que le hará vender su terreno y convertirá al otro hombre en orgulloso propietario de cien acres y medio. Pero si un hombre posee treinta acres y otro cuarenta, no hay tendencia económica de ninguna especie que lleve al primero a vender al segundo. Es simplemente falso decir que el primer hombre no puede estar seguro de treinta acres y el segundo conforme con cuarenta. Es puro disparate; como decir que cualquier hombre que tenga un bull-terrier está destinado a vendérselo a alguno que tenga un mastín. Es como decir que no puedo ser dueño de un caballo porque tengo un vecino excéntrico dueño de un elefante.
Inútil es decirlo: aquellos que insisten en que no puede existir la propiedad aproximadamente compensada basan todo su argumento en la idea de que ha existido. A fin de probar lo que se proponen, tienen que suponer que la gente de Inglaterra, por ejemplo, empezó siendo igual y llegó rápidamente a la desigualdad. Y no hace más que completar lo caprichoso de toda su posición el hecho de que den por sentada la existencia de aquello que consideran una imposibilidad en el único caso en que en realidad no ocurrió. Hablan como si diez mineros hubieran disputado una carrera y uno de ellos se hubiera convertido en duque de Northumberland. Como si el primer Rothschild hubiera sido un campesino que fue plantando con paciencia mejores repollos que los demás campesinos. La verdad es que Inglaterra se convirtió en un país capitalista porque hacía tiempo que era un país oligárquico. Sería mucho más difícil señalar de qué modo un país como Dinamarca tuvo que hacerse oligárquico. Pero la causa se hace aún más sólida cuando al sentido económico agregamos el ético. Una vez establecida una propiedad ampliamente dispersa, hay una opinión pública más fuerte que cualquier ley; y en realidad muy a menudo (cosa todavía más notable en los tiempos modernos) hay una ley que es expresión de la opinión pública. Quizá sea muy difícil para la gente moderna imaginar un mundo en el cual los hombres no sean generalmente admirados por su codicia y por aplastar a sus prójimos; pero les aseguro que todavía quedan realmente sobre la tierra tan extraños pedazos de paraíso terrenal.
La verdad es que esta primera objeción de la imposibilidad en abstracto va contra todos los hechos de la experiencia y la naturaleza humana. No es cierto que un hábito moral no pueda mantener contentos a la mayoría de los hombres razonables. Es como si dijéramos que, como algunos hombres atraen a las mujeres más que otros, por eso era imposible que en tiempos de la reina Victoria los habitantes de Balham se adaptaran al molde monogámico de una mujer con cada hombre. Tarde o temprano, podría decirse, se encontraría a todas las mujeres apiñadas alrededor de los pocos que las fascinaban, y no quedaría más que el celibato para la mayoría de los no atractivos. Tarde o temprano el barrio tendría que consistir en cien ermitas y tres harenes. Pero no es éste el caso. Lo sería si la tradición moral del matrimonio se perdiera realmente en Balham. Mientras viva esa tradición moral, mientras se repruebe el robo de las mujeres de los otros y se admire la fidelidad a un esposo, habrá límites para la capacidad del libertino más desenfrenado de Balham en lo que se refiere a cualquier intento de perturbar el equilibrio de los sexos. Así también cualquier acaparador de tierras encontraría rápidamente que existen límites para comprar tierra en una aldea irlandesa, española o serbia. Cuando se considera verdaderamente odioso apoderarse de la viña de Naboth, o quitarle la mujer a Urías, resulta fácil encontrar un profeta del lugar que pronuncie el juicio del Señor. En una atmósfera de capitalismo se adula al hombre que amontona tierra sobre tierra; pero en una atmósfera de propiedad pronto se le hará burla, o posiblemente sea apedreado. La conclusión es que la aldea no se ha sumido en la plutocracia ni el suburbio en la poligamia. La propiedad es una cuestión de honor. La palabra verdaderamente opuesta a «propiedad» es «prostitución». Y no es cierto que el ser humano venda siempre aquello que es sagrado para ese sentido de propiedad propia, sea el cuerpo o el lindero. Unos pocos lo hacen en ambos casos, y al hacerlo se convierten siempre en parias. Pero no es verdad que una mayoría deba hacerlo, y quien quiera que diga que lo es no sólo ignora nuestros planes y propuestas, las visiones e ideales de alguien, el distributismo o la división del capital por tal o cual procedimiento, sino los hechos de la historia y la sustancia de la humanidad. Es un bárbaro que nunca ha visto un arco.
En las notas aquí apuntadas se hará evidente, claro está, que la restauración de este modelo, simple como es, es mucho más complicada en una sociedad complicada. Aquí sólo la he delineado en la forma más simple en que se hallaba, y todavía se halla, al comenzar nuestra discusión.
Hago caso omiso de la opinión que sostiene que tal «reacción» no es posible. Sostengo el antiguo dogma místico que dice que lo que el hombre ha hecho puede hacerlo el hombre. Mis críticos parecen sostener un dogma aún más místico: que es absolutamente imposible que el hombre haga una cosa porque la ha hecho. Eso parece ser lo que quiere significarse cuando se dice que la pequeña propiedad es «anticuada». Significa en realidad que toda propiedad está muerta. Nada puede alcanzarse por los métodos actuales excepto la creciente pérdida de propiedad por parte de todos como algo absorbido en un sistema igualmente impersonal e inhumano, lo llamemos comunismo o capitalismo. Si no podemos volver atrás, parece que apenas valiera la pena seguir adelante.

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– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)

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