Un extraño en el paraíso de las motos.



Debo ser un extraño en el paraíso, el único habitante de la Comunidad Valenciana a quien no le gusten las carreras de motos.
Pienso que dañan el ecosistema, no los corredores sino sus seguidores. Tal vez contaminan con sus motos, tal vez incitan a realizar tonterías con sus vehículos artificiales que emulan las antiguas caballerías, tal vez porque cada año, directa o indirectamente, algún fallecido se suma a su glorioso disfrute.
Mas el circo debe continuar, olvidemos el paro, la corrupción (que sigue existiendo), la impunidad de los poderosos, la pobreza cada vez mayor de la clase media, la perpetuación en el poder de unos pocos –en USA sólo 2 legislaturas. La incultura generalizada va in crescendo al igual que el botellón o el bullying.
El sol lucirá para que lo puedan disfrutar los deportistas del botellón y la cerveza aunque en la lejanía asomen las nubes tormentosas de los recortes que se avecinan bajo la indiferencia de todos.
Nada de eso importa para una sociedad vigilada hasta extremos insospechados, es el momento de liberar el ego, las pasiones, el chakra muladhara, el de los instintos más bajos, en detrimento de la espiritualidad gregoriana.
        El dinero invertido en el uso y disfrute de la masa jamás irá a la construcción de nuevos hospitales, a la mejora de infraestructuras sociales, a la creación de empleo al apoyo de los nuevos escritores.
Será que no me gustan las masas, será que debo ser un extraño en el paraíso.

Fragmento poema de Guillén de Castro.



No me aflige el corazón
un altivo pensamiento.
ni fundo torres de viento
en cimientos de ambición.


Ni el deseo me atormenta,
ni la esperanza me daña,
ni el falso amigo me engaña,
ni un enemigo me afrenta.

No lloro agravios, ni duelos,
ni me ofende un proceder,
ni temo que mi mujer
me afrente, o me pida celos.

Si quieres nietos, ahí están
presentes Ceslao y Teleo,
que logrando tu deseo
herederos te darán.

Deja que yo y mi apetito
siga en el lugar que estoy,
donde si honor no te doy,
al menos no te lo quito.
 

Guillén de Castro.

Soneto pidiendo la palabra a su dama. (Gaspar Aguilar)



Muerta en Numancia la orgullosa gente,
y tantas vidas y honras ha costado,
por honra de aquel pueblo desdichado
queda vivo un muchacho solamente.


El cual puesto en lugar muy eminente
dar promete las llaves del Senado,
y cumple con las llaves abrazado
la palabra y la vida juntamente.

Mas tu Tirsi, con bríos de ira llenos
me ofreciste las llaves de tu fuerte,
y viene a menos la palabra dada.

Pero qué digo, ay triste, viene a menos,
que tu palabra de ninguna suerte 
puede venir a menos siendo nada.



                               Gaspar Aguilar.


Cuento parabólico: Dios, el empresario y la meretriz.


                Un día, Fray Mendigo de la Calzada, de la orden de los Abandonados, halló dos discípulos que presumían de espiritualidad, criticando a los demás. 
              El fraile tomó la palabra y dijo:
              Un hombre y una mujer se hallaban en misa. Él era un importante hombre de negocios y ella una meretriz. El empresario, sentado en los primeros bancos de la iglesia, se decía en su interior:

                – ¡Gracias Dios mío!, te doy gracias por todos los bienes que he conseguido. Ofrezco buenos donativos al templo, mi empresa se halla en auge y no soy como los demás: corruptos, drogatas y sinvergüenzas.

                La prostituta, en cambio, se había sentado junto a uno de los pilares próximos al cancel y sin atreverse a levantar los ojos, se decía:

                – ¡Oh, Dios!, perdóname. No quiero pecar y peco, quiero vivir y muero. Malvivo por mantener a mi hijo. Quisiera salir y caigo de nuevo. Perdóname te lo ruego.

                El fraile continuó su historia sentenciando:

                – En verdad os digo que ella fue perdonada y aquél no. Porque Dios sólo, y sólo Dios, es quien juzga y quien perdona. Que cada cual oiga lo que quiera oír.
                                                                                           (Inspirado en el evangelio de San Lucas)


"No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas" Miguel de Unamuno.


Solo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe... Solo la cultura da libertad... No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad pensamiento. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura” Miguel de Unamuno.


Cielo plomizo

 Cielo cubierto y plomizo, calor que el pecho devora, poniente que se incorpora con un húmedo hechizo. La piel, sin hallar permiso, guard...

– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)

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