Un poema de D. Miguel de Unamuno.




                   Si no has de volverme a España,                          
                Dios de la única bondad,               
                si no has de acostarme en ella,                
                ¡hágase tu voluntad!                    
                Como en el cielo en la tierra,                    
                en la montaña y la mar,                              
                Fuenterrabía soñada,                  
                tu campana oigo sonar.                              
                Es el llanto del Jaizquibel                            
                -sobre él pasa el huracán-,                        
                entraña de mi honda España,                  
                te siento en mí palpitar.                             
                Espejo del Bidasoa                        
                que vas a perderte al mar,                        
                ¡qué de ensueños te me llevas!,                            
                a Dios van a reposar.                    
                Campana Fuenterrabía,                              
                lengua de la eternidad,                               
                me traes la voz redentora                         
                de Dios, la única bondad.                           
                ¡Hazme, Señor, tu campana,                    
                campana de tu verdad,                               
                y la guerra de este siglo                              
                me dé en tierra eterna paz!                      
                Miguel de Unamuno.


Los límites de la cordura - G.K. Chesterton (14)



“Los niños librados a sí mismos casi invariablemente inventan sus propios juegos, sus propios dramas, con frecuencia hasta inventan todo un reino o una re
pública imaginarios. Dicho con otras palabras, crean; hasta que la oposición del monopolio mata su creación.”



Los límites de la cordura - G.K. Chesterton (14)
III
ALGUNOS ASPECTOS DE LA MAQUINA
3. El día de fiesta del esclavo.

Algunas veces he sugerido que el industrialismo de tipo americano, con su maquinaria y atropello mecánico, se conservará algún día en forma de modelo realmente americano; quiero decir, a la manera del territorio reservado para los pieles rojas, la reserva. Así como se deja un pedazo de bosque para que los salvajes cacen y pesquen dentro de él, así una civilización mejor podría dejar un sector de fábricas para aquellos que estuvieran todavía en una etapa intelectual tan infantil como para querer ver girar las ruedas. Y así como los pieles rojas podrían todavía, supongo yo, contar sus arcaicas leyendas referentes al dios rojo que fumaba en pipa o al héroe que robó el sol y la luna, así el pueblo sencillo del recinto fabril podría seguir hablando de su propia reseña de la historia y discutiendo la evolución de la ética, mientras a su alrededor una civilización más madura andaría ocupada en la verdadera historia y la filosofía seria. Vacilo en repetir aquí esta fantasía, porque, después de todo, el maquinismo es la religión de esas gentes, o al menos su superstición, y no les gusta que se las trate con ligereza. Pero yo creo que hay algo que decir en pro de la opinión de la cual esta fantasía

Miguel de Unamuno.


      ¡Hay que vivir! Y él me enseñó a vivir, él nos enseñó a vivir, a sentir la vida, a sentir el sentido de la vida, a sumergirnos en el alma de la montaña, en el alma del lago, en el alma del pueblo de la aldea, a perdernos en ellas para quedar en ellas.
Él me enseñó con su vida a perderme en la vida del pueblo de mi aldea, y no sentía yo más pasar las horas y los días y los años, que no sentía pasar el agua del lago. Me parecía como si mi vida hubiese de ser siempre igual. No me sentía envejecer. No vivía yo a en mí, sino que vivía en mi pueblo y mi pueblo vivía en mí.
     Miguel de Unamuno
 (San Manuel Bueno, Mártir).

Una cita de Herman Melville



“Ningún hombre puede sentir su propia identidad certeramente si no es cerrando los ojos; como si las tinieblas fueran en verdad el elemento propio de nuestra esencia.” 

Herman Melville (Moby Dick)

Te quiero así gitana



Te quiero así gitana,
te quiero por la noche,
te quiero sin reproche,
te quiero en la mañana

cuando el cuerpo derrama
la dulce melodía
que alumbra un nuevo día.
Con ese amor que te ama

como se ama la vida
como se ama la suerte
de tener la alegría
que da poder tenerte
a mi vera, en mi vida.

Te quiero así gitana
reina del alma mía



Los límites de la cordura - G.K. Chesterton (13)

  

La humanidad no ha sacado provecho de sus propios inventos; y a medida que inventa más y más cosas, sólo consigue ir alejándose más y más de su posibilidad de felicidad


Los límites de la cordura - G.K. Chesterton (13)  III ALGUNOS ASPECTOS DE LA MAQUINA
2. La fabula de la maquina.

 
Repetidamente he pedido al lector que recordara que mi opinión general sobre nuestro posible futuro se divide en dos partes. Primera, la política de invertir o simplemente resistir la tendencia moderna al monopolio o a la concentración del capital. Obsérvese que es una política porque es una dirección, se siga hasta donde se siga. En cierto sentido, sin duda, aquel que no está con nosotros está contra nosotros, porque si no se le ofrece resistencia su tendencia prevalecerá. Pero en otro sentido, cualquiera que en cualquier forma se resista a ella está con nosotros, aunque no vaya tan lejos como debiera en la inversión. Al intentar invertir de alguna manera la tendencia a la concentración, nos está ayudando a hacer lo que todavía nadie ha hecho. Se estará colocando contra la corriente de su época, o al menos contra la corriente de los últimos años. Y un hombre puede trabajar en la dirección en que lo hacemos nosotros, en lugar de hacerlo en una dirección contraria existente, aun con la maquinaria existente y quizás contraria. Aunque sigamos siendo industriales, podemos bregar por una distribución industrial y contra el monopolio industrial. Aunque vivamos en casas urbanas, podemos ser propietarios de casas urbanas. Aun cuando seamos una nación de tenderos, podemos tratar de ser dueños de nuestras tiendas. Aunque seamos el taller del mundo, podemos intentar ser dueños de nuestras herramientas. Si nuestra ciudad está cubierta de anuncios, puede cubrirse de anuncios diferentes. Si lo que distingue nuestra sociedad es una marca registrada, no hay necesidad de que sea la misma marca registrada. En resumen, hay una política perfectamente defendible y practicable para resistirse al monopolio mercantil hasta dentro de un Estado mercantil. Y afirmamos que muchísima gente debería apoyarnos en eso; gente que

Una estrella...



Una estrella es un punto infinito en tu interior que alumbra si abres la ventana y oscurece si cierras el corazón. MNB

Los límites de la cordura - G.K. Chesterton (12)





No tenemos obligación de ser más ricos, ni de trabajar más, ni de ser más eficientes, o más productivos, o más progresistas, ni en modo alguno más pegados a las cosas del mundo o más poderosos, si ello no nos hace más felices.


Los límites de la cordura - G.K. Chesterton (12)
III
ALGUNOS ASPECTOS DE LA MAQUINA

1. La rueda del destino.

El mal que nos esforzamos en destruir se esconde por los rincones, especialmente en forma de frases equívocas en cuyo engaño pueden caer fácilmente hasta las personas inteligentes. Una frase que podemos oír a cualquiera en cualquier momento es aquella de que tal institución moderna «ha llegado a quedar». Estas metáforas a medias son las que llevan a convertirnos a todos en imbéciles. ¿Cuál es el significado preciso de la afirmación de que la máquina de vapor o el aparato de radiocomunicación han llegado a quedar? ¿Qué se quiere decir cuando se afirma que la torre Eiffel ha llegado a quedar? Para empezar, es evidente que no queremos decir lo que decimos cuando usamos las palabras con naturalidad, como en la expresión «el tío Humphrey ha llegado para quedarse». Esa última oración puede pronunciarse en tono alegre, o de resignación, o hasta de desesperación, pero no de desesperación en el sentido de que el tío Humphrey sea en realidad un monumento que nunca podrá ser movido de su sitio. El tío Humphrey llegó, y es probable que se vaya dentro de un tiempo; incluso es posible (por doloroso que pueda ser imaginar tales relaciones domésticas) que el último recurso sea hacer que se vaya. El hecho de que la metáfora se quiebre, aparte de la realidad que se supone que representa, muestra con cuánta vaguedad se usan estas palabras engañosas. Pero cuando decimos: «La torre Eiffel ha llegado a quedar» somos todavía más inexactos. Porque, para empezar, la torre Eiffel no ha llegado en absoluto. En ningún momento se vio a la torre Eiffel caminando a grandes zancadas, con sus largas patas de hierro, en dirección a París a través de las llanuras de Francia, como aquel gigante de la célebre pesadilla de Rabelais que cayó sobre París para llevarse las campanas de Notre Dame. La silueta del tío Humphrey que se ve venir por el camino posiblemente produzca tanto terror como cualquier torre andante o cualquier descomunal gigante, y probablemente la pregunta que asaltará a todos será si vendrá a quedarse. Pero haya llegado o no para quedarse, lo cierto es que ha llegado.

Cielo plomizo

 Cielo cubierto y plomizo, calor que el pecho devora, poniente que se incorpora con un húmedo hechizo. La piel, sin hallar permiso, guard...

– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)

La Corona de Uganda

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